Introducción

Este blog es una herramienta orientada para todo tipo de profesionales de la educación, la psicología y la salud que trabajen con trastornos cognitivos de base orgánica y pretende convertirse en de base orgánica en una herramienta de consulta permanente.

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domingo, 17 de julio de 2011

Internet está cambiando nuestra memoria

Ilustración de un cerebro humano
La "memoria transitiva" explicaría por qué decidimos -en ocasiones- cederle la tarea de recordar a las máquinas.
Las computadoras e internet están cambiando la naturaleza de la memoria humana, de acuerdo con un estudio publicado en la revista Science.
En los experimentos que realizaron, cuando le hacían preguntas difíciles a los participantes estos empezaban a pensar en ordenadores.
Cuando los participantes sabían que podrían ir más tarde a buscar un dato en una computadora, su memoria de las respuestas concretas era pobre pero tenían un mejor recuerdo de dónde encontrarlas.
Los investigadores consideran que internet funciona como una "memoria transitiva", de la que dependemos y que recuerda por nosotros.
La autora principal del trabajo, Betsy Sparrow, de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, dijo que la memoria transitiva representa "una idea de que hay fuentes externas de memoria; verdaderos espacios de almacenamiento que existe en otros".
"Hay personas expertas en ciertas cosas y dejamos que lo sean, los hacemos responsables de cierto tipo de información", le explicó a la BBC.
Su coautor, Daniel Wegner, quien ahora está en la Universidad de Harvard, había hablado de la noción de memoria transitiva en un texto llamado "Interdependencia Cognitiva en Relaciones Cercanas", en el que consideraba que en relaciones largas cada miembro de la pareja confía en el otro para que funcione como su banco de recuerdos.
"Realmente creo que internet se ha vuelto una variante de esta memoria transitiva, y es algo que quise verificar", dijo Sparrow.

"Dónde", no "qué"

La primera parte de la investigación consistió en evaluar si los sujetos eran impulsados a pensar en computadoras y en internet al hacerles preguntas difíciles.
Para eso, el equipo utilizó lo que se conoce como test de Stroop modificado.
"No creo que Google nos esté haciendo estúpidos; sólo estamos cambiando el modo en que recordamos las cosas... Si en estos días uno puede encontrar datos en línea aun cuando está caminando por la calle, entonces la habilidad que hay que tener, lo que hay que recordar, es dónde ir a buscar la información. Es igual que con la gente: lo que hay que recordar es a quién ir a preguntarle sobre (un tema específico)"
Betsy Sparrow, autora del estudio
El test de Stroop estándar mide cuánto tarda un participante en leer una palabra de un color si la palabra es el nombre de otro color; por ejemplo, la palabra "verde" impresa en azul.
Los tiempos de reacción se incrementan cuando en vez de pedirles que lean palabras de colores se les pide que lean palabras sobre temas sobre los que podrían ya estar pensando.
De este modo el equipo demostró que tras hacerle preguntas difíciles de verdadero o falso a los participantes los tiempos de reacción para vocablos relacionados con internet eran más largos.
Esto sugeriría que cuando los participantes no sabían la respuesta, ya estaban considerando la opción de buscarla en un ordenador.
En un experimento más revelador le dieron a los participantes una serie de datos. A la mitad le dijeron que los archiven en unas carpetas de computadora, mientras a la otra mitad se les dijo que los datos se borrarían.
Al pedirles que trataran de recordarlos, aquellos a los que les habían dicho que la información ya no estaría disponible respondieron notablemente mejor que los quienes la habían guardado.
Pero quienes esperaban que la información todavía estuviera disponible recordaban muy bien en qué carpetas habían puesto los datos.
"Esto sugiere que cuando sabemos que podemos encontrar algo en línea solemos mantenerlo ahí en términos de memoria, almacenado de forma externa", dijo Sparrow.
Según ella la tendencia de los participantes a recordar la ubicación de la información antes que la información misma no es un signo de que la gente está perdiendo la capacidad de recordar, sino que está organizando grandes cantidades de información de una forma más accesible.
"No creo que Google nos esté haciendo estúpidos; sólo estamos cambiando el modo en que recordamos las cosas... Si en estos días uno puede encontrar datos en línea aun cuando está caminando por la calle, entonces la habilidad que hay que tener, lo que hay que recordar, es dónde ir a buscar la información. Es igual que con la gente: lo que hay que recordar es a quién ir a preguntarle sobre (un tema específico)".

lunes, 6 de junio de 2011

El alcohol potencia los recuerdos asociados al placer que produce



Es cierto que el alcohol en grandes cantidades disminuye la habilidad del sujeto para retener recuerdos como dónde dejó aparcado el automóvil ayer o el nombre de la persona junto a la cual ha compartido la borrachera. Pero resulta que potencia, de manera subconsciente, otra clase de recuerdos, claramente nocivos.

Cuando una persona consume alcohol, cocaína u otras drogas, su subconsciente está aprendiendo a consumir una mayor cantidad de la sustancia. Pero el proceso de adicción no reside únicamente en eso. El sujeto se vuelve más receptivo a forjar recuerdos y hábitos subconscientes con respecto a alimentos, música, personas y situaciones sociales que acompañan al consumo del alcohol u otra sustancia adictiva.

En definitiva, beber alcohol impulsa a ciertas áreas de nuestro cerebro a un aprendizaje y una formación de recuerdos que sería mejor haber olvidado. Así lo indican los resultados de un estudio conducido por el neurobiólogo Hitoshi Morikawa, del Centro Waggoner para la Investigación del Alcohol y la Adicción, adscrito a la Universidad de Texas en Austin.

En un sentido importante, sostiene Morikawa, los alcohólicos no son adictos a la experiencia del placer o el alivio que sienten al beber alcohol. Son adictos a la constelación de señales ambientales, conductuales y fisiológicas que son reforzadas cuando el alcohol provoca la liberación de dopamina en el cerebro.

La gente suele pensar en la dopamina como un neurotransmisor de la felicidad, o del placer, pero Morikawa argumenta que es más preciso definirla como un neurotransmisor del aprendizaje, ya que refuerza aquellas sinapsis que están activas cuando se libera la dopamina.


Entre las cosas que aprendemos está que beber alcohol es gratificante. También aprendemos que ir al bar, charlar allí con los amigos, comer determinados alimentos y escuchar ciertas clases de música, es gratificante. Cuanto más a menudo hagamos estas y otras cosas gratificantes mientras bebemos alcohol, y cuanta más dopamina esto libere, más potenciadas estarán las sinapsis implicadas, y más desearemos volver a experimentar el conjunto de experiencias y asociaciones que orbitan alrededor del consumo de alcohol.

Morikawa alberga la esperanza de que, conociendo mejor las bases neurobiológicas de la adicción, será posible desarrollar fármacos antiadicción que puedan debilitar, en vez de fortalecer, las sinapsis más implicadas en una adicción.

lunes, 25 de abril de 2011

El cerebro inventa el tiempo


"La pregunta plantea una cuestión fundamental sobre la conciencia: ¿cuánto de lo que percibimos existe fuera de nosotros y cuánto es producto de nuestra mente? El tiempo es una dimensión como cualquier otra, fijada y definida hasta sus menores incrementos: milenios a microsegundos, siglos a oscilaciones de cuarzo", afirmó Burkhard Bilger, el autor.


Buena traducción de El Puerco Espin del artículo de Burkhard Bilger en la revista New Yorker:


Cuando David Eagleman tenía ocho años, cayó de un techo y siguió cayendo. O así le pareció (…) Desde entonces, Eagleman ha recopilado cientos de historias como la suya, y casi todas comparten la misma característica: en situaciones de vida o muerte, el tiempo parece aletargarse. Recuerda la sensación claramente, dice. Su cuerpo se precipita hacia adelante mientras el papel de alquitrán se quiebra bajo sus pies. Sus manos se estiran hacia el borde, pero está fuera de alcance. El piso de ladrillos flota allá arriba –unos clavos brillantes están desparramados encima–, mientras su cuerpo gira sin peso sobre el suelo. Es un momento de calma absoluta y espantosa agudeza mental. Pero lo que recuerda mejor es la idea que le llegó en medio de la caída: así se debe haber sentido Alicia cuando iba cayendo por el túnel del conejo.

Eagleman tiene ahora 39 años, y es profesor asistente de neurociencia en el Baylor College of Medicine, en Houston (…) Es un hombre obsesionado por el tiempo. Como director del laboratorio de Baylor, Eagleman ha pasado la última década rastreando los circuitos neuronales y psicológicos de los relojes biológicos del cerebro. Ha tenido la suerte de llegar a su campo de conocimiento al mismo tiempo que los escáners que usan resonancia y permiten a los científicos observar el trabajo del cerebro al pensar. Pero sus mejores resultados han llegado a menudo con alternativas creativas: videojuegos, ilusiones ópticas, desafíos físicos (…)

El cerebro es un cronómetro extraordinariamente capaz para muchos propósitos. Puede mantener la cuenta de segundos, minutos, días y semanas, enciende la alarma en la mañana, a la hora de dormir, en cumpleaños y aniversarios. La conciencia del tiempo es tan esencial para nuestra supervivencia que puede que sea el mejor calibrado de nuestros sentidos. En pruebas de laboratorio, la gente puede distinguir entre sonidos separados por tan poco como 5 milisegundos, y nuestro registro involuntario del tiempo es aún más rápido. Si uno camina por la jungla y un tigre ruge en medio de la maleza, el cerebro procesará el sonido instantáneamente comparando cuándo llegó a cada uno de los oídos y triangulando los 3 puntos. La diferencia puede ser tan pequeña como 9 millonésimas de segundo.

Sin embargo, “el tiempo cerebral”, como lo llama Eagleman, es intrínsecamente subjetivo. “Intente este ejercicio”, sugiere en un ensayo reciente. “Deje este libro y vaya a mirarse en el espejo. Ahora, mueva sus ojos de un lado a otro, de modo que se mire al ojo izquierdo, luego al derecho, luego al izquierdo de nuevo. Cuando sus ojos cambian de una posición a la otra, se toman su tiempo para moverse y aterrizar en la otra ubicación. Pero aquí está la cosa: uno nunca ve que los ojos se muevan”. No hay pruebas de ningún bache en la percepción –no hay tramos oscuros como pedazos de película en blanco–, y sin embargo mucho de lo que uno ve ha sido editado. El cerebro ha tomado la complicada escena de los ojos yendo y viniendo y la ha rearmado como una muy simple: los ojos miran derecho. ¿Adónde fueron los momentos perdidos?

La pregunta plantea una cuestión fundamental sobre la conciencia: ¿cuánto de lo que percibimos existe fuera de nosotros y cuánto es producto de nuestra mente? El tiempo es una dimensión como cualquier otra, fijada y definida hasta sus menores incrementos: milenios a microsegundos, siglos a oscilaciones de cuarzo.

Sin embargo, la información rara vez refleja nuestra realidad. Los movimientos rápidos de los ojos en el espejo, conocidos como movimientos sacádicos, no son lo único que es eliminado por la edición. El sacudirse de la cámara de nuestra visión cotidiana es emprolijado de igual modo, y nuestros recuerdos son, a menudo, revisados en forma radical. ¿Qué más nos estamos perdiendo? (…)

Hace unos años, Eagleman volvió a pensar en su caída del techo y decidió que planteaba una pregunta interesante para la investigación. ¿Por qué el tiempo se vuelve más lento cuando tememos por nuestras vidas? ¿Nuestro cerebro mete un cambio por unos pocos segundos y percibe el mundo a media velocidad o hay algún otro mecanismo en funcionamiento? (…)

Eagleman remonta su investigación a los psicofísicos de Alemania a fines del siglo XIX, pero su verdadero antepasado puede ser el fisiólogo norteamericano Hudson Hoagland. A principios de los ’30, Hoagland propuso uno de los primeros modelos de cómo el cerebro lleva la cuenta del tiempo, basado, en parte, en el comportamiento de su esposa cuando tuvo fiebre. Ella se quejaba de que él había estado lejos demasiado tiempo, recordó él luego, cuando sólo se había ido por poco. Así que le propuso realizar un experimento: ella contaría 60 segundos mientras él lo medía con su reloj. No es difícil imaginar la molestia de ella ante la sugerencia o la suficiencia de él después: cuando el minuto de ella terminó, el reloj de él había contado 37 segundos. Hoagland repitió el experimento una y otra vez, presumiblemente pese a las objeciones de su mujer en el delirio (su fiebre subió por encima de los 40ºC).

El resultado fue uno de los gráficos clásicos de la literatura sobre la percepción del tiempo: cuanto más alta su temperatura, descubrió Hoagland, más corta su estimación del tiempo. Como un motor de carreras, su reloj mental iba más rápido cuanto más caliente.

Los psicólogos pasaron las siguientes décadas tratando de identificar este mecanismo. Trabajaron con ratones, ratas, peces, tortugas, gatos y palomas; luego pasaron a monos, niños y adultos con el cerebro dañado. Los sometieron a shocks eléctricos, los ataron a cascos calientes, los sumergieron en baños de agua y los irritaron sus sus clicks insistentes, esperando acelerar o aletargar sus relojes internos.

Hoagland creía que esta conciencia del tiempo era un “proceso químico unitario” ligado al metabolismo. Pero estudios posteriores sugirieron una mezcolanza de sistemas, cada uno dedicado a una escala de tiempo diferente –el equivalente cerebral de un dial, un reloj de arena y un reloj atómico. “La Madre Naturaleza es un chapista, no un ingeniero”, dice Eagleman. “No inventa algo y lo tacha de la lista. Todo son capas sobre capas, unas encima de otras, y eso le da una fortaleza tremenda”. El mal de Parkinson puede dañar nuestra capacidad para registrar intervalos de unos pocos segundos, por ejemplo, pero deja intacto el conteo de lapsos menores a un segundo.

Cuántos relojes contenemos no está claro todavía. Los más recientes trabajos de la neurociencia dan la imagen del cerebro como un ático victoriano, lleno de objetivos extraños, etiquetados en forma vaga, que hacen tic tac en cada rincón. El reloj circadiano, que lleva el registro del ciclo del día y la noche, acecha en el núcleo supraquiasmático, en el hipotálamo.

El cerebelo, que gobierna los movimientos musculares, puede controlar el registro del tiempo del orden de segundos o minutos. Los ganglios basales y varias partes del córtex han sido nominados como contadores de tiempo, aunque hay algunos desacuerdos sobre los detalles.

El modelo estándar, propuesto por el fallecido psicólogo de Columbia, John Gibbon, en los '70, sostiene que el cerebro tiene neuronas “marcapasos” que liberan pulsos firmes de neurotransmisores. Más recientemente, en Duke, el neurocientífico Warren Meck ha sugerido que el conteo del tiempo es gobernado por grupos de neuronas que oscilan en diferentes frecuencias.

En U.C.L.A., Dean Buonomano cree que hay áreas en todo el cerebro que funcionan como relojes, sus tejidos haciendo tick tack con redes neuronales que cambian según patrones predecibles. “Imagine un rascacielos de noche”, me dijo. “Alguna gente del piso superior trabaja hasta medianoche, mientras que los del piso inferior se pueden ir a la cama temprano. Si uno estudia el patrón lo suficiente, puede indicar qué hora es sólo mirando qué luces están encendidas”.

El tiempo es no es como otros sentidos, dice Eagleman.

La vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído son relativamente fáciles de aislar en el cerebro. Tienen funciones discretas que rara vez se superponen: es difícil describir el gusto de un sonido, el color de un olor o el aroma de un sentimiento (a menos, por supuesto, que uno tenga sinestesia –otra de las obsesiones de Eagleman). Pero un sentido del tiempo está enhebrado en todo lo que percibimos. Está en el largo de una canción, en la persistencia de un aroma, el resplandor de un bulbo luminoso. “Siempre hay un impulso hacia la frenología en la neurociencia –hacia decir: ‘Aquí está el lugar donde ocurre’”, me dijo Eagleman. “Pero lo interesante acerca del tiempo es que no hay un lugar. Es una propiedad distribuida. Es una metasensorialidad: cabalga sobre todas las demás”.

El misterio real es cómo está todo coordinado. Cuando uno mira un partido de pelota o muerde un hot dog, los sentidos están en perfecta sincronía: miran y escuchan, tocan y gustan la misma cosa al mismo tiempo.

Sin embargo, operan en velocidades fundamentalmente diferentes, con diferentes aportes. El sonido viaja más lentamente que la luz, y los olores y gustos más lentamente todavía. Aún si las señales llegaran al cerebro al mismo tiempo, serían procesadas a diferente velocidad. La razón de que una carrera de 100 metros comience con un disparo de pistola en lugar de con una explosión de luz, señaló Eagleaman, es que el cuerpo reacciona mucho más rápidamente al sonido. Nuestros oídos y córtex auditivo pueden procesar una señal 40 milisegundos más rápido que nuestros ojos y córtex visual –más que compensando la velocidad de la luz. Es otro vestigio, quizás, de nuestros días en la jungla, cuando oíamos a un tigre mucho antes de verlo.

En el ensayo de Eagleman “Brain Time” (Tiempo cerebral), publicado en la antología de 2009 “What’s Next? Dispatches on the Future of Science” (“¿Qué viene? Despacho sobre el futuro de la Ciencia”, toma prestado un concepto de “Ciudades Invisibles” de Italo Calvino. El cerebro, escribe, es como Kublai Khan, el gran emperador mongol del siglo XIII. Se sienta en el trono del cráneo, “encerrado en silencio y oscuridad”, en un altivo refugio de la brutal realidad. Los mensajeros llegan en torrentes desde cada rincón del reino sensorial, trayendo noticias de vistas, sonidos y olores distantes. Sus informes llegan a diferentes ritmos, a menudo largamente desactualizados, y sin embargo los detalles son cosidos juntos en una cronología sin costuras a la vista. La diferencia es que Kublai Khan estaba recomponiendo el pasado. El cerebro está describiendo el presente –procesando resmas de datos inconexos al vuelo, editando todo en un ahora instantáneo. ¿Cómo lo logra? (…)

En un trabajo publicado en Science en 2000, por ejemplo, Eagleman señaló una ilusión óptica conocida como el efecto de flash-lag. La ilusión puede asumir muchas formas, pero en la versión de Eagleman consiste de un punto blanco que aparece en una pantalla mientras un círculo verde pasa por ella. Para determinar dónde el punto tocará el círculo, descubrió Eagleman, la mente de los sujetos tenía que viajar atrás y adelante en el tiempo. Veían resplandecer el punto, luego miraban el movimiento del círculo y calculaban su trayectoria, luego volvían y ubicaban el punto en el círculo. No era una cuestión de predecir, escribió, sino de post-decir.

Algo similar ocurre en el lenguaje todo el tiempo, me contó Dean Buonomano. Si alguien dice: “El ratón (mouse) sobre el escritorio está roto”, la mente de uno convoca una imagen diferente que si uno oye “el ratón (mouse) sobre el escritorio está comiendo queso”. El cerebro de uno registra la palabra “mouse”, espera por su contexto y sólo después regresa para visualizarla. Pero el lenguaje deja tiempo para pensarlo dos veces. El efecto flash-lag parece instantáneo. Es como si la palabra “mouse” (ratón) fuera cambiada por “track pad” antes, incluso, de haberla oído.

La explanación para esto es, a la vez, simple y profundamente extraña. Eagleman primero la describió cuando veníamos de Houston (…) “Imagine que hay un accidente en la autopista, más adelante”, comenzó. ”Uno de estos autos se estrella contra ese puente”. Si el choque ocurriera 100 yardas más allá, veríamos el auto dar contra el puente en silencio. Al sonido, como al retumbar de un trueno, le tomaría un momento llegar hasta nosotros. Cuando más cerca el impacto, más corta la demora, pero sólo hasta cierto punto: a 110 pies, la visión y el sonido se unirían súbitamente. Bajo ese umbral, explicó Eagleman, las señales llegan al cerebro a 100 milisegundos una de otra, y cualquier diferencia en su procesamiento es borrada. En los primeros días de la televisión, me apuntó Eagleman, las estaciones advirtieron un fenómeno similar. Los ingenieros se metieron en un montón de problemas para sincronizar sonido e imagen, pero pronto se volvió claro que ese perfeccionismo era inútil. En tanto el lapso de diferencia fuera inferior a cien milisegundos, nadie lo notaba.

El margen de error es sorprendentemente amplio. Si el cerebro puede distinguir sonidos tan poco distantes como cinco milisegundos, ¿por qué no advertimos una demora veinte veces más larga? Una posible respuesta comenzó a emerger a fines de los '50, en el trabajo de Benjamin Libet, un fisiólogo de la University of California, en San Francisco. Libet trabajaba con pacientes de un hospital local que habían sido internados para cirugía neurológica y a quienes se había perforado el cráneo para exponer su córtex.

En un experimento, usó un electrodo para someter a un shock el tejido cerebral con pulsos eléctricos. El córtex está conectado directamente con la piel y varias partes del cuerpo, de modo que los sujetos sentían un cosquilleo en el área correspondiente. Pero no enseguida: el shock no era registrado durante medio segundo –una eternidad en tiempo cerebral. “Las implicaciones son muy sorprendentes”, escribió luego Libet. "No somos conscientes del verdadero presente. Llegamos siempre un poco tarde”.

Los hallazgos de Libet han sido difíciles de replicar (hacer zapping en el cerebro expuesto de un paciente no se ve bien en estos días) y aún son materia de controversia. Pero para Eagleman tienen mucho sentido. Como Kublai Khan, dice, el cerebro necesita tiempo para acomodar la historia. Reúne toda la evidencia de nuestros sentidos y sólo entonces nos la revela. En cierto sentido, es una idea profundamente contraintuitiva. Toquen una brasa con los dedos o pínchense con una aguja y el dolor es inmediato. Lo sienten ahora –no en medio segundo. Pero percepción y realidad están a menudo un poco fuera de registro, como mostraba el experimento de movimientos sacádicos. Si todos nuestros sentidos están ligeramente demorados, no tenemos contexto según el cual medir una determinada demora. La realidad es la transmisión demorada de una grabación, cuidadosamente censurada antes de que nos llegue.

“Vivir en el pasado puede parecer una desventaja, pero es un costo que el cerebro está dispuesto a pagar”, dijo Eagleman. “Está tratando de componer la mejor historia posible acerca de lo que ocurre en el mundo, y eso toma tiempo”.

El tacto es el más lento de los sentidos, dado que la señal tiene que atravesar la columna desde tan lejos como el pulgar del pie. Esto podría significar que la demora general está en función del tamaño del cuerpo: los elefantes pueden vivir un poco más en el pasado que los colibríes, y los humanos están en algún punto del medio entre ambos. Cuanto más pequeño es uno, más vive en el momento presente (Eagleman sospecha que la velocidad de un llamado de celo de un animal –desde el piar de un herrerillo al canto de la ballena jorobada—es representativo de su sentido del tiempo). “Mencioné alguna vez esto en una entrevista con National Public Radio y fui inundado por e-mails de gente pequeña”, contó Eagleman. “Estaban tan complacidos. Por un día, fui el héroe de la gente pequeña” (…)

Una de las sedes de la emoción y la memoria en el cerebro es la amígdala, explicó. Cuando algo amenaza tu vida, esta área parece entrar en un super-funcionamiento, registrando hasta el último detalle de la experiencia. Cuanto más detallado el recuerdo, más largo parece el momento. “Esto explica por qué pensamos que el tiempo se acelera cuando nos hacemos más viejos”, indicó Eagleman —por qué los veranos de la niñez parecen no tener fin, mientras que la vejez pasa mientras estamos dormitando. Cuando más familiar se vuelve el mundo, menos información registra el cerebro, y más rápido parece pasar el tiempo (…)

“Recibí e-mails de paracaidistas y policías y conductores de autos veloces, gente que pasó por accidentes de motocicleta o de auto”. Una carta era de un ex curador de un museo que había tirado accidentalmente una vasija Ming. “Contó que a la cosa le tomó una puta eternidad caer de una vez”, contó Eagleman.

En los años por venir, planea estudiar las historias –unas doscientas hasta ahora–, regresando a sus autores con un cuestionario. Mientras tanto, es fácil encontrar hilos comunes –no sólo la sensación de que el tiempo se vuelve más lento, sino la extraña calma y el toque de irrealidad que recuerda de su propia caída en la infancia. En una historia, un hombre es arrojado de su motocicleta después de chocar contra un auto. Mientras se desliza por el camino, quizás hacia su muerte, oye cómo rebota su casco contra el asfalto. El sonido tiene un ritmo pegadizo, piensa, y se descubre componiendo una cancioncita en su cabeza (…)

lunes, 7 de febrero de 2011

Los 6 grandes asesinos de la memoria humana



La memoria es una maravilla de la biología humana. Sin ella, no existiría civilización. Sin embargo, como todo proceso fisiológico, el almacenamiento y la recuperación de la información es imperfecta. La memoria es vulnerable a ciertas fuerzas destructivas (o asesinos de la memoria). Y estas muchas veces las causas tú, como reporta Fox News.

Estas 6 cosas –que pueden ser externas e internas-, afectan cualquier área de la memoria: sensorial, a corto plazo o largo plazo.

Asesinos de la memoria

Fumar

Aunque la mayoría no es consciente del hecho, fumar cigarrillos es un asesino de la memoria. Varios estudios han indicado que los fumadores, sobre todo de mediana edad y ancianos, muestran una mayor disminución de la memoria y la capacidad cognoscitiva en general en comparación con los no fumadores.

Es difícil considerar otros factores de estilo de vida de un fumador que pueden interferir con la mente, como la falta de actividad física; sin embargo, la evidencia contra el tabaquismo es bastante convincente. La marihuana también es mala para la memoria, sobre todo si valoras tu memoria a corto plazo.

Es cierto que la nicotina sí mejora ciertas áreas de la memoria a corto plazo (pero solo temporalmente). A largo plazo, el cigarro causa deterioro mental.

Desnutrición

Al igual que cualquier motor bien afinado, tu cerebro necesita combustible, especialmente la glucosa. Si estás corto de combustible, disminuye el poder del cerebro. Sin embargo, para la mayoría, esto no es ninguna sorpresa, ya que todos hemos sentido esa sensación densa y brumosa cuando estamos cansados o con hambre excesiva.

Además de la desnutrición general, se produce un trastorno más grave en aquellos individuos cortos en tiamina (vitamina B1): El síndrome de Korsakoff. Causado con frecuencia por el alcoholismo crónico o la desnutrición, el síndrome de Korsakoff puede conducir a graves episodios de amnesia incluyendo confabulación (una situación donde los recuerdos inventados son considerados como verdaderos debido a las lagunas en la memoria por “los apagones”).

Herpes

El herpes es una de aquellas condiciones de salud o trastornos (como la enfermedad de Alzheimer, derrame cerebral o depresión) que pueden ser verdaderos asesinos de la memoria. Aunque la mayoría de los casos de herpes no te hará olvidar el nombre de tu compañero de trabajo o donde dejaste tus llaves, una forma más grave de la infección conocida como encefalitis del herpes simple puede causar la pérdida severa de la memoria, a veces como una señal de advertencia primero, seguido por una multitud de otros síntomas letales.

La encefalitis causada por el herpes es una inflamación del cerebro, y es una de las infecciones más graves del sistema nervioso central humano. Afortunadamente, estos casos son muy raros. Solo suceden cuando el virus del herpes encuentra su camino hacia el cerebro humano a través de los nervios de la cara.

Tomar en exceso

Si bien no es un secreto grande que una noche de alcohol causa la pérdida de memoria aguda ("perder el conocimiento", como se le conoce, o “borrar cassette”), el consumo excesivo de alcohol, en cambio, afecta la memoria de todos los días en los adultos jóvenes y puede incluso tener un efecto vez mayor en la edad adulta. Aunque es necesario un estudio más profundo para entender completamente los detalles, el mensaje sigue siendo muy claro: Si bebes, que no sea en exceso.

Hipnosis

Las cosas que se hacen bajo hipnosis tienden a ser olvidadas. Es realmente tan simple como eso. Este fenómeno se conoce como amnesia post-hipnótica y se dice que sólo se produce en individuos que están pre-condicionados con la idea de que se olvidará todos los eventos que ocurrirán durante la hipnosis. El efecto, sin embargo, es sólo temporal, y la mayoría de eventos se pueden recuperar una vez que se da una señal específica.

Por el contrario, la hipnosis a veces se puede utilizar para recuperar los recuerdos reprimidos u olvidados en personas que están en necesidad de exponerlos. Algún día, pronto, podría existir la tecnología necesaria para recuperar recuerdos sin la necesidad de la hipnosis.

Eventos estresantes

Todo el fundamento del psicoanálisis se basa en la idea de que cuando algo terrible sucede, la mente arrincona estos recuerdos en huecos inaccesibles. Si bien no se puede negar que los eventos estresantes conducen a la represión de la memoria, la idea de que una memoria reprimida es auténtica tiene enormes implicaciones, en particular las de carácter legal. De hecho, la represión de la memoria está tan disputada que la Asociación Americana de Psicología sostiene que no es posible distinguir un recuerdo reprimido de una memoria falsa sin ningún tipo de evidencia que lo corrobore.

martes, 28 de diciembre de 2010

COEFICIENTE INTELECTUAL Y LA NITIDEZ O CANTIDAD DE LOS RECUERDOS EN LA MEMORIA DE CORTO PLAZO

Neurología
Martes, 28 de Diciembre de 2010 09:20

Una persona recuerda correctamente cuatro de ocho objetos vistos recientemente, pero sus recuerdos sobre los detalles de cada objeto son vagos e imprecisos. Otra persona recuerda sólo dos de los objetos pero con muchos detalles de cada uno. ¿Cuál de las dos capacidades de recordar se relaciona con un mayor Coeficiente Intelectual?

Foto: U. Oregon

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Oregón, la respuesta es muy clara: Un mayor número de objetos almacenados en la memoria de corto plazo está relacionado con una mayor inteligencia fluida, medida en las pruebas de Coeficiente Intelectual (CI). La mayor precisión de detalles, aunque es importante en muchas situaciones, no muestra ninguna relación con la inteligencia fluida.

La idea de que el número de elementos almacenados en la memoria, más que la riqueza de detalles de cada uno, es de vital importancia en la memoria de corto plazo, se ha demostrado en estudios previos de la Universidad de Oregón. Dichos estudios desvelaron que las personas, por lo general, tenemos una capacidad para almacenar temporalmente de tres a cinco elementos en la memoria de corto plazo. Investigaciones anteriores han demostrado que la capacidad de la memoria de corto plazo es un predictor fiable del Coeficiente Intelectual de un individuo.

Sin embargo, en el nuevo estudio, el equipo de Edward Awh y Keisuke Fukuda examinaron mejor la cuestión a fin de determinar qué aspectos de la capacidad de memoria explican la relación con la inteligencia fluida.

Según los autores, el cuán bien puede una persona detectar pequeños cambios es importante, pero es un reflejo de la experiencia de cada persona en dominios específicos de la percepción. Por ejemplo, mientras que los caracteres japoneses pueden parecer iguales a una persona occidental, los lectores japoneses verán fácilmente las diferencias entre los distintos caracteres.

El descubrimiento de que la capacidad de captar muchos detalles no influye en el Coeficiente Intelectual de una persona no significa que la nitidez de la memoria tenga poca importancia, tal como advierten los autores.

La importancia de la claridad o nitidez de las cosas recordadas es de hecho vital, por ejemplo, para un radiólogo que examina las imágenes de los órganos internos de un paciente con signos potenciales de enfermedad.

Scitech News

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Cuál es la capacidad de memoria del cerebro humano?

Referencia: ScientificAmerican.com, por Paul Reber

¿Existe un límite físico a la cantidad de información que puede almacenar?
- J. Hawes, Huntington Beach, California

Responde Paul Reber, profesor de psicología de la Universidad Northwestern.



"¿Puede excusarme, señor Osborne? Mi cerebro está lleno", le pedía un estudiante a su maestro, en una clásica tira cómica de Gary Larson. La impasible respuesta a esta pregunta sería: "Pues no, casi seguro que tu cerebro no está lleno". Aunque debe haber algún límite físico relativo a cuánta memoria puede almacenar, aún así, es extremadamente grande. No debe preocuparse por quedarse sin espacio a lo largo de su vida.

El cerebro humano está formado por unas mil millones de neuronas. Cada neurona crea unas 1.000 conexiones con otras neuronas, lo que asciende a más de un billón de conexiones. Si cada neurona sólo puede almacenar un solo recuerdo, la falta de espacio sería un problema. Andaríamos sólo con unos cuantos gigabytes de espacio de almacenamiento, similar al espacio de un iPod o de una unidad flash USB. Sin embargo, las neuronas se combinan de modo que cada una contribuye con muchos recuerdos a la vez, aumentando de manera exponencial la capacidad de almacenamiento del cerebro a algo más cercano a 2,5 petabytes (1 Pb= 1 millón de gigabytes). Por comparación, si su cerebro funcionara como un grabador de vídeo digital de un televisor, los 2,5 petabytes serían suficientes para almacenar tres millones de horas de programas de televisión. Vamos, que tendrías que dejar el televisor funcionando continuamente durante más de 300 años para agotar todo lo almacenado.

La capacidad de almacenamiento del cerebro para memorizar es difícil de calcular de manera exacta. En primer lugar, no sabemos cómo medir el tamaño de una memoria. En segundo lugar, ciertos recuerdos participan de más detalles y, por tanto ocupan más espacio, y otros recuerdos se olvidan, así que liberan espacio. Además, también hay alguna información que simplemente no vale la pena recordar.

Esto es una buena noticia, porque nuestro cerebro se mantiene al día a medida que buscamos nuevas experiencias en nuestra vida. Si la vida humana se amplía de manera significativa ¿podríamos llenar nuestros cerebros? Tampoco estoy seguro. Pregúntame de nuevo dentro 100 años.

lunes, 23 de agosto de 2010

Meditar con técnicas tradicionales chinas mejora la conectividad cerebral y el autocontrol

Para los investigadores "este nuevo hallazgo podría ser importante para campos como la educación, la salud y la neurociencia y el público en general"

Los diferencias en la conectividad comenzaron después de seis horas de entrenamiento y se volvieron más claras después de 11 horas de práctica


Dedicar once horas a meditar utilizando técnicas para entrenar cuerpo y mente genera cambios estructurales positivos en la conectividad del cerebro, despertando una parte de la mente que ayuda a la persona a regular su comportamiento para conseguir sus objetivos, según un trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Oregon (UO), en Estados Unidos, y publicado esta semana en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'. Según los investigadores, "este nuevo hallazgo podría ser importante para campos como la educación, la salud y la neurociencia, así como para el público en general".

La técnica IBMT ha sido estudiada por un equipo de investigadores chino dirigido por Yi-Yuan Tang, de la Universidad de Tecnología Dalian, en colaboración con el psicólogo de la UO Michael I. Posner. Se trata de una adaptación de la medicina tradicional china realizada en los 90 en este país, donde es practicada por cientos de personas.

Un total de 45 estudiantes de la UO -- 28 hombres y 17 mujeres-- participaron en esta investigación. De ellos, 22 individuos aprendieron las denominadas técnicas de entrenamiento integral del cuerpo y la mente (IBMT, por sus siglas en inglés), mientras que 23 participantes, miembros del grupo de control, recibieron la misma cantidad de entrenamiento de relajación.

Durante el experimento, sus autores utilizaron un tipo de resonancia magnética denominada imágenes con tensor de difusión, que les permitió observar las fibras que conectan las distintas partes del cerebro antes y después del entrenamiento.

Los cambios fueron mayores en las conexiones relacionadas con el cíngulo anterior, un área del cerebro relacionada con la habilidad para regular las emociones y el comportamiento. Estos cambios fueron observados sólo en aquellas personas que practicaron meditación, no en el grupo de control.

PRIMEROS CAMBIOS, A LAS SEIS HORAS

Los diferencias en la conectividad comenzaron después de seis horas de entrenamiento y se volvieron más claras después de 11 horas de práctica. Los investigadores dicen que es posible que los cambios resultantes de la reorganización de los tactos de la sustancia blanca o a través de un incremento de la mielina que rodea las conexiones.

Según Posner, premiado con la Medalla Nacional de la Ciencia, "la importancia de estos descubrimientos está relacionada con la habilidad de realizar cambios estructurales en la red del cerebro relacionada con la autorregulación".

"El camino que supone el mayor cambio por las técnicas de IBMT es uno que previamente ha demostrado estar identificado con diferencias individuales en la habilidad de cada persona para regular conflictos", dice.

En 2007, en 'PNAS', Tang y Posner documentaron que practicar técnicas de IBMT durante los cinco días antes de un examen de cálculo mental reducía los niveles de estrés de la hormona cortisol entre un grupo de estudiantes chinos. Este grupo experimental demostró también tener menores niveles de ansiedad, depresión, enfado y fatiga que los estudiantes de control.

En 2009, en 'PNAS', Tang y un grupo de investigadores chinos, en colaboración con Posner y el profesor de Psicología de la UO Mary K. Rothbart, descubrió que los individuos que practicaban IBMT en China tenían mayor circulación sanguínea en la corteza cingular anterior derecha tras recibir, durante 20 minutos diarios durante 5 días, este entrenamiento.

En comparación con el grupo de relajación, los sujetos que practicaban IBMT tenían también un menor ritmo cardíaco y conductancia de la piel, la capacidad de un cuerpo de permitir el paso de la corriente eléctrica.

Los últimos descubrimientos sugieren la posibilidad de que un entrenamiento adicional pueda generar cambios estructurales en el cerebro, lo que lleva a la necesidad de nuevas investigaciones, según Tang y Posner. En la actualidad, están tratando de averiguar si una exposición mayor a las técnicas de IBMT puede producir cambios positivos en el tamaño del cíngulo anterior.

Los déficit en la actividad del cortex cingular anterior han sido asociadas a los desórdenes por déficit de atención, la demencia, la depresión, la esquizofrenia y otros desórdenes similares. Según Tang, "este nuevo hallazgo podría ser importante para campos como la educación, la salud y la neurociencia, así como para el público en general", ya que sugiere la utilidad del IBMT como medio para entender como entrenan las influencias en la plasticidad cerebral.

martes, 17 de agosto de 2010

La ciencia revela por qué es tan difícil olvidar un gran amor

15/08/10

Produce un “conflicto cerebral” que lo hace imborrable. Estudios de neurobiología demuestran que una relación amorosa intensa crea en el cerebro impresiones residuales que se reactivan fácilmente. Cuanta más información se grabó, más vívidos son los recuerdos.

Suspira ella, llamémosla Paula, y dice que ya pasó un año de la noche en la que se abrazaron y decidieron terminar con esa relación. Y que a pesar de haber bajado miles de veces a cavar en su tristeza, hay recuerdos que todavía se activan con el olor del aceite de oliva o con esa canción. Dice que en el cuerpo esos recuerdos se sienten como el amor –aunque nunca más distinto–: un nudo en el estómago, palpitaciones, dolor de pecho. Lo que no sabe es que si esas imágenes insisten en volver es porque no todo depende de la voluntad de olvidar: existe un circuito neurológico que fija con más intensidad los recuerdos que fueron incorporados de la mano de un fuerte contexto emocional . Este ovillo es el que está empezando a desenredar la neurobiología para explicar por qué resulta tan difícil olvidar a un gran amor.

“Desde el punto de vista neurológico, quedarse solo durante un tiempo no ayuda a superar el fin de una relación”, dice Antoine Bechara, un neurobiólogo reconocido mundialmente por sus investigaciones sobre las funciones cerebrales que intervienen en la toma de decisiones. Se refiere a que estar solo después de una separación o tapar todo con una nueva pareja no evita que el cerebro siga enviando recuerdos . Lo que Bechara investigó es lo que llama “conflicto cerebral”: por un lado la relación se termina; por otro, el cerebro sigue disparando imágenes y reacciones corporales. Para estudiarlo, los neurobiólogos utilizan la Resonancia Magnética Funcional, una técnica que les permite determinar qué áreas cerebrales desempeñan ciertas funciones, como el habla, el movimiento y la sensibilidad.

¿Qué hace que un recuerdo quede sellado a fuego? “En el lóbulo temporal hay dos estructuras. Una se llama hipocampo y por allí pasa la memoria declarativa, es decir, desde acordarse qué día es hoy hasta la cara de una pareja. Al lado hay otra llamada amígdala, que contiene a la memoria emocional. Para que la información declarativa pase por el hipocampo y se distribuya en el cerebro, debe haber un contexto emocional: por ejemplo, una situación atípica y desconocida vivida con ese gran afecto. Cuando la amígdala detecta ese contexto emocional envía neurotransmisores al hipocampo. Así se incorpora en la memoria como fenómeno de fijación”, detalla Ignacio Brusco, director del Centro de Neurología de la Conducta y Neuropsiquiatría de la UBA.

¿Por qué entonces, aun después de un largo tiempo, vuelven esas imágenes y esas sensaciones que secuestran al cuerpo? “Es la amígdala que sigue respondiendo con descargas emocionales involuntarias, como el dolor en el estómago o las palpitaciones”, dice Brusco.

Y no pasa lo mismo cuando se trata de un romance pasajero que con un verdadero amor : “Cuanto mayor sea la información que se grabó hacia ese afecto, en cantidad o calidad, más grabado va a estar en la amígdala y más reacciones va a seguir enviando. Estos recuerdos pueden aparecer como imágenes pero también como olores, sensaciones auditivas y como procesos de pensamiento”, agrega. Quienes aún están transitando el año que suele demorar un duelo amoroso (ver “ Las claves ...”) saben lo que duelen esos olores.

Cruzarse con una ex pareja y sentir cómo se despliega una catarata de recuerdos vívidos (aunque él o ella ni nos haya visto), también es frecuente. Para explicarlo, Ezequiel Gleichgerrcht, neurobiólogo del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), cita la hipótesis de Antonio Damasio, otro prestigioso investigador en neurociencias: “Según su hipótesis del ‘marcador somático’ hay experiencias que gatillan señales químicas en nuestro organismo. Por ejemplo: si caminamos por el campo y por primera vez en la vida nos cruzamos con una víbora que abre la boca y se abalanza hacia nosotros, se disparará un conjunto de moléculas que quedarán asociadas a la sensación del miedo. Si nos volvemos a cruzar con una víbora volverá a gatillarse este patrón y nos producirá la misma sensación de miedo aunque ni siquiera abra la boca”. ¿Le dijo víbora a la ex? No. “Aunque este modelo aún está siendo debatido, podemos comprender por qué ciertas emociones, positivas o negativas, pueden perdurar cuando nos exponemos a la persona que generó esos sentimientos”.

Así, la frase hecha “el tiempo ayuda a olvidar” también tiene su explicación científica : “Con el tiempo, cuando las conexiones cerebrales que facilitan la revisión de situaciones críticas y emociones negativas se saturan, pueden sufrir lo que se llama ‘down regulation’: una disminución de los neurotransmisores en la zona de intercambio neuronal. Esto explicaría por qué los recuerdos vinculados a alguien importante van perdiendo peso”, dice Claudio Waisburg, neurólogo del la Fundación Favaloro. Tiempo al tiempo.

lunes, 7 de junio de 2010

AL DORMIR, SOÑAR CON LO ESTUDIADO ES SEÑAL DE UN APRENDIZAJE MAS SOLIDO

Psicología

Un experimento ofrece pruebas adicionales de que se debería incluir el dormir lo suficiente (y soñando) en las estrategias para lograr hábitos de estudio eficaces. El equipo de investigación que llevó a cabo el experimento ha comprobado que las personas que al dormir sueñan con la tarea que acaban de aprender, tienen un mejor rendimiento después de despertarse que quienes no duermen o que quienes duermen pero no sueñan con la tarea.

A los voluntarios del estudio se les pidió que se sentaran frente a la pantalla de un ordenador y memorizaran el trazado de un laberinto tridimensional de modo que pudieran encontrar el camino que llevaba hasta un árbol cuando fueran dejados cinco horas después en una ubicación aleatoria dentro del espacio virtual.

Las personas a las que se les permitió dormir y además tuvieron constancia de haber soñado con la tarea, encontraron el árbol en menos tiempo.

Sin embargo, tal como advierte Robert Stickgold de la Escuela de Medicina de la Universidad Harvard, el contenido de los sueños en sí mismo no parece ser de gran ayuda, pues no constituyó un repaso mental de datos verídicos y útiles.

En un par de casos, los que soñaron rememoraron en sus sueños sólo la música del laberinto virtual. Un individuo soñó que había personas en puestos de control dentro del laberinto, aunque el real no tenía personas ni puestos de control. No faltaron sueños más fantasiosos, incluyendo recreaciones del laberinto como cavernas llenas de murciélagos.

Los autores del estudio piensan que los sueños son un indicador de que el cerebro está trabajando sobre el mismo problema en diversos ámbitos. Los sueños podrían reflejar el intento del cerebro de encontrar asociaciones para los recuerdos que puedan hacerlos más útiles en el futuro.

En otras palabras, no es que los sueños conduzcan hacia una mejor memorización, sino que son una señal de que otras partes del cerebro están trabajando duro para recordar cómo avanzar por el laberinto virtual. Los sueños son básicamente un efecto secundario de ese proceso de memorización.

Scitech News

lunes, 3 de mayo de 2010

El cerebro tiene capacidad máxima???

Hace algunas semanas, publicamos "las profesiones del futuro", publicación en que comentamos un estudio de la consultora Fast Future, el cual entrevistó a 486 expertos de 50 países, preguntándoles cuales creían iban a ser las profesiones "boom" en el año 2030.
De los resultados obtenidos se generó un TOP 20 (revísenlo aquí), en el cual, apareció un trabajo que se definía como "Cirujanos para el aumento de la memoria".
A publicación, entre los comentarios que los lectores realizaron, uno de ellos,"Anónimo" comentó lo siguiente "... la memoria humana no ocupa espacio, no somos computadoras..." , lo cual para mí, es totalmente lógico... La memoria humana no ocupa espacio...

Pero, es así realmente?? la memoria humana no ocupa espacio?? y donde quedan guardados los recuerdos, aprendizajes y experiencias vividas?? en el aire ? entre tongoy y los vilos?... es una gran pregunta que no sabía si tenía respuesta, al parecer no o por lo menos eso pensaba...
Me puse a buscar en internet, y lo primero que encontré, fue con la publicación titulada "Cuántos gigabytes caben en el cerebro humano", del sitio Alt1040 ... los datos entregados me llamaron mucho la atención, y seguí el vínculo hasta llegar a la publicación original... Para mí sorpresa, esta publicación viene desde la revista "Scientific american", la cual en su publicación "What the memory capacity of the human braine", entrevistan al Ph.D Paul Reber, Académico del Departamento de Psicología de la Universidad de NorthWestern. En ésta, el profesor hace el siguiente análisis...

El Cerebro está formado por 1 billón de Neuronas, y cada una genera alrededor de 1000 conexiones con otras neuronas, llegando así a más de un trillón de conexiones... entonces, el cerebro podría producir una capacidad máxima de 2.5 petabytes, es decir, más de un millón de Gigabytes de información... Si lo llevamos a horas de video, podríamos homologarlo a grabar ininterrumpidamente 300 años de video. Ahora, esto sería así, en el caso de que el cerebro ocupase su capacidad hasta agotarse. Al considerar que el cerebro integra recuerdos, borra recuerdos, etc... la capacidad es incalculable.

Me llamó la atención el cálculo que realiza este académico, y traté de encontrar cómo aproxima el "uso de bytes" para cada neurona, y no encontré nada... Sólo uno de los comentarios que realizan en la misma publicación, en el cual, Tom Greene plantea que: "cada sinapsis se puede describir en aproximadamente 100 bits: 30 bits para identificar a las neuronas A, 30 bits para la neurona B, y 40 bits para la información interna en la sinapsis"

¿pero cómo calcula que la cada sinapsis utiliza 100 bits? Debo decir, que la información no me deja muy conforme sobre la capacidad eventual del cerebro... entonces:

¿Existe una capacidad máxima de almacenamiento de info en el cerebro?
¿Podríamos eventualmente en el futuro, aumentar esta capacidad?
Si esta capacidad es prácticamente infinita ¿para qué amplificarla?
¿¿Que piensan ustedes?? ¿¿alguien tiene más datos??

domingo, 21 de febrero de 2010

El cerebro debe borrar recuerdos antiguos para crear otros nuevos


Un estudio con moscas realizado por científicos de la Universidad de Tsinghua, (China) sugiere que eliminar recuerdos es importante para que el cerebro pueda fabricar nuevos. Los resultados de la investigación se publican en Cell.

"El aprendizaje activa la formación bioquímica de recuerdos", señala Yi Zhong, de la Universidad de Tsinghua (China). "Pero es necesario borrar recuerdos anteriores para almacenar información nueva".

Los investigadores han identificado el comportamiento molecular que conlleva este proceso con una pequeña proteína denominada Rac. A nivel psicológico, sugieren la teoría de que los nuevos recuerdos son simplemente inestables y desaparecen con el paso del tiempo, aunque también proponen que la nueva información podría anular los recuerdos anteriores. Con este estudio se ha demostrado que ambas teorías son acertadas.

Para la investigación, las moscas fueron entrenadas para aprender dos olores aversivos. Se seleccionó uno de los olores y cada vez que las moscas lo olían, recibían un golpe. Normalmente, las moscas aprenderían a evitar ese olor. Después, los investigadores interferían en ese aprendizaje incluyendo dos nuevos olores, y finalmente invertían el proceso dando un golpe a aquellos insectos que olían el aroma opuesto.

En todos los casos, las moscas olvidaban lo que habían aprendido anteriormente mediante la proteína Rac. "Los resultados pueden ayudarnos a identificar los principios que sigue el cerebro para fabricar nuevos recuerdos", señala Zhong.

martes, 5 de enero de 2010

Comprueban plasticidad del cerebro en la memoria



Un equipo de investigadores identificó los cambios morfológicos que ocurren en el cerebro de las abejas a medida que van formando su memoria olfativa de largo plazo. Los resultados obtenidos abren nuevas perspectivas para la comprensión de los mecanismos generales de la memoria de los humanos y de otras especies. Imagen: estracto de la portada de la revista Learning & Memory.

(Agencia CyTA-Instituto Leloir. Por Bruno Geller).- Fueron identificados los cambios estructurales que se generan en el cerebro de las abejas a medida que se va formando su memoria olfativa de largo plazo. Así lo revela un estudio publicado en la edición de diciembre de 2009 de la revista científica Learning & Memory.

El trabajo consistió en analizar cambios en la morfología del lóbulo antenal, región cerebral especializada en el procesamiento de los olores en los insectos. Teniendo en cuenta las semejanzas de forma y función entre el lóbulo antenal y el bulbo olfatorio de los vertebrados, los resultados del estudio abren nuevas perspectivas para la comprensión de los mecanismos generales de la memoria.

¿Qué cambios estructurales se producen a nivel neurológico a medida que se forma la memoria en un cerebro que es capaz de aprender y recordar? Para responder esta pregunta, Benoît Hourcade y Emmanuel Perisse, tesistas en el Centro de Investigaciones sobre la Cognición Animal de Toulouse, Francia, que dirige el doctor Martín Giurfa, estudiaron la formación de la memoria olfativa de largo plazo de las abejas y, en forma paralela, analizaron los cambios morfológicos en el lóbulo antenal.

Memoria olfativa

En el laboratorio, una abeja inmovilizada en un soporte individual es capaz de aprender que un olor es seguido por una recompensa de solución azucarada que remplaza al néctar de las flores. Así, la abeja aprende a estirar la proboscis (o trompa) al olor dado ya que éste anticipa la llegada de la recompensa. Los autores del trabajo -publicado en Learning & Memory- entrenaron dos grupos de abejas: uno en el cual la asociación entre olor y recompensa fue posible, y otro, en el que olor y recompensa fueron ofrecidos pero separado en el tiempo a fin de evitar toda asociación.

“Las abejas del primer grupo formaron una memoria de largo plazo ya que tres días después del entrenamiento recordaban el olor aprendido. Las abejas del segundo grupo, en cambio, no poseían memoria alguna”, explicó a la Agencia CyTA el doctor Giurfa que también se desempeña como presidente del Área de Neurociencias del Consejo Nacional de Investigaciones de Francia (CNRS según sus siglas en francés). Y agregó: “El entrenamiento en sí sólo duró 50 minutos. Se las dejó tranquilas y luego de tres días fueron capaces de recordar el olor aprendido, mostrando así la formación de memoria a largo plazo.”

Los autores compararon los cerebros de las abejas de los dos grupos y centraron su atención en las estructuras que constituyen el lóbulo antenal denominadas glomérulos. En los insectos, como en los vertebrados, estos glomérulos se activan en combinaciones específicas propias a cada olor, señaló Giurfa quien se doctoró en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

Los resultados del trabajo demostraron que paralelamente a la formación de la memoria de largo plazo, algunos glomérulos aumentaron de tamaño, cada uno de los cuales tiene una relación específica con determinados olores.

Resultado sorprendente

Dado que cada olor activa una combinación especifica de glomerulos (hay 160 glomérulos por lóbulo antenal en las abejas), se hubiese podido esperar que los glomérulos que aumentan su tamaño son aquellos que fueron activados por el olor aprendido, sin embargo no fue así, indicó Giurfa. “Otros glomérulos, distintos para cada olor entrenado, fueron aquellos que mostraron un aumento importante de tamaño. Pensamos que la explicación esta en el ‘cableado’ (o conexiones laterales) existente entre los glomérulos del lóbulo antenal: estas son inhibitorias y excitatorias. Esto significa que activar un glomérulo podría desinhibir un glomérulo adyacente provocando en éste un crecimiento mayor que en el activado por el olor”, destacó el científico que recibió en 2007 la medalla de plata del Consejo Nacional de Investigaciones de Francia por la calidad de su trabajo, reconocido a nivel nacional e internacional.

Para Giurfa lo notable de este estudio es que “los insectos forman memorias a largo término como nosotros y que su cerebro se modifica en virtud de ello. Por otra parte, las estructuras involucradas, en este caso el lóbulo antenal, presentan paralelos notables en forma y función con nuestras propias estructuras cerebrales especializadas en el tratamiento de olores (el bulbo olfativo). Desde ya, se podría pensar que estos aumentos de tamaño son un mecanismo general presente en vertebrados, y que podría estar asociado ya sea a la generación de nuevas neuronas, o al aumento de contactos sinápticos (comunicación entre neuronas), fruto de la memorización. Estamos estudiando justamente esto”, señaló.

Como en toda investigación, todavía quedan varios interrogantes sin respuesta. “Si los glomérulos aumentan, debería haber un mecanismo que los retrotraiga a su talla de origen: ¿cómo y por qué? Un cerebro no puede estar creciendo continuamente. ¿Cómo se regulan estos cambios plásticos? ¿Desaprendiendo? La historia continua”, aseguró el doctor Giurfa.



Crédito: revista Learning & Memory. El trabajo fue portada de la revista Learning & Memory. En la imagen se visualizan glomérulos (estructuras del lóbulo antenal de las abejas), algunos de los cuales han aumentado de tamaño como resultado de la formación de la memoria olfativa de largo plazo.

martes, 8 de diciembre de 2009

Desmontando (cerebralmente) a Henry


El cerebro de Henry Gustav Molaison (más conocido como H.M.) está a punto de someterse a los rigores del bisturí, otra vez. En 1953, Molaison acabó siendo profundamente amnésico después de que una intervención quirúrgica le extirpase dos partes de los lóbulos temporales de su cerebro (véase imagen) para tratar su severa epilepsia. La cirugía experimental ayudó a detener los ataques, pero privó virtualmente a Molaison de la capacidad de formar nuevos recuerdos. Hasta su muerte el año pasado, Molaison cooperó con psicólogos y neurocientíficos, los cuales, gracias al estudio de su mal, pudieron avanzar tremendamente en el conocimiento de la naturaleza de la memoria humana.

Hoy, cuando se cumple el primer aniversario de la muerte de Molaison, el neurocientífico de la Universidad de California en San Diego: Jacopo Annese, comenzará a cortar el cerebro de Henry en rodajas del grosor de un papel. La delicada operación durará 30 horas y será un paso crucial en la creación de un atlas digital de uno de los cerebros humanos más estudiados de todos los tiempos.

El proyecto cuenta con su propia página web.

lunes, 16 de noviembre de 2009

La memoria a corto plazo depende de dos redes neuronales diferenciadas


Nuevos descubrimientos obligan a revisar el papel del hipocampo en la formación de los recuerdos. Hasta ahora, se había pensado que el cerebro humano utilizaba dos mecanismos distintos para formar recuerdos a largo plazo o recuerdos a corto plazo. Esta teoría, sin embargo, acaba de ser desafiada por los resultados de una investigación de científicos de la University College de Londres, en la que se ha puesto de manifiesto que la distinción no es tan sencilla. Los recuerdos a corto plazo estarían formados por dos redes neuronales muy distintas, una de ellas responsable también de la memoria de larga duración. Por Yaiza Martínez.




Imagen del cerebro de un paciente con esclerosis bilateral del hipocampo. El hipocampo está indicado por las flechas y es más pequeño que un hipocampo normal. Fuente: UCL.
Hasta ahora, se había pensado que el cerebro humano utiliza mecanismos distintos para formar recuerdos a largo plazo y recuerdos a corto plazo. Esta teoría, sin embargo, acaba de ser desafiada por los resultados de una investigación realizada por científicos de la University College de Londres (UCL).

Según un comunicado de la UCL, los neurocientíficos formularon la primera teoría a partir de observaciones realizadas con pacientes con amnesia, un trastorno que afecta a la capacidad de formar recuerdos a largo plazo.

Normalmente, la amnesia suele estar ocasionada por daños en una región del cerebro llamada hipocampo. Se sabe que esta región, que está situada en los lóbulos temporales, está involucrada en la memoria a largo plazo, la memoria espacial y los desplazamientos físicos. También es una de las primeras zonas afectadas por la enfermedad de Alzheimer, cuyos síntomas son las deficiencias de memoria y la desorientación.

A pesar de los daños sufridos en la memoria a largo plazo en aquellos pacientes con amnesia (y, en consecuencia, con trastornos en el hipocampo), éstos fueron capaces de recordar un número de teléfono durante periodos cortos de tiempo, siempre que no se distrajera su atención.

Este hecho condujo a la idea de que el hipocampo sería el responsable de la memoria a largo plazo, pero no de la memoria a corto plazo. Los hallazgos recientes realizados por los científicos de la UCL revelan que esta distinción entre ambos tipos de recuerdos debería ser revisada.

Redes neuronales distintas

Los investigadores de la UCL analizaron a pacientes que padecían epilepsia con origen en el lóbulo temporal, un tipo de epilepsia que provoca una marcada disfunción del hipocampo.

A los participantes se les pidió que observasen e intentaran memorizar imágenes fotográficas de escenas cotidianas, por ejemplo, de sillas y de una mesa situadas en una sala de estar. Mientras ellos recordaban las fotos, se midió su actividad cerebral en intervalos de tiempo cortos (de sólo cinco segundos) y largos (de 60 minutos).

Los registros cerebrales se realizaron con una técnica no invasiva denominada magnetoencefalografía (MEG), que registra la actividad funcional del cerebro mediante la captación de campos magnéticos, y que permite investigar las relaciones entre las estructuras cerebrales y sus funciones.

Con la MEG se constató que para la memoria a corto plazo acerca de los detalles de cada escena, por ejemplo, si la mesa estaba situada a la derecha o a la izquierda de las sillas, fue necesaria la actividad coordinada de una red de áreas cerebrales (región temporal y región visual), mientras que para la memoria a corto plazo general se puso en marcha una red neuronal muy diferente.

Consecuencias de la diferencia

Como consecuencia de sus trastornos, a los 60 minutos los participantes no fueron capaces ni de recordar detalles de las fotos ni de distinguir éstas de fotos nuevas.

Sin embargo, según uno de los autores del estudio, el profesor Emrah Duzel, tras cinco segundos, los pacientes sí pudieron distinguir las imágenes que ya habían memorizado de imágenes nuevas (recuerdo general), pero no de recordar la colocación detallada de los objetos en las escenas (recuerdo detallado).

Los científicos explican que esto se debe a que existirían dos redes distintas para la formación de recuerdos a corto plazo en el cerebro.

Una de estas redes funcionaría de forma independiente al hipocampo y se mantendría intacta en pacientes con daños en éste y, en consecuencia, con déficit de memoria a largo plazo.

La otra red sí que dependería del estado del hipocampo, y afectaría a la formación de los recuerdos a corto plazo, junto con la capacidad de formar recuerdos a largo plazo.

Primera evidencia anatómica y funcional

Otro autor de la investigación llamado Nathan Cashdollar, señala que a pesar de que otras observaciones recientes habían comenzado ya a desafiar la distinción clásica entre memoria a corto plazo y a largo plazo y su relación con el hipocampo, esta teoría se ha mantenido durante casi medio siglo.

La importancia de los resultados obtenidos en esta investigación es que suponen la primera evidencia anatómica y funcional de los mecanismos que se comparten en la formación de recuerdos a corto y largo plazo, y cuáles son independientes en dicha formación.

Gracias a ellos, ahora se sabe que existen dos redes diferenciadas en las que se basa la memoria a corto plazo. Una funciona con independencia del hipocampo, y por ello no se ve afectada por los trastornos que afectan a esta región del cerebro, mientras que la otra depende de él. Los resultados de esta investigación han sido publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

lunes, 2 de noviembre de 2009

El miedo es un placer

Los científicos argumentan la afición al terror: activa la parte del cerebro que se enciende con la satisfacción

La particular versión de Homer Simpson del cuadro de Munch ´El grito´.


Está siendo un puente de lo más ´terrorífico´. A pesar de que la Iglesia Católica ha condenado la actual pujanza de la fiesta de Halloween en nuestro país, por su naturaleza "pagana" y de "celebración de la muerte", lo cierto es que cada vez más se apuntan al carro de la celebración: se ha convertido en un reclamo hostelero, en el argumento que esgrimen los niños para no acostarse pronto aunque sea por una noche, en la excusa para un programa doble de películas de terror en las parrillas de las cadenas de televisión... Precisamente, dicen los obispos españoles, Hollywood ha sido el principal difusor de Halloween entre nuestras fronteras. Y es que no muchos pueden resistirse a pasar miedo delante de una pantalla. Pero, ¿por qué, siendo el miedo una sensación desagradable?
Los científicos lo tienen cada vez más claro: la zona del cerebro que se activa cuando vemos una película de terror es la misma que se enciende con una experiencia placentera. En este sentido, un grupo de investigadores de la Universidad de California y de Florida ha concluido que los sentimientos relacionados con el miedo son captados por el área cerebral encargada de procesar las emociones primarias –la responsable, por ejemplo, de alertarnos del peligro– pero también la información llega hasta la corteza prefrontal, que procesa los pensamientos más sofisticados y complejos y la que nos lleva a evaluar la alerta y, en el caso de una película de terror, a zanjar la cuestión con el clásico "Es sólo cine". En suma, el placer de contemplar una cinta tipo ´Saw´, ´Viernes 13´, ´Pesadilla en Elm Street´ y derivados es el de tener miedo sabiendo que saldremos ilesos.
Aunque también está el instinto humanísimo pero casi perdido –gracias a un proceso de civilización cada vez más aguzado– de explorar el límite de nuestras posibilidades y capacidades, el atractivo de subirnos a una noria o de hacer puenting. Asimismo, para algunos especialistas la experiencia de sentarse a sufrir mientras una jovencita escapa de un alocado portador de una sierra mecánica puede ser hasta educativa. Óscar Vilarroya, neurocientífico de la Universidad Autónoma de Barcelona, comentó en un reciente Festival de Sitges –certamen dedicado por entero al celuloide bizarro, fantástico y de horror–: "Tras quemarnos aprendemos a temer el fuego. Cuando vemos una película terrorífica activamos los circuitos cerebrales de aprendizaje pero sabiendo que no vamos a sufrir".
La cuestión no es en absoluto nueva. Tras el pavoroso crack del 29, EEUU vivió la primera era dorada del cine de terror, con los inicios de las franquicias de Drácula, Frankenstein y derivados gracias a los Estudios Universal. Entonces, algunos psicólogos se hicieron la misma pregunta: "¿Por qué nos gustan las películas de terror?". Llegaron a diversas teorías pero la más plausible relaciona la crisis de la época con el deseo de evasión a través de temores más pavorosos que la propia realidad.
Asumiendo, por tanto, que siempre sentiremos terror –y disfrutaremos con él–, afirman los expertos cinematográficos que se puede conocer a la sociedad de una época a través de sus miedos. Saquen sus propias conclusiones al ponerse delante de una cinta de horror: cuando vean una película japonesa tipo ´The Ring´ (o su remake estadounidense), fíjense en por qué sus protagonistas son siempre seres solitarios o miembros de familias desestructuradas en grandes urbes; pregúntense si, en plena época de noticias sobre menores violentos, es coincidencia que en el último año al menos tres películas –´Joshua´, ´La huérfana´ y ´The children´– tengan como villanos a varios púberes calculadores y sin escrúpulos; noten cómo en unos tiempos cada vez más laicos el protagonismo de Satán y demonios haya decaído hasta su práctica extinción fílmica, o cuántos ejemplos recientes hay, en esta sociedad de la depresión psicológica y la automedicación, de filmes sobre la paranoia y el aislamiento... El terror nos satisface pero también nos retrata.

Las películas más terroríficas

La prestigiosa web totalscifionline.com ha publicado este año su ránking de las películas más terroríficas de la historia. La triunfadora, ´El resplandor´, "un estudio sin precedentes acerca del aislamiento, la locura y la paranoia", según los expertos de la página. ´Alien´, ´La semilla del diablo´, ´La noche de los muertos vivientes´, ´Psicosis´, ´Tiburón´, ´Halloween´ y ´La matanza de Texas´ completan el podio.

Los directores españoles, en boga

Jaume Collet Serra (´La huérfana´), los Pastor (´Infectados´), J.A. Bayona (´El orfanato´), Fresnadillo (´28 semanas después´)... Son algunos directores españoles que han hecho fortuna con los gritos, pero en inglés. "Al revés que el mercado anglosajón, en España no tenemos tradición de historias de fantasmas. Tenemos que inventar nuestras propias formas de discutir el tabú", dice Bayona.

Vampiros, la moda que no cesa

No hablamos de terror necesariamente cuando hablamos de vampiros, pero los chupasangres son la moda catódico-cinematográfica del momento: la saga ´Crepúsculo´ (vertiente romántica: ´Romeo y Julieta´ con colmillos), la serie ´True Blood´... Hasta la cadena chilena TVN va a estrenar una teleserie vampírica en horario nocturno y Antena 3 prepara su propia ´tv movie´ ´vampiguay´.

El espectáculo de la sangre y el sadismo

La clasificación X de ´Saw VI´ (más información en la página siguiente) y la aceptación del ´gore´ (violencia gráfica, explícita) como un elemento ´mainstream´ más (hasta en la popular serie ´C.S.I.´ hay dosis leves) prueban que en la actualidad el terror es, sobre todo, algo físico. ¿Tendrá que ver con lo preponderante del ´look´, del culto al cuerpo y la despreocupación por lo ultraterreno?

lunes, 26 de octubre de 2009

Consiguen implantar falsos recuerdos en la memoria mediante técnicas de sugestión

Nuevas investigaciones desvelan el poder de la mente para recordar lo que nunca ocurrió

Investigadores de Estados Unidos han estudiado los mecanismos de la memoria y descubierto la forma de implantar falsos recuerdos en las personas, ya sea modificando episodios personales, ya sea fabricando sucesos que nunca ocurrieron pero que se recuerdan como reales. El 25% de la población es susceptible de asumir recuerdos imaginarios, incluidos los de episodios relativos al primer año de vida, mediante recursos que desvelan lo fácil que es engañar a la memoria. Por Eduardo Martínez.

Consiguen implantar falsos recuerdos en la memoria mediante técnicas de sugestión
Investigadores de la Universidad de California-Irvine en Estados Unidos han conseguido implantar falsos recuerdos en algunas personas y comprobado que la memoria humana es muy fácil de engañar. Los resultados del estudio demuestran que bastan algunas sugestiones para fabricar falsos recuerdos.

La investigación fue realizada por un equipo dirigido por Elizabeth Loftus, una de las expertas en memoria más controvertidas porque ha alertado de la fragilidad de los testimonios en los procesos judiciales debido a la facilidad con que la mente humana confunde los hechos reales con los imaginarios.

El experimento se realizó con un grupo de personas que, después de unos minutos de conversación, recordaban felices el día en que, siendo niños, Bugs Bunny los había abrazado en su visita a Disney World. Incluso sentían la piel del personaje y sonreían de pensar cómo acariciaban sus enormes orejas.

Más de una tercera parte de las personas que participaron en la investigación recordaron ese momento -- que es imposible que ocurriera porque el famoso conejo no es un personaje de Disney -- después de que un científico indujera deliberadamente esa falsa memoria.

Recuerdo y sensibilidad

Los investigadores sostienen que cuando a una historia se le añaden detalles relativos al tacto, gusto, olor y oído, las posibilidades de que sea considerada real por la mente aumenta considerablemente.

Elizabeth Loftus ha analizado la experiencia de más de 20.000 personas durante 25 años y ha publicado una veintena de libros y más de 200 artículos sobre las debilidades de la memoria humana, el último de los cuales acaba de aparecer en la revista Nature.

Las personas que adoptan falsos recuerdos no son ingenuos ni enfermos, ya que el proceso forma parte de los mecanismos naturales de la memoria humana, que fabrica recuerdos a partir de la experiencia y, también, a partir de sensaciones vividas como reales.

Los detalles sensoriales son la materia prima de los recuerdos, por lo que si a una historia falsa se la impregna de sensaciones, el proceso de la memoria se perturba y la gente recuerda cosas que nunca existieron.

Un 25% de la población

Según las investigaciones de Loftus, un 25% de las personas son susceptibles de vivir procesos de falsos recuerdos debido a sugerencias externas.

Aunque los procesos cerebrales no se conocen en toda su profundidad, se considera que la memoria está “almacenada” en la corteza cerebral.

Son estímulos externos o patrones de muy baja descarga eléctrica del cerebro los que activan los recuerdos, que de esta forma afloran al consciente.

Elizabeth Loftus dice que la información penetra en la memoria un corto período de tiempo, donde puede ser olvidada o guardada por relación y con buen resultado transferida después por un largo período de tiempo a la memoria.

Memoria traicionera

La información recuperada de la memoria luego de un largo período depende de pequeños indicios que permiten a la gente revisar diferentes partes del material requerido.

Elizabeth F. Loftus considera, sin embargo, que la memoria puede ser traicionera, no sólo porque es muy fácil olvidar, sino porque la mente puede confundir escenas imaginadas con la realidad. Los recuerdos se modifican más fácilmente, por ejemplo, cuando el paso del tiempo permite que el recuerdo original se desvanezca.

Los estudios muestran incluso la forma de implantar recuerdos falsos en las personas. Más aún, demuestran que la gente puede ser conducida a recordar el pasado de formas diferente a cómo ocurrió, e incluso que pueden ser inducidas para que también "recuerden" eventos completos que nunca sucedieron.

La investigación sobre los falsos recuerdos ha ido más lejos hasta llegar a lo imposible, jugando con episodios inmediatamente posteriores al parto.

Recuerdos imposibles

Es altamente improbable que un adulto pueda recordar memorias episódicas genuinas del primer año de vida, en parte porque el hipocampo, que juega un papel clave en la creación de recuerdos, no ha madurado lo suficiente como para formar y almacenar recuerdos de larga duración que puedan ser recuperados en la madurez.

Sin embargo, se ha desarrollado un procedimiento, por parte del finado Nicholas Spanos y sus colaboradores de la Universidad Carleton, para implantar recuerdos "imposibles" acerca de experiencias que ocurrieron poco después del nacimiento.

Spanos y sus colaboradores descubrieron que la gran mayoría de los sujetos fueron susceptibles a estos procedimientos de implantación de recuerdos. Tanto los participantes que fueron hipnotizados como los guiados contaron recuerdos de la primera infancia.

Mecanismos de los falsos recuerdos

Estos estudios están comenzando a proporcionar un entendimiento de cómo se crean en personas adultas los recuerdos falsos.

Primero, hay exigencias sociales hacia los individuos para que recuerden: por ejemplo, cuando los investigadores ejercen alguna presión en los participantes en un estudio, para que terminen recordando.

Segundo, se puede fomentar explícitamente la construcción de recuerdos imaginando eventos cuando la gente tenga dificultad en recordar.

Y, finalmente, se puede recomendar a los individuos que no piensen acerca de si sus construcciones son reales o no.

Precaución terapéutica

Es más probable que se produzca la creación de falsos recuerdos cuando estos factores externos están presentes, ya sea que esto ocurra en un entorno experimental, en un entorno terapéutico, o en las actividades de la vida cotidiana.

Sin embargo, los mecanismos precisos por los cuales se construyen los recuerdos falsos quedan en espera de investigaciones posteriores. Puede verse al respecto la así llamada web de la memoria.

Aún queda mucho que aprender acerca del grado de confianza y de las características de los falsos recuerdos creados de esta forma, al mismo tiempo que queda por descubrir qué tipos de individuos son particularmente susceptibles a estas formas de sugestión y quiénes son resistentes.

Loftus destaca que los profesionales de la salud mental y otras personas deben ser conscientes de cuánto pueden influir en el recuerdo de episodios y de la gran necesidad de restringirse en situaciones en las cuales la imaginación se usa como una ayuda para recuperar recuerdos supuestamente perdidos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El abuso de anfetaminas en la adolescencia repercute en la memoria adultaEl abuso de anfetaminas en la adolescencia repercute en la memoria adulta

"Las ratas expuestas a elevadas dosis de anfetaminas en una edad que corresponde a los últimos años de la adolescencia presentan déficits significativos de memoria en la edad adulta mucho después de que finalice la exposición a estas sustancias.La adolescencia es un periodo en el cual el cerebro está en desarrollo; por ello, la exposición a las drogas en esa fase podría tener consecuencias"

Los resultados del estudio, coordinado por Joshua Gulley, de la Universidad de Illinois, fueron presentados ayer en la reunión anual de la Sociedad para la Neurociencias, que se celebra en Chicago.

Los investigadores han analizado dos tipos de exposición a las anfetaminas: intermitente (una dosis cada día) y "atracón escalonado".

El hallazgo revela algunas de las potenciales consecuencias a largo plazo del abuso de anfetaminas por los adolescentes y podría ser relevante para aquéllos que toman anfetaminas con propósitos terapéuticos para tratar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

"La adolescencia es un periodo en el cual el cerebro está continuamente en desarrollo hacia su forma madura; por ello, la exposición a las drogas durante esa fase podría tener consecuencias negativas duraderas", ha señalado Gulley.

lunes, 19 de octubre de 2009

En estado vegetativo se puede aprender

Paciente hospitalizado

Un estudio científico reveló que algunos pacientes en estado vegetativo pueden aprender.

El estado vegetativo es una de las condiciones clínicas más desconocidas para la ciencia y en la actualidad no existe un método para diagnosticar con exactitud la gravedad de un paciente con daño cerebral.

Ahora un grupo de científicos argentinos y británicos creó un método que ayuda a establecer con más precisión las posibilidades de recuperación de estos pacientes.

Los expertos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad de Cambridge, entre otras instituciones, utilizaron un método de condicionamiento clásico –también llamado pavloviano- para determinar si los sujetos aún tienen conciencia.

Trabajando con 22 personas en estado vegetativo o de mínima conciencia –un número elevado para este tipo de estudios- los científicos midieron las respuestas de los pacientes a un estímulo determinado y comprobaron que algunas personas sin evidencia de conciencia mostraron capacidad de aprendizaje.

Uno de los autores del estudio, el doctor Diego Shalóm, investigador de la UBA y del Instituto de Neurología Cognitiva de Argentina, dijo a BBC Mundo que esta capacidad de aprendizaje es un buen indicador de la posibilidad de restablecimiento del enfermo.

"Observamos que los pacientes que mostraron mayor nivel de respuesta fueron los que más progresaron", afirmó Shalóm, cuyo trabajo fue publicado en la prestigiosa revista científica Nature Neuroscience.

Método objetivo

Diego Shalóm, investigador de la Universidad de Buenos Aires.

"Observamos los pacientes que mostraron mayor nivel de respuesta fueron los que más progresaron"

Diego Shalóm, investigador de la Universidad de Buenos Aires.

Uno de los problemas del diagnóstico de los llamados "desórdenes de la conciencia" es que en la actualidad se realiza a través de una serie de pruebas clínicas cuyos resultados se determinan "a ojo".

"Es muy subjetivo: distintos médicos le dan al paciente distintos diagnósticos", señaló Shalóm.

Es por eso que los investigadores crearon un método que busca ser más objetivo.

Utilizando un aparato llamado un electromiógrafo, midieron la actividad muscular que los pacientes generaron en respuesta a un particular estímulo: un sonido, seguido de un ligero soplido de aire en uno de sus ojos.

La reacción de cerrar el ojo ante un soplido es un acto reflejo, que se da incluso en estado de inconciencia.

Pero los investigadores repitieron ambos estímulos unas 70 veces para determinar si los sujetos tenían capacidad de eventualmente vincular el sonido con el cierre del ojo.

De esa forma establecieron que algunas personas en estado vegetativo, que según las pruebas tradicionales no mostraban señales de conciencia, seguían teniendo capacidad de aprender.

Ventajas

Una herramienta de diagnóstico más precisa para los trastornos de conciencia no sólo tendría implicaciones científicas, sino también éticas, ya que podría permitir a los médicos y a los familiares tomar decisiones más informadas respecto al futuro de sus seres queridos.

Según el doctor Shalóm, esta nueva metodología podría aplicarse "en cualquier hospital del mundo" ya que el aparato que requiere es "pequeño, portátil y barato".

Tras el estudio con 22 pacientes realizados en hospitales de Buenos Aires, el equipo de expertos ha comenzado a ampliar sus pruebas y prepara un gran ensayo clínico junto con colegas en Estados Unidos y Bélgica.

Láser crea “falsos recuerdos” en el cerebro de moscas

Un destello de luz láser puede alterar el cerebro de las moscas de la fruta para que aprendan a temer un dolor que en realidad nunca sintieron

Gero Miesenböck, de la Universidad de Oxford y sus colegas, modificaron genéticamente a unas moscas de la fruta de modo que un puñado de sus células nerviosas se disparen al ser iluminadas con un láser.

Esto les permitió registrar el falso “recuerdo” de un dolor en el cerebro de estas moscas. “Estos recuerdos producen una modificación duradera en el comportamiento de las moscas”, dice Miesenböck.

Se sabe que la liberación de dopamina por neuronas en el “cuerpo seta” (corpora pedunculata en latín y mushroom body en inglés) —que es iuna parte del cerebro de la mosca de la fruta— es fundamental para el aprendizaje. Pero no se sabía aún si la conducta puede resultar condicionada por la estimulación de estas neuronas directamente, sin tener ninguna experiencia de vuelo real.

Lecciones de dolor

Para investigar esto, Miesenböck y sus colegas comenzaron poniendo moscar de la fruta ordinarias en una pequeña cámara, mientras se bombeaban dos olores diferentes de cada lado, para crear dos corrientes separadas de olor.

Los investigadores aplicaron una descarga eléctrica cada vez que una mosca se desviaba de un flujo de olor particular, enseñando a las moscas a preferir el otro, lo que hizo que las moscas aprendieran a moverse con un 30 por ciento de menor frecuencia en la dirección del olor relacionado con la descarga.

Una vez que se demostró que las moscas habían aprendido a evitar el dolor, Miesenböck decidió ver si se podía crear un condicionamiento similar mediante la estimulación de las neuronas, sin llegar a herir a las moscas.

Ideas brillantes

Su equipo modificó genéticamente un segundo grupo de moscas de la fruta para que sus células cerebrales productoras de dopamina generaran una proteína de membrana llamada P2X 2. Cuando P2X 2 se une a una molécula llamada ATP, la neurona que la ha producido se activa, como si fuese tocada por una descarga eléctrica.

Posteriormente, el equipo modificó también esas neuronas P2X 2 para que fuesen sensibles a la luz, inyectanmdo a las moscas una forma de ATP que se sólo activa mediante un láser. Inyectando el ATP sensible a la luz en diferentes neuronas en diferentes moscas, pudieron producir moscas con diferentes combinaciones de neuronas sensibles a la luz.

Los investigadores entonces pusieron a estas moscas genéticamente modificadas en la cámara de olor. Esta vez, cuando las moscas se desviaban hacia un flujo de olor en particular, los investigadores las iluminaban con un haz de láser en lugar de dispararles una descarga eléctrica, como lo habían hecho con las moscas normales.

Muchas de las moscas no reaccionaron. Pero las moscas que tenían 12 neuronas en particular sensibilizadas a la luz optaron un 28 por ciento menos por avanzar en la dirección del olor relacionado con el láser, casi exactamente el mismo resultado que en las moscas no modificados que fueron expuestos a descargas eléctricas.

Miesenböck concluyó que la liberación de dopamina estimuladora en esas 12 neuronas tiene el mismo efecto que tuvo la la aplicación de descargas eléctricas a las moscas. En otras palabras, estas moscas temían ese olor, como si hubieran sido condicionados a que asociaran una descarga eléctrica con él. “Con sólo estimular esas neuronas se les da a las moscas el recuerdo de un acontecimiento desagradable que nunca ocurrió”, dijo.

¿Las moscas son como los humanos?

Él dice que es probable que los recuerdos se formen en una forma similar en los seres humanos. “Me sorprendería si la manera en que los seres humanos aprenden de los errores resulta ser fundamentalmente diferente de la manera en que las moscas aprenden de los errores”.

“Los científicos han identificado una discreta población de células nerviosas que, al parecer, son el origen de la ‘memoria’”, añade Richard Baines, un neurocientífico en la Universidad de Manchester, Reino Unido. “Esto representa una demostración más de la potencia que tiene la utilización de organismos como la mosca de la fruta para comprender cómo funciona el cerebro humano”.

Sin embargo, Wayne Sossin, que estudia las vías bioquímicas de formación de la memoria en el Instituto y Hospital Neurológico de Montreal —parte de la Universidad McGill, Canadá— señala que será difícil demostrar que la memoria humana trabaja de la misma manera. “No sería ético diseñar seres humanos transgénicos y decirles lo que tienen que recordar”, dice.

También dice que, además de estimular neuronas productoras de dopamina, puede haber otras maneras de formar recuerdos. “Este es un experimento muy prolijo, pero se necesita más investigación en algunas áreas”, dijo. “Ellos demostraron que es suficiente la activación de un pequeño subconjunto de neuronas para producir un aprendizaje, pero esto no demuestra que estas neuronas son realmente activadas durante el aprendizaje normal”.

Él cree que el equipo de Miesenböck también debería haber observado los recuerdos a largo plazo, que se pueden formar pormedio de vías bioquímicas diferentes.

El siguiente paso es identificar las células ubicadas “corriente arriba” que controlan la actividad de estas 12 neuronas, dice Miesenböck. Él dice que esto va a “señalar con un dedo” los sitios donde se almacenan físicamente los recuerdos de las moscas.

Referencia de publicación: Neuron , vol 33, p 15 ; Cell , DOI 10.1016/j.cell.2009.08.034

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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