Introducción

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sábado, 26 de febrero de 2011

La paradoja de la depresión sin tristeza

Las personas tienen síntomas físicos y es más común en aquellas que no pueden expresar sentimientos; el riesgo crece con la edad

Suelen ir al médico -generalmente al clínico- con una colección de síntomas físicos molestos: problemas para dormir, cansancio, más o menos apetito que de costumbre (y, en consecuencia, alteraciones de la balanza para arriba o abajo), ausencia de deseo sexual, problemas de concentración, sensación de falta de aire, taquicardia.

Pero? a la pregunta del galeno sobre el estado de ánimo, estos pacientes, casi siempre sonrientes y tranquilos, responden: "Bien, de ánimo bien."

Sin embargo, no están nada bien. Si se profundiza y se hacen algunas preguntas clave, tarde o temprano podrá comprobarse que esa persona pletórica de síntomas que la medicina llama "vegetativos" en realidad está padeciendo una depresión, pero no una depresión cualquiera sino un tipo especial de síndrome depresivo caracterizado paradójicamente por la ausencia de tristeza. Más bien, podría decirse, por la incapacidad de sentir que se está triste, de reconocerse en ese sentimiento.

"Es un problema que estamos estudiando especialmente en adultos mayores, aunque también hemos detectado casos en personas más jóvenes", responde a La Nacion por vía telefónica desde los Estados Unidos el doctor Sergio Paradiso, un italiano nacido en Sicilia que trabaja desde hace varias décadas como profesor asociado de psiquiatría y neurociencias en la Universidad de Iowa, donde en invierno, se lamenta, hace un frío glacial.

Comenta que "son sujetos que ingresan en el consultorio sonriendo y así siguen mientras describen sus síntomas físicos, pero que a la pregunta de si realmente están contentos de vivir, pueden llegar a contestar con un gesto evasivo, admitiendo ante otra pregunta que sí, que a veces creen que tal vez su familia se sentiría mejor si ellos no estuvieran? o que tienen sentimientos de culpa o pensamientos de falta de esperanza en el futuro".

La ideación depresiva está, están los síntomas vegetativos, pero falta el aspecto anímico de la depresión, no existe conciencia de las emociones o de lo que ellas significan. "En el examen psiquiátrico se distingue entre una tristeza que el paciente dice que tiene, algo que en este caso no ocurre, y una tristeza que el paciente no describe, pero que el evaluador ve, que es lo que sucede aquí."

La depresión no disfórica -otra forma de llamar a este trastorno- parece aumentar su frecuencia luego de la quinta década de vida, y aunque no existen muchas estadísticas, se estima que la padece un 5% de la población mayor de 50 años, sin distinción de sexo. En la Argentina, llegaría a poco más de 415.000 personas, según los datos poblacionales disponibles del Indec para 2001.

Pero, según aclara Paradiso, posiblemente exista mayor riesgo de este tipo de síndrome depresivo en personas con una cierta disminución de la capacidad cognitiva.

"En nuestras investigaciones hallamos una relación significativa entre sujetos que tenían depresión no disfórica y peores resultados escolares durante la niñez. ¿Si se relaciona con la inteligencia? En términos generales el desempeño escolar es un buen predictor de la inteligencia en general, incluida la emocional, que uno tendrá cuando adulto", explica el experto, que habla cuatro idiomas, entre ellos el español.

Emociones sin palabras

La pobreza expresiva de quien padece depresión sin tristeza está claramente ligada a la dificultad de comunicación y a la concientización de los propios sentimientos. En esto, admite Paradiso, influyen también condicionantes culturales y estilos de crianza.

"Creemos que hay un problema de alexitimia, una incapacidad de conciencia emocional que está parcialmente conectada con la inteligencia analítica, pero que también tiene aspectos particulares -explica-. Las inteligencias emocional y analítica mediadas a través de la memoria o la atención están conectadas, aunque se suelen citar casos de gente que es muy inteligente y tiene relativamente poca inteligencia emocional."

Para sufrir este tipo de cuadro se necesitan genes que predispongan a la depresión o condiciones de vida como estrés o traumas, junto a una capacidad inferior de conciencia anímica. "Esta conciencia anímica inferior puede estar influida por estilos de crianza: en algunas familias se favorece el ser estoico, no hablar nunca de la propia emoción y no se desarrolla una capacidad verbal de transmisión de los sentimientos. Este aspecto no se puede excluir", propone el investigador.

También existen algunas situaciones que pueden predisponer a la presencia de una depresión no disfórica o sin tristeza.

"Tener lesiones cerebrales, por ejemplo un stroke o ataque cerebral en el hemisferio cerebral derecho, incrementan el riesgo -aclara el especialista-. Puede ocurrir también cuando se ve afectada puntualmente la corteza cingulada anterior, lugar de la conciencia de las emociones. Este deterioro también puede presentarse en otras enfermedades neuropsiquiátricas, como la demencia frontotemporal y el Parkinson, y debido a cambios de esa región cerebral ligados con el envejecimiento, que conlleva una disminución de la capacidad de procesamiento emocional y un grado incrementado de alexitimia."

La depresión no disfórica puede asociarse a comorbilidades, es decir, a otras enfermedades. Pero, a menudo, cuando se ordenan exámenes de rutina para explicar los síntomas físicos que la persona describe (cansancio, disminución o aumento del apetito, falta de concentración, falta de deseo sexual) todo aparece dentro de lo normal. Sin embargo, están deprimidos.

Características únicas

La depresión sin tristeza no tiene nada que ver con la distimia, que es una forma más moderada de depresión a largo trazo, pero donde la persona es totalmente consciente de su sentimiento de tristeza, ni tampoco con la depresión ansiosa, que implica la concientización del problema.

"El depresivo sin tristeza no siente pena ni siente ansiedad -afirma Paradiso-. Ha transferido todo su malestar al cuerpo y no puede expresar ninguna emoción vinculada con lo anímico. Si un médico recibe a un paciente que se queja de síntomas físicos, pero cuyo organismo funciona bien, es un caso para estudiar un poco más. En clínica geriátrica, especialmente, es necesario profundizar para descartar o no la presencia de un cuadro que, de no tratarse, puede extenderse en el tiempo por falta de tratamiento o aumentar el riesgo suicida, presente en todo cuadro depresivo."

El llamado a la intervención puede también venir de los familiares. "Si alguien de pronto tiene problemas para dormir o ha bajado involuntariamente de peso o un esposo cambia su actitud y está cansado, sin ganas de vivir, y los fines de semana ya ni se levanta para mirar fútbol en la tele, se recomienda la consulta", indica el experto.

¿Existe alguna forma de ponernos más a salvo? Paradiso afirma que una clave es no huir de las propias emociones y sentimientos y conocerse mejor anímicamente.

"El problema se puede tratar con medicamentos y psicoterapia. Pero lo primordial es ser conscientes y pedir ayuda. Luego, de una u otra manera, se puede salir adelante porque hay muchas maneras de tratar la depresión", finaliza.

TRES SIGNOS CLAVE

Está relacionada con el nivel de alexitimia, la incapacidad para concientizar las propias emociones y expresarlo verbalmente.

Las personas expresan síntomas y malestares físicos (insomnio, cansancio, exceso o falta de apetito, disminución de la concentración, falta de deseo sexual), pero no se sienten tristes ni ansiosas.

Podría estar asociada con el deterioro de un área del hemisferio cerebral derecho vinculada con el procesamiento de las emociones.

lunes, 10 de mayo de 2010

Interacciones Complejas Entre la Depresión y Dos Clases de Ansiedad

10 de Mayo de 2010. Foto: L. Brian StaufferUn nuevo estudio de la actividad cerebral en personas deprimidas y ansiosas indica que algunos de los efectos dañinos de la depresión son modificados, para bien o para mal, por la ansiedad.
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En el estudio se analizó la depresión y dos tipos de ansiedad: Una es la excitación ansiosa, es decir la vigilancia temerosa que a veces se convierte en pánico. La otra es la preocupación.

Los investigadores usaron resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) en el Instituto Beckman para examinar la actividad cerebral en sujetos que estaban deprimidos aunque no ansiosos, ansiosos pero no deprimidos, o que exhibían grados variables de depresión y uno o ambos tipos de ansiedad.

"Aunque pensamos en la depresión y la ansiedad como cosas separadas, con frecuencia se presentan simultáneamente", aclara Gregory A. Miller, profesor de psicología de la Universidad de Illinois, quien ha dirigido la investigación junto con Wendy Heller, profesora de la misma especialidad y universidad. Miller pone como ejemplo que en un estudio nacional sobre el predominio de trastornos psiquiátricos, tres cuartas partes de las personas a las que se les diagnosticó una depresión importante tuvieron al menos algún otro diagnóstico adicional. En muchos casos, los que tenían depresión también presentaron ansiedad, y viceversa.

Los estudios previos se han venido centrando por regla general en personas que estaban deprimidas o ansiosas; o en ellos se analizó tanto la depresión como la ansiedad de los sujetos, pero agrupando en una única clase todos los tipos de ansiedad.
Miller y Heller llevan bastante tiempo sosteniendo que la ansiedad de los pacientes con preocupación crónica es distinta a la provocada por el pánico o la vigilancia temerosa que caracterizan a la excitación ansiosa.

En el nuevo estudio, se hicieron escaneos del cerebro mientras los participantes realizaban una tarea que incluía nombrar los colores de palabras que tenían significados negativos, positivos o neutrales. Esto permitió a los investigadores observar qué regiones cerebrales se activaban en respuesta a palabras emotivas.

Los investigadores descubrieron que la "firma" fMRI típica del cerebro de una persona deprimida y preocupada que realizaba la tarea de las palabras emotivas era muy diferente a la de una persona deprimida y con excitación ansiosa.

La combinación de depresión y ansiedad, y el tipo de ansiedad, proporcionan diferentes firmas fMRI cerebrales.

Quizás lo más sorprendente es que la excitación ansiosa potenció la actividad en la parte del lóbulo frontal derecho que también está activa en la depresión, pero sólo cuando el nivel de preocupación de una persona era bajo. La actividad neuronal en una región del lóbulo frontal izquierdo, área de la que se sabe que está relacionada con la producción del habla, fue mayor en los sujetos deprimidos y preocupados pero no temerosos.

Información adicional en:



sábado, 12 de septiembre de 2009

Task Force recomienda hacer estudios a los adolescentes para detectar la depresión clínica


Task Force recomienda hacer estudios a los adolescentes para detectar la depresión clínica
Fecha: 30 de marzo de 2009

El U.S. Preventive Services Task Force (Grupo de Trabajo Especial de los Servicios de Prevención de los EE.UU.) ahora recomienda hacer exámenes a los adolescentes para detectar depresión clínica solamente cuando se implementan los sistemas apropiados para asegurar la precisión del diagnóstico, del tratamiento y del control posterior. Esto se aplica a todos los adolescentes de 12 a 18 años. En otra recomendación, el Task Force determinó que son insuficientes las pruebas para determinar el equilibrio entre los beneficios y los daños que significan diagnosticar a niños de 7 a 11 años para detectar depresión clínica. Las recomendaciones y el resumen que acompaña a las pruebas aparecen en el número de abril de Pediatrics.

El Task Force analizó nuevas pruebas sobre los beneficios y daños de examinar a niños y adolescentes para determinar si tienen depresión clínica, la precisión de las pruebas realizadas en el entorno de la atención primaria y los beneficios y riesgos de tratar la depresión clínica con psicoterapia y/o medicamentos en pacientes de 7 a 18 años. La depresión clínica es causa importante de una salud precaria y de una calidad de vida inferior entre los niños y los adolescentes. La depresión puede causar dificultades en los estudios y problemas en la familia y relaciones sociales, además de una calidad de vida inferior.

"La depresión en adolescentes tiene un impacto significativo en la salud mental y física. Los adolescentes con depresión tienen más hospitalizaciones por razones psiquiátricas y médicas que los adolescentes que no tienen depresión", dijo Ned Calonge, M.D., Presidente del Task Force, quien también es Director Médico del Colorado Department of Public Health and Environment (Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de Colorado). "Es importante que se diagnostique a los adolescentes y se trate su depresión clínica para mejorar su salud y calidad de vida, en especial, si tienen antecedentes familiares de depresión".

Hay suficientes pruebas de que tratar a los adolescentes con inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), psicoterapia o una terapia combinada (ISRS y psicoterapia) da como resultado una disminución en los síntomas de la depresión clínica.Tratar a los jóvenes con depresión clínica con ISRS se asocia con un aumento en la suicidalidad (pensamientos de suicidio, preparación e intento de suicido) y, por lo tanto, sólo se debe considerar si es posible una cuidadosa supervisión clínica.

Los niños y adolescentes deprimidos tienen un mayor riesgo de suicidio, que es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 24 años y la sexta causa de muerte entre niños de 5 a 14 años. Los adolescentes que sufren de depresión clínica tienen también más probabilidad de sufrir de depresión en su temprana adultez. Casi el 6% de los adolescentes de 13 a 18 años tienen depresión clínica, y dicha depresión es más común en las mujeres que en los varones.

El Task Force es el principal panel independiente de expertos en prevención y cuidados primarios. El Task Force, que tiene el apoyo de la Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ - Agencia para la Investigación y la Calidad de la Salud), realiza evaluaciones rigurosas e imparciales de las pruebas científicas para la efectividad de un amplio abanico de servicios de prevención clínica, incluso diagnósticos, asesoramiento y medicamentos preventivos. Sus recomendaciones se consideran el "patrón oro" para los servicios de prevención clínica. El Task Force basó sus conclusiones en un informe del equipo de investigación dirigido por Selvi Williams, M.D., del Kaiser Permanente Center for Health Research, parte del Oregon Evidence-based Practice Center de la AHRQ.

Las recomendaciones y materiales para los médicos estarán disponibles en el sitio web de la AHRQ en http://www.ahrq.gov/clinic/uspstf/uspschdepr.htm (en inglés).

En el sitio web de la AHRQ, también hay anteriores recomendaciones del Grupo de Trabajo, resúmenes de la información y material relacionado.La información clínica también está disponible en la National Guideline Clearinghouse de la AHRQ en http://www.guideline.gov.

Para más información, comuníquese con AHRQ Public Affairs: (301) 427-1244 o (301) 427-1246.
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Internet Citation:

Task Force recomienda hacer estudios a los adolescentes para detectar la depresión clínica. Press Release, March 30, 2009. Agency for Healthcare Research and Quality, Rockville, MD. http://www.ahrq.gov/news/press/pr2009/spaddeppr.htm


abrir aquí para acceder al documento AHRQ completo:
Task Force recomienda hacer estudios a los adolescentes para detectar la depresión clínica

lunes, 24 de agosto de 2009

Un tratamiento combinado podría aliviar la depresión luego del accidente cerebrovascular





Un estudio reciente sugiere que agregar la terapia psicosocial a los antidepresivos ayuda a mejorar la depresión y la recuperación entre quienes han sufrido un accidente cerebrovascular

"La tercera parte de los pacientes que tienen accidentes cerebrovasculares desarrollan depresión clínica, que los hace menos capaces de recuperarse del accidente cerebrovascular, empeora la función cognitiva, impide el funcionamiento social y se relaciona con otras consecuencias adversas", señaló en un comunicado de prensa de la American Heart Association el Dr. Richard C. Veith, coautor del estudio y profesor de psiquiatría y ciencias conductuales de la Facultad de medicina de la Universidad de Washington en Seattle.

El desarrollo de la depresión luego del accidente cerebrovascular "es un problema de salud pública importante", aseguró Veith.

En el estudio participaron 101 personas que habían sufrido un accidente cerebrovascular y se les había diagnosticado depresión clínica. Los investigadores hallaron que ocho semanas de tratamiento combinado lograron una reducción de 47 por ciento en los puntajes de escalas estandarizadas que califican la depresión, en comparación con una reducción de 32 por ciento entre la gente que recibió la atención habitual, entre la que se encontraban los antidepresivos.

El estudio halló que la gente cuya depresión había mejorado percibió la recuperación de su accidente como algo significativamente más importante y también sintió que su condición física y que su participación social eran mejores, en comparación con los que lograron menos mejora de la depresión.

Los resultados del estudio fueron publicados en la edición en línea del 6 de agosto de la revista Stroke.

La terapia psicosocial usada en el estudio fue llevada a cabo por enfermeras que hicieron sesiones personalizadas con pacientes en un periodo de ocho semanas. Las sesiones cubrían cosas como la manera de incrementar los eventos placenteros, la resolución de problemas, el apoyo de los cuidadores e identificar y modificar los pensamientos negativos.

jueves, 20 de agosto de 2009

La depresión influye en el centro de recompensa del cerebro

Las personas clínicamente deprimidas son menos capaces de encontrar placer en actividades que antes disfrutaban, según un estudio publicado en NeuroReport que muestra una función cerebral reducida en el centro de recompensa del cerebro en comparColor del textoación con sujetos sanos.

La investigación fue dirigida por Elizabeth Osuch, del Lawson Health Research Institute, en Londres. Para estudiar los efectos de la depresión en la actividad cerebral, Osuch y su equipo preguntaron a 15 sujetos sanos y a 16 que hubieran tenido depresión recientemente por su música favorita y por aquella que ni les gustara ni les disgustara, música neutral. Después escucharon su selección musical durante 3 minutos mientras una resonancia magnética funcional medía su actividad cerebral.

Los investigadores encontraron que los sujetos sanos mostraban una mayor actividad en zonas específicas del cerebro cuando escuchaban su música favorita comparándolos con las personas deprimidas. Concretamente varias regiones asociadas al centro de recompensa estaban menos activas en los individuos deprimidos, por lo que la capacidad básica de disfrute no funcionaba correctamente.

"Estos resultados revelan reacciones importantes dentro de las zonas cerebrales asociadas al proceso de recompensa en individuos sanos. También mostraron un importante déficit en estas respuestas neurofisiológicas en sujetos deprimidos en comparación con los sujetos sanos", explica Osuch.

"Ya se sabía que los individuos deprimidos sufren anhedonia, la incapacidad para experimentar placer o satisfacción en casi todas las actividades. Lo importante de este estudio es que ya se conocen también las regiones del cerebro específicas que fallan en estos pacientes. Si encontramos la manera de señalar y tratar esas zonas, tendremos también la capacidad de tratar la depresión pronto", asegura.

viernes, 14 de agosto de 2009

Los riesgos de depresión en adolescentes podrían depender de su ciclo del sueño


Los patrones de sueño podrían ayudar a predecir los riesgos que tienen los jóvenes de desarrollar depresión, según un estudio publicado en Neuropsychopharmacology.

La relación que existe entre el sueño y la depresión en los adultos es ya conocido entre los científicos: los que padecen esta patología experimentan el sueño REM más rápido que las personas que no tienen depresión. Uma Rao, profesora de psiquiatría de la UT Southwestern (Estados Unidos), dirigió este estudio enfocándolo en los más jóvenes, donde participaron 96 adolescentes sin evidencia de depresión u otros trastornos psiquiatricos. Los investigadores monitorizaron los ciclos del sueño de este grupo durante tres días, además de recoger muestras de saliva y orina para comprobar los niveles de cortisol. El seguimiento se alargó durante cinco años para comprobar la evolución de la depresión entre los participantes.

Los adolescentes que tenían antecedentes familiares con depresión experimentaron el sueño REM más rápidamente. Las probabilidades de haber desarrollado depresión a lo largo del seguimiento era mucho mayor en este grupo que en aquellos que llegaron más tarde a esta fase del ciclo del sueño. También eran más propensos los que presentaban altos niveles de cortisol. Otros estudios realizados en adultos mostraban que el incremento de estos niveles de hormonas estaban relacionados con la depresión, y que las altas tasas de cortisol podría ayudar a determinar quiénes tienen riesgo de recaer en una dolencia de este tipo.

La depresión en adolescentes es de prevención y tratamientos complejos, en parte porque los niveles de referencia del sueño y otros factores usados en el diagnóstico no están claramente definidos. "Comparar a estos jóvenes adolescentes con aquellos que ya presentan una depresión oscurece los resultados del estudio y puede afectar a nuestro entendimiento de los mecanismos subyacentes de la depresión así como de su tratamiento", explicó Rao.

viernes, 24 de julio de 2009

El Estado de Animo Influye en el Funcionamiento de la Corteza Visual del Cerebro

24 de Julio de 2009.

Foto: U. TorontoUn estudio de la Universidad de Toronto proporciona la primera evidencia directa de que nuestro estado de ánimo literalmente cambia la forma en que el sistema visual cerebral filtra nuestra experiencia perceptual. Esto sugiere que ver el mundo "a través de un cristal de color rosa" es más una realidad biológica que una metáfora.

"Los estados de ánimo buenos y malos literalmente cambian la forma en que nuestra corteza visual opera y el cómo vemos", subraya Adam Anderson, profesor de psicología de la Universidad de Toronto.

El equipo utilizó resonancia magnética funcional para examinar cómo nuestra corteza visual procesa la información sensorial bajo estados de ánimo buenos, malos y neutros.

Los investigadores primero mostraron a los sujetos una serie de imágenes diseñadas para provocar un estado de ánimo bueno, malo o neutral.

A los sujetos se les mostró después una imagen compuesta, que exhibía una cara en el centro rodeada por imágenes de "lugar", por ejemplo casas. Para hacer que fijasen su atención en la imagen central, se pidió a los sujetos que identificaran el género de la persona cuyo rostro se mostraba.


Cuando tenían un estado de ánimo malo, los sujetos no procesaban las imágenes de lugares en el fondo circundante. Sin embargo, cuando veían las mismas imágenes teniendo un estado de ánimo bueno, captaban más información de lo necesario: veían la imagen central del rostro y las imágenes circundantes de casas.

"Las personas pueden procesar una mayor cantidad de objetos en su entorno cuando tienen estados de ánimo positivos. Parece una ventaja, pero el fenómeno también puede conducir a la distracción", explica Taylor Schmitz, del equipo de investigación.

Los estados de ánimo buenos incrementan el tamaño literal de la ventana a través de la cual vemos el mundo. Lo bueno de esto es que podemos ver las cosas desde una perspectiva más global e integradora. Lo malo es que puede distraernos mientras realizamos tareas críticas que requieren de concentración, tales como manejar maquinaria peligrosa u observar el equipaje de los pasajeros en un aeropuerto.

Los estados de ánimo malos, por otro lado, pueden mantenernos más concentrados en un objetivo, evitando que integremos información ajena al objeto de interés de nuestros procesos mentales.

Información adicional en:

viernes, 17 de julio de 2009

Antidepresivos, "un mito de la cura química"

Se cree que los medicamentos para tratar la depresión y otros problemas emocionales actúan en el cerebro revirtiendo un desequilibrio químico.

No hay evidencia convincente de que existan desequilibrios en los sistemas químicos cerebrales.

Al menos esa es la teoría que ha circulado en las últimas dos décadas: que si sufrimos algún trastorno emocional la causa puede estar en los compuestos químicos que actúan en nuestro cerebro.

Y lo más probable es que se nos dé un fármaco diseñado para corregir ese desequilibrio químico.

Pero según la doctora Joanna Moncrieff, del Departamento de Ciencias de Salud Mental de la Universidad de Londres lo único que hacen estos medicamentos es poner a la gente en un "estado artificial inducido".

Según la investigadora, antes de tomar uno de estos medicamentos, los pacientes deben estar mucho mejor informados sobre la forma cómo estos compuestos actúan y los efectos que producen.

Tal como dijo la experta a la BBC, no son sólo los médicos los que se han encargado de decirnos que necesitamos tabletas para corregir nuestros "desequilibrios químicos".

"Revistas, periódicos, organizaciones de pacientes y sitios de internet, todos han publicitado la idea de que enfermedades como la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia y el trastorno bipolar pueden ser tratados con medicamentos que ayuden a rectificar un problema cerebral subyacente".

Según la doctora Moncrieff, "igual que a un diabético se le dice que necesita tomar insulina, a la gente con esquizofrenia y otras enfermedades se le dice que debe tomar medicamentos psiquiátricos para el resto de su vida para estabilizar sus compuestos químicos cerebrales".

El problema, agrega, es que hay muy poca justificación para esta visión de los medicamentos psiquiátricos.

Estados alterados

Una de las teorías en las que se basan los medicamentos para la depresión, ansiedad y otros trastornos emocionales, es que hay un desequilibrio en el nivel de serotonina -un compuesto químico cerebral que funciona en el sistema nervioso como neurotransmisor y que se cree está involucrado en el estado de ánimo del individuo.

Pero tal como señala la investigadora "primero, aunque las ideas como la teoría de la serotonina en la depresión han sido publicitadas ampliamente, la investigación científica no ha detectado hasta ahora ninguna anormalidad en el sistema de la serotonina en personas que están deprimidas".

La gente necesita tomar decisiones informadas sobre si el consumo de fármacos psicoactivos es una forma útil de manejar sus problemas emocionales. Pero para poder hacer esto con responsabilidad, los médicos y sus pacientes necesitan mucha más información sobre la naturaleza de los medicamentos psiquiátricos y los efectos que producen

Dra. Joanna Moncrieff

"Segundo, a menudo se dice que el hecho de que el tratamiento farmacológico 'funciona' demuestra que existe una deficiencia biológica subyacente".

Pero, agrega, "hay otra explicación para la forma como los medicamentos psiquiátricos afectan a las personas con problemas emocionales".

"A menudo se pasa por alto que los fármacos usados en psiquiatría son drogas psicoactivas, como el alcohol o la marihuana. Las drogas psicoactivas hacen a la gente sentirse diferente, la colocan en un estado mental y físico alterado. Y esto afecta a todos, independientemente de si tienen el trastorno o no".

Es por eso, afirma la experta, que para entender cómo afectan a las personas estos fármacos hay que entender cuáles son los efectos psicoactivos que producen.

Los llamados medicamentos antipsicóticos, por ejemplo, "sofocan" los pensamientos y emociones, lo cual puede ser útil en personas con psicosis.

Los fármacos como el valium producen un estado de relajación y mareo placentero, lo cual puede reducir la ansiedad y la agitación.

Los llamados "antidepresivos" provienen de varias familias químicas distintas y producen efectos variados.

Falta de información

La opinión sobre los fármacos psiquiátricos ha cambiado mucho desde los 1960, pero la doctora Moncrieff cree que gradualmente se les ha ido considerando como tratamientos específicos para enfermedades específicas, o panaceas, y los efectos psicoactivos que producen se han ido olvidando.

Millones de personas toman antidepresivos en todo el mundo.

"Sin embargo -dice la investigadora- esta transformación no se ha basado en ningún evidencia convincente.

"Creo que lo más probable es que estos fármacos 'funcionan' produciendo estados inducidos por drogas que surpimen u 'ocultan' los problemas emocionales.

"Esto no significa que los fármacos psiquiátricos no puedan, a veces, ser útiles. Pero la gente necesita estar consciente de los efectos que producen y de lo que hacen.

"Por el momento se está alentando a la gente a creer que si toma una píldora esto la hará sentirse mejor porque está corrigiendo algún defecto en sus procesos cerebrales.

"Esto suena muy bien. Si su cerebro no está funcionando apropiadamente y un fármaco puede lograr que trabaje mejor, entonces tiene sentido tomarse una píldora", dice la científica.

"Pero, si por otra parte, le damos a la gente la información completa, quizás el tratamiento farmacológico no sea tan buena idea.

"Si le decimos a la gente que no tenemos ni idea de lo que pasa en su cerebro, pero que puede tomar el fármaco que la hará sentirse diferente y podría ayudarle a suprimir sus pensamientos y sentimientos, entonces mucha gente quizás preferirá no tomar esos medicamentos".

La investigadora subraya que la gente que está severamente trastornada o angustiada quizás acogerá con beneplácito esos efectos, al menos por un tiempo.

Pero agrega que "la gente necesita tomar decisiones informadas sobre si el consumo de fármacos psicoactivos es una forma útil de manejar sus problemas emocionales.

"Pero para poder hacer esto con responsabilidad, los médicos y sus pacientes necesitan mucho más información sobre la naturaleza de los medicamentos psiquiátricos y los efectos que producen", expresa la científica.