| Neurología | |
| Lunes, 16 de Agosto de 2010 08:24 | |
| Unos científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis han descubierto que las regiones del cerebro humano que más crecen durante la infancia coinciden casi completamente con las regiones cerebrales en las que el cerebro humano más difiere del de los monos.
Foto: WUSTL Los científicos realizaron el estudio para ayudar a evaluar los efectos a largo plazo que tiene un nacimiento prematuro sobre el desarrollo del cerebro. Entre estos efectos se pueden incluir mayores riesgos de padecer trastornos del aprendizaje, déficits de atención, problemas de la conducta y deterioros cognitivos. | |
Introducción
Este blog es una herramienta orientada para todo tipo de profesionales de la educación, la psicología y la salud que trabajen con trastornos cognitivos de base orgánica y pretende convertirse en de base orgánica en una herramienta de consulta permanente.
miércoles, 18 de agosto de 2010
LAS REGIONES MAS "HUMANAS" DE NUESTROS CEREBROS SON LAS QUE CRECEN MAS EN LA INFANCIA
lunes, 21 de diciembre de 2009
El cerebro adolescente (entrevista a Sarah-Jayne Blakemore)
Nuestro cerebro sufre numerosos cambios, desde antes de que nazcamos, durante un desarrollo embrionario resguardado en el útero materno, hasta la vejez, mucho tiempo después de haber abandonado su seguridad. Sin embargo no cambia de forma constante. Al principio los cambios son muchos y fundamentales -en la niñez y hasta el final de la adolescencia- y después pasan a ser los justos y necesarios para que seamos capaces de mantener sanas nuestras funciones cognitivas y tener una mínima capacidad de adquisición de nuevas destrezas motoras y memorias para lidiar en un plano de declinante igualdad con un medio ambiente ecológico y social en permanente cambio.Quizás el momento cumbre del desarrollo cerebral se de en la adolescencia. Esta etapa vital problemática, llena de grandes riesgos y oportunidades, el cerebro realiza su último gran desarrollo: el del lóbulo frontal. Durante el doloroso parto que constituye este proceso el niño que juega se convierte en adulto responsable, rompe la crisálida y echa a volar.
El proceso es ligeramente distinto en cada uno de nosotros, pero tienen todos y cada uno de esos procesos separados los suficientes elementos en común para que podamos considerarlos un mismo y único proceso biológico, de carácter universal.
Sarah-Jayne Blakemore, del University College de Londres, estudia el desarrollo del cerebro humano, poniendo especial atención al que acaece en el período de la adolescencia. Con test psicológicos y técnicas de neuroimagen observa circunspectamente como el cerebro pasa de una estructura y función infantiles a otras adultas, cruzando el terreno minado emocionalmente de la transfiguración adolescente.
Ha escrito un libro junto con su colega Uta Frith sobre Cómo Aprende el Cerebro. Como lector entusiasta del mismo debo recomendarlo encarecidamente, en particular a aquellos que se dediquen profesionalmente a la educación.
En español:1 .- ¿Cómo se desarrolla el cerebro a través del ciclo vital? ¿Cuáles son los hitos del desarrollo del cerebro?
Se ha conocido mucho sobre el desarrollo temprano del cerebro a partir de los experimentos realizados con animales en las décadas de 1950 y 1960. Un proceso de desarrollo importante afecta al “cableado” de las células cerebrales (neuronas) – la intrincada red de conexiones (sinapsis) entre las neuronas. Al principio del desarrollo, el cerebro comienza a formar nuevas sinapsis, de modo que la densidad sináptica – el número de sinapsis por unidad de volumen de tejido cerebral – excede con mucho los niveles de los adultos. Este proceso de proliferación sináptica, la ’sinaptogénesis’, dura hasta varios meses, dependiendo de la especie animal.
El aumento en el número de sinapsis es seguido por un período de eliminación sináptica (o poda) en el que el exceso de conexiones se marchitan. Este proceso está preprogramado en gran medida – sucederá en todos los ambientes. Sin embargo, el medio también pueden influir en la poda sináptica, reforzando aquellas conexiones utilizadas con frecuencia y eliminando las conexiones raramente utilizadas.
Esta investigación sugiere que el desarrollo del cerebro es particularmente sensible a la influencia ambiental muy al principio de la vida. No fue hasta la década de 1970 que la investigación en cerebros humanos post-mortem reveló que algunas áreas del cerebro humano, en particular, la corteza frontal, siguen desarrollándose más allá de la infancia. La corteza frontal es el área responsable de las habilidades cognitivas tales como la capacidad de hacer planes, recordar hacer cosas en el futuro, tareas múltiples e inhibición de comportamientos inadecuados (funciones ejecutivas). La corteza frontal también juega un papel importante en la auto-conciencia y la comprensión de otras personas. Peter Huttenlocher, en la Universidad de Chicago, recopiló cerebros humanos post mortem de todas las edades, descubriendo que la corteza frontal de los cerebros de los niños pre-púberes era notablemente diferente de la de los adolescentes post-púberes. Mientras en las áreas sensoriales del cerebro, como la corteza visual, la sinaptogénesis y la poda sináptica ocurren relativamente temprano y la densidad sináptica llega a niveles adultos a mediados de la niñez, la reorganización sináptica en la corteza frontal continúa mucho después, hasta bien entrada la adolescencia. Huttenlocher encontró que el número de sinapsis en el lóbulo frontal es alta alrededor de la pubertad, después de la cual se reduce su número (debido a la poda sináptica), a lo largo de la adolescencia.
Otro proceso del desarrollo que se da durante varias décadas en la corteza frontal es la mielinización. Mientras las neuronas se desarrollan, crean una capa de mielina en sus axones (sus largas fibras de transmisión de señales desde cada célula del cerebro). La mielina es una sustancia grasa que aísla a los axones y aumenta enormemente la velocidad de transmisión de los impulsos eléctricos entre neuronas. Mientras que las regiones sensoriales y motoras del cerebro son plenamente mielinizadas en los primeros años de vida, los axones de algunas regiones corticales, especialmente en los lóbulos frontal y parietal, continúan siendo mielinizados en el cerebro humano hasta bien entrada la adolescencia.
Recientes estudios de resonancia magnética han confirmado estos primeros estudios celulares, demostrando que algunas regiones del cerebro humano continuará desarrollando durante varios decenios (véase más abajo).
2.-Como observadora del desarrollo cerebral y psicológico, ¿dónde cree que el cerebro es más plástico –y el comportamiento moldeable-, y donde menos?
Hasta hace relativamente poco, estaba muy extendida la creencia de que el cerebro adulto no es capaz de cambiar. Solía haber una fuerte presunción de que después de los primeros años de vida el cerebro está equipado con todas las células que tendrá jamás, y que la edad adulta representa una espiral descendente de pérdida de células cerebrales y deterioro en el aprendizaje, la memoria y el rendimiento general. Pe
ro la investigación está empezando a mostrar que esta visión del cerebro es demasiado pesimista: el cerebro adulto es flexible, puede crear nuevas células y hacer nuevas conexiones, por lo menos en algunas regiones. Aunque la capacidad de asentar nueva información se vuelve menos eficiente con la edad, no hay un límite de edad para el aprendizaje.
Se discuten estos temas en de
talle en nuestro libro Cómo Aprende el Cerebro (Blakemore y Frith, Blackwell, 2005).
3 .- ¿Por qué la adolescencia es un periodo tan conflictivo?
La adolescencia es una época de cambio mental profundo, que afectan a la educación, a la adaptación social y el carácter, así como a la disposición a varias formas de enfermedad mental. Hasta hace poco había sorprendentemente pocas evidencias científicas sobre el desarrollo cognitivo y neural durante este importante
período de la vida humana.
Las investigaciones recientes sobre el cerebro humano han revelado que la corteza prefrontal continúa desarrollándose hasta mucho después de la infancia. Esta región del cerebro es responsable de las funciones “ejecutivas”, tales como la capacidad para inhibir la conducta inapropiada y atender dos cosas a la vez, así como la comprensión social y la consciencia de sí mismo.
En mi investigación, utilizamos pruebas informatizadas pruebas para estudiar el desarrollo durante la adolescencia de las habilidades cog
nitivas sociales, tales como auto-consciencia y la comprensión de las otras personas. Esta investigación ha demostrado la mejora y los cambios en estos procesos cognitivos sociales durante la adolescencia.
Además, utilizamos técnicas de imagen cerebral (resonancia magnética funcional, o fMRI) para rastrear los cambios en la función cerebral durante los años de adolescencia. La fMRI se puede utilizar para ver el cerebro humano vivo en acción. Cuando las células del cerebro están activas, provocan un aumento local del flujo sanguíneo, que puede ser detectado por el escáner de resonancia magnética. Esta técnica notable nos permite mirar dentro del cerebro humano y descubrir cómo procesa la información. Mi investigación examina cómo el cerebro nos permite comprender las intenciones y emociones de otras personas y cómo la actividad cerebral que subyacen a estas capacidades cognitivas sociales se desarrolla. Una serie de estudios han demostrado cambios en la actividad de las regiones del cerebro implicadas en la comprensión de otras personas entre la adolescencia y la madurez.
El hallazgo de que la comprensión emocional y social, y la actividad cerebral durante el procesamiento social-emocional, están aún en desarrollo durante la adolescencia tiene implicaciones potenciales para la política social y la educación. El contexto altamente social y emocionalmente-cargado en potencia, del ambiente de un aula o de un colegio puede interferir con los recursos cognitivos que podrían dedicarse al aprendizaje académico. Los adolescentes también deben tener la oportunidad de aprender sobre su propio desarrollo cerebral en el colegio, ya que esto puede ser útil e interesante para ellos.
El hallazgo de que la toma de decisiones, y el desarrollo socio-emocional y cerebral continúan en la adolescencia tiene consecuencias para la comprensión de los trastornos psiquiátricos, muchos de los cuales tienen su edad media de aparición durante la adolescencia (por ejemplo, trastornos anímicos, la esquizofrenia, las adicciones). Entender el desarrollo del cerebro de los adolescentes puede tener consecuencias de gran alcance para la identificación precoz y el tratamiento preventivo de los grupos de riesgo entre niños y adolescentes.
4.-¿Cuáles son las perspectivas y los peligros de las ciencias del cerebro para la educación?
El conocimiento de cómo aprende el cerebro podría, y lo hará, tener un gran impacto en la educación. La comprensión de los mecanismos cerebrales que subyacen al aprendizaje y la memoria, y los efectos de la genética, el medio, la emoción y la edad en el aprendizaje podrían transformar las estrategias de educación y permitirnos diseñar programas que optimicen el aprendizaje de las personas en todas las edades y de acuerdo con todas las necesidades. Sólo mediante la comprensión de cómo el cerebro adquiere y establece la información y las destrezas seremos capaces de llegar a los límites de su capacidad de aprendizaje. La neurociencia puede ahora ofrecer una cierta comprensión de cómo el cerebro aprende nueva información y procesa la misma durante toda la vida (véase Blakemore y Frith, 2005).
La comprensión de las bases cerebrales del funcionamiento y el desarrollo social es crucial para el fomento de la competencia social dentro y fuera de las aulas. El funcionamiento social desempeña un papel en dar forma al aprendizaje y el rendimiento académico (y viceversa), y así comprender la base neural de la conducta social puede contribuir a comprender los orígenes y el proceso del éxito y fracaso en la escolarización. Esto también puede facilitar la comprensión de cómo los niños con necesidades socio-emocionales adicionales pueden ser incluidos en las escuelas ordinarias y el modo de reducir la exclusión.
lunes, 5 de octubre de 2009
Los limites son indispensables
Recuperar la autoridad es el mayor desafío que enfrentan hoy los padres de los adolescentes.
Vivimos un tiempo cada vez más difícil en lo que concierne a la dificultad con que tropiezan los padres de familia para ponerles a sus hijos adolescentes determinados límites en el plano de la conducta, con el fin natural de protegerlos y de velar por su seguridad y bienestar. Existe hoy entre los padres la fundada sensación de que sus hijos afrontan cotidianamente toda clase de riesgos, sobre todo en sus salidas nocturnas. Sienten que la noche los expone a los estragos de la droga o del alcohol, a los accidentes automovilísticos, a los secuestros, a los robos y, en suma, a los múltiples e imprevisibles desbordes de violencia o de perversión que los acechan tanto en los lugares de diversión más concurridos como en la patética y ocasional soledad de alguna calle transitada por malvivientes o violadores.
Los encuestadores que han investigado el tema coinciden en señalar que, en muchos casos, los padres de familia enfrentan no sólo esos miedos y esas amenazas externas, sino también sus propios fantasmas o miedos interiores, que les impiden ejercer la autoridad necesaria ante sus hijos.
“Cuando un padre o una madre discute con sus hijos, siempre le resulta más fácil decir que sí y le es mucho más difícil decir que no”, aseguró una conocida psicóloga y encuestadora social, cuya opinión apareció registrada en un extenso informe periodístico publicado recientemente. Y agregó: “Para los padres de familia, decirle que sí a un adolescente es siempre más fácil y más tentador, pues ahorra tiempo en discusiones y justificaciones desgastantes”. No obstante, los padres consultados reconocen, en su mayoría, que han tomado conciencia, a la larga, de que deben aprender a decir que no, en determinados casos, en el diálogo con los hijos adolescentes aun cuando ello les demande un gran esfuerzo moral.
Los padres admiten que el peor enemigo que deben afrontar y derrotar es ese fantasma interior que los lleva a decir que sí cuando discuten con sus hijos. En las distintas encuestas, extendidas principalmente a familias de clase media de la Capital Federal, se señala que sólo el 4% de los padres de chicos de entre 13 y 18 años se siente con la autoridad necesaria para prohibir la salida nocturna de sus hijos en los casos en que resulta evidente que esa salida implica un riesgo inocultable. Sin embargo, los informes consignan que nueve de cada diez padres de familia se sienten al mismo tiempo llenos de miedo y experimentan una honda mortificación y una fuerte sensación de inseguridad cuando sus hijos adolescentes salen por la noche.
Las investigaciones revelan, por otro lado, que entre los chicos entrevistados constituyen una minoría los que admiten sentirse inseguros cuando salen. La mayoría afirma que no pasa nada.
El avance del consumo de drogas, la tendencia creciente de los sectores juveniles al consumo indiscriminado de alcohol o el imperio de la violencia en sus múltiples formas y variantes revelan que hay razones sobradas para seguir de cerca y con preocupación los pasos que cotidianamente dan los jóvenes y los adolescentes cuando salen diariamente de sus hogares a buscar esparcimiento o diversión.
Nadie puede ignorar, entonces, que los padres de familia tienen hoy la obligación moral de esforzarse para recuperar la autoridad que habrá de llevarlos a ponerles límites a sus hijos en la medida en que un elemental ejercicio de racionalidad indique que puedan estar expuestos a riesgos ciertos o inocultables. Para eso es fundamental que se restablezca en todos los casos un diálogo pleno y constructivo entre padres e hijos, fruto no sólo del afecto natural sino también de una compartida aptitud por analizar la realidad, en cada caso, con madurez y realismo. No deben existir “miedos” ni “fantasmas interiores” a la hora en que los padres se sientan a dialogar con sus hijos y a decidir sobre cuestiones que habrán de condicionar sus destinos personales o sus modos de vida. Ni puede haber razón alguna para que los padres renuncien a ese deber natural que los obliga a determinar
y fijar los límites que sus hijos deben respetar en sus actividades cotidianas para defender su propia seguridad moral y física, y para proyectar y construir sus propias vidas en armónica y equilibrada relación con los valores que ellos mismos tienen el compromiso de preservar.
Que los padres asuman el compromiso, y la autoridad, de poner límites racionales y firmes a las conductas de sus hijos. Que los hijos acepten esa realidad natural concebida para darles seguridad y bienestar, y para asegurarles el mejor futuro posible. Y que la sociedad entera comprenda que ese entendimiento entre padres e hijos es parte fundamental de una cultura que emana de su propia naturaleza y que tiende a garantizar la continuidad de los vínculos reales y el crecimiento hacia una vida mejor.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Nueva clave cerebral del déficit de atención
Científicos descubrieron la primera "evidencia definitiva" de que las personas que sufren el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), tienen una composición química cerebral diferente.
Se encontraron nuevas diferencias en zonas del cerebro relacionadas a la recompensa.
Los científicos del Laboratorio Nacional Brookhaven del Departamento de Energía de Estados Unidos encontraron que las personas con TDAH tienen niveles más bajos que lo normal de proteínas esenciales para poder experimentar la sensación de recompensa y motivación.
El hallazgo, afirman los científicos en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA), podría ayudar en el diseño de nuevas formas para combatir la enfermedad que afecta principalmente a niños y jóvenes.
El TDAH es una enfermedad caracterizada por una reducida capacidad para mantener la atención, poca habilidad para procesar la información debido a la distracción moderada a severa, inquietud motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas.
A pesar de ser uno de los trastornos psiquiátricos infantiles más estudiados, todavía se conoce muy poco sobre sus causas pero se cree que podría deberse a un desequilibrio en los neurotransmisores (los compuestos encargados de transmitir señales nerviosas en el cerebro).
Recompensa y motivación
Estudios previos en los cerebros de personas con TDAH habían revelado diferencias en zonas del cerebro que controlan la atención y la hiperactividad.
Pero este estudio sugiere que el trastorno también tiene un profundo impacto en otras áreas del cerebro.
Este déficit en el sistema de recompensa del cerebro podría ayudarnos a explicar los síntomas clínicos del TDAH. Incluidos la falta de atención y la reducida motivación, así como la propensión a complicaciones como abuso de drogas y obesidad en los pacientes con TDAH
Dra. Nora Volkow
"Este déficit en el sistema de recompensa del cerebro podría ayudarnos a explicar los síntomas clínicos del TDAH" afirma la doctora Nora Volkow, quien dirigió la investigación.
"Incluidos la falta de atención y la reducida motivación, así como la propensión a complicaciones como abuso de drogas y obesidad en los pacientes con TDAH".
Los científicos compararon los escáneres cerebrales de 53 adultos con TDAH que nunca habían recibido tratamiento con los de 44 personas que no tenían el trastorno.
Todos los participantes habían sido cuidadosamente analizados para eliminar factores que podían potencialmente influir en los resultados.
Los científicos utilizaron una forma sofisticada de escáner, llamado tomografía por emisión de positrones (TEP), con el cual pudieron analizar la forma como los cerebros de los participantes manejaban la dopamina, un compuesto químico cerebral que es un regulador muy importante del estado de ánimo.
Vías de dopamina
En particular midieron los niveles de dos proteínas -receptores y transmisores de dopamina- sin los cuales ésta no puede funcionar efectivamente para influir en el ánimo.
los pacientes con TDAH mostraron niveles menores de ambas proteínas en dos áreas del cerebro conocidas como el núcelo accumbens y el mesencéfalo.
El uso de fármacos para tratar a los niños con TDAH es muy controvertido.
Ambas forman parte del sistema límbico, el responsable de las emociones y de sensaciones como la motivación y la recompensa.
Los pacientes con síntomas más pronunciados de TDAH mostraron los niveles más bajos de ambas proteínas en estas áreas.
Según la doctora Volkow el hallazgo apoya el uso de medicinas estimulantes para tratar el TDAH para elevar los niveles de dopamina.
Y también apoyan la teoría de que las personas con TDAH pueden ser más propensas al abuso de drogas y a la obesidad porque inconscientemente están intentando compensar sus deficientes sistemas de recompensa.
"Nuestro hallazgo implica que los déficits en las vías de recompensa de la dopamina juegan un papel en los síntomas de falta de atención en el TDAH" dice la investigadora.
"Y esto podría ser lo que subyace a la respuesta anormal de estos pacientes a la recompensa".
Tal como explica la científica, estas vías de la dopamina juegan un papel clave en el refuerzo, motivación y aprendizaje de formas para asociar los distintos estímulos a las recompensas.
Otros expertos creen que estos hallazgos ayudarán a convencer a la gente que argumenta que el TDAH tiene más que ver con problemas de crianza y de educación que con trastornos médicos concretos.
"El hallazgo de esta nueva investigación será muy importante para ayudarnos a entender la presentación de síntomas" afirma Andrea Bilbow, de la organización ADDISS.
"Pero más importante aún es el hecho de que puede ofrecer a los maestros una idea más clara de las herramientas que deben usarse para dar cabida en el salón de clases a los niños con TDAH".
"Durante mucho tiempo se ha asumido que los niños con TDAH son deliberadamente malintencionados, lo cual ha provocado una mala gestión de estas personas y eventualmente su exclusión permanente de la escuela", agrega la experta.
lunes, 17 de agosto de 2009
Clave de la agresión
El estrés y la agresión se refuerzan recíprocamente, según han comprobado científicos europeos experimentando con ratas, unos animales cuya neuropsicología es muy similar a la de los humanos. Su investigación aparece publicada en la edición de octubre de la revista Behavioral Neuroscience.
Usando 53 ratas del sexo masculino, los neurólogos comprobaron que un aumento del estrés genera violencia y que la violencia se puede desencadenar sin unas circunstancias que la provoquen, únicamente mediante estimulación cerebral, lo que señala que la clave para detener el ciclo de la violencia se encuentra en el sistema nervioso.
Los neurocientíficos se han aproximado con este experimento a la descripción de los mecanismos de funcionamiento del ciclo natural de la violencia. Hasta ahora se sabía que las hormonas del estrés, que movilizan reservas de energía, preparan la fisiología para el ocultamiento o la huída. Lo que añade el estudio europeo a estas evidencias es que las mismas hormonas del estrés estimulan al cerebro para facilitar el combate.
Los resultados de esta investigación se consideran especialmente significativos para ayudar a los psicólogos a buscar fórmulas capaces de romper este circuito natural de la violencia, origen de numerosas tensiones sociales y familiares, así como para tratar la violencia patológica.
Dos fases
Durante la investigación, los científicos estimularon eléctricamente una parte del cerebro de las ratas asociada con la emoción. Esta estimulación desencadenó la segregación de la hormona de la tensión, algo que sólo ocurre cuando una rata se siente amenazada por otra.
En una segunda fase del experimento, los científicos extirparon las glándulas suprarrenales de las ratas para impedir que segregaran la hormona de la tensión. Entonces, inyectaron esta hormona a las ratas y se produjo la misma reacción violenta, sin que se hubiera producido ninguna circunstancia que reclamara agresión alguna.
De esta forma, comprobaron que la estimulación eléctrica del cerebro produjo hormonas de la tensión que derivaron en violencia, así como que un incremento de los niveles de hormonas de la tensión en la sangre, desencadena asimismo la agresión.
Este descubrimiento explica por qué el comportamiento agresivo se extiende con facilidad y es difícil de contener una vez desencadenado, ya que la hormona de la tensión, una vez llegada a la sangre, queda fuera de control del sujeto.
Eso puede explicar también por qué un mal día en la oficina, que ha desencadenado la hormona de la tensión en una persona, culmina con una explosión de violencia en casa, que terminan pagando la esposa o los hijos de la persona estresada. Asimismo, la investigación explica finalmente por qué una persona que habitualmente es tranquila, al sufrir determinadas presiones se vuelve violenta y agresiva.
Sin embargo, los mismos autores reconocen que queda mucho camino por recorrer para llegar a la comprensión profunda de la psicología de violencia. Diversas teorías, que parten de diferentes enfoques, intentan explicar la violencia.
La primera considera que la agresión forma parte de los comportamientos instintivos (teoría psicoanalítica). La segunda estima que es provocada por la adaptación social (teoría del aprendizaje). La tercera explica la agresividad como una respuesta a la frustración (teoría humanista).
Ninguna de estas teorías puede anticipar qué individuo será violento ni en qué circunstancias una persona pueda manifestar agresividad. Sin embargo, una nueva corriente, llamada neurológica, investiga la relación de los comportamientos violentos con la biología del cerebro.
Violencia y cerebro
Esta corriente atribuye la violencia a una perturbación del sistema límbico, asociado a las emociones, y el experimento de las ratas realizado por científicos europeos refuerza esta línea de investigación.
El psiquiatra norteamericano Frank Elliot es el más claro defensor de esta teoría y piensa que la violencia se desencadena por una descarga eléctrica incontrolada que se produce sobre el lóbulo temporal. Esta descarga puede producirse por un traumatismo o por desórdenes metabólicos.
Sin embargo, se ha comprobado también que un animal violento se calma con electrodos aplicados en los centros cerebrales del placer. Inversamente, una estimulación de los centros de violencia del cerebro, termina con la sensación placentera del cerebro y genera violencia.
En cualquier caso, la relación entre violencia y biología sigue siendo controvertida, si bien se implanta progresivamente en el seno de la comunidad científica. La violencia es un fenómeno demasiado complejo para ser reducido a una única disciplina científica.
viernes, 14 de agosto de 2009
Los riesgos de depresión en adolescentes podrían depender de su ciclo del sueño

Los patrones de sueño podrían ayudar a predecir los riesgos que tienen los jóvenes de desarrollar depresión, según un estudio publicado en Neuropsychopharmacology.
La relación que existe entre el sueño y la depresión en los adultos es ya conocido entre los científicos: los que padecen esta patología experimentan el sueño REM más rápido que las personas que no tienen depresión. Uma Rao, profesora de psiquiatría de la UT Southwestern (Estados Unidos), dirigió este estudio enfocándolo en los más jóvenes, donde participaron 96 adolescentes sin evidencia de depresión u otros trastornos psiquiatricos. Los investigadores monitorizaron los ciclos del sueño de este grupo durante tres días, además de recoger muestras de saliva y orina para comprobar los niveles de cortisol. El seguimiento se alargó durante cinco años para comprobar la evolución de la depresión entre los participantes.
Los adolescentes que tenían antecedentes familiares con depresión experimentaron el sueño REM más rápidamente. Las probabilidades de haber desarrollado depresión a lo largo del seguimiento era mucho mayor en este grupo que en aquellos que llegaron más tarde a esta fase del ciclo del sueño. También eran más propensos los que presentaban altos niveles de cortisol. Otros estudios realizados en adultos mostraban que el incremento de estos niveles de hormonas estaban relacionados con la depresión, y que las altas tasas de cortisol podría ayudar a determinar quiénes tienen riesgo de recaer en una dolencia de este tipo.
La depresión en adolescentes es de prevención y tratamientos complejos, en parte porque los niveles de referencia del sueño y otros factores usados en el diagnóstico no están claramente definidos. "Comparar a estos jóvenes adolescentes con aquellos que ya presentan una depresión oscurece los resultados del estudio y puede afectar a nuestro entendimiento de los mecanismos subyacentes de la depresión así como de su tratamiento", explicó Rao.
