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Este blog es una herramienta orientada para todo tipo de profesionales de la educación, la psicología y la salud que trabajen con trastornos cognitivos de base orgánica y pretende convertirse en de base orgánica en una herramienta de consulta permanente.

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sábado, 26 de febrero de 2011

La biología de los efectos positivos y negativos del miedo

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Desde hace mucho, se sabe que ser consciente de un peligro inminente puede aumentar la habilidad humana de detectar leves cambios en el entorno, ya sean visuales, sonoros o de otro tipo. Por ejemplo, el leve crujido de una hoja seca puede delatar la aproximación sigilosa de un depredador. Pero, por otra parte, también es obvio que el estrés y la ansiedad inducidos por una amenaza pueden afectar de modo negativo nuestra capacidad de pensar con claridad y de llevar a cabo tareas mentales complejas. En un nuevo estudio se ha comprobado de manera detallada el alcance de esta confrontación entre ambos efectos.

Dicha comprobación se ha hecho midiendo los cambios en la actividad eléctrica del cerebro, captados por una densa red de sensores colocados sobre el cuero cabelludo.

El estudio lo ha llevado a cabo el equipo de Alexander Shackman y Richard Davidson, ambos de la Universidad de Wisconsin-Madison.

Enfrentados a un riesgo, los sujetos de estudio, que se ofrecieron voluntariamente para el mismo, mostraron una mayor actividad en los circuitos cerebrales responsables de captar información visual, pero también un nivel de señal más débil en la circuitería responsable de analizar y valorar esa información. Cuando el riesgo desaparecía (y por lo tanto, el estrés y la ansiedad) el efecto se invertía: El cerebro destinaba menos potencia para la vigilancia, y más potencia para la toma de decisiones estratégicas.

El miedo nos hace más sensibles a nuestro entorno externo como una forma de identificar un peligro potencial y por dónde se acerca, pero interfiere en nuestra capacidad de pensamiento complejo.

En los últimos años, algunos teóricos han defendido la hipótesis de que esta confrontación de capacidades podría reflejar la interacción entre dos sistemas cerebrales que funcionan al mismo tiempo: Uno sería responsable de la detección rápida de los estímulos externos. El otro se ocuparía del proceso más lento de evaluar cuidadosamente esa información entrante. El estrés desbarata el equilibrio entre esos sistemas.

Nuestra habilidad de realizar tareas complejas se ve perturbada precisamente cuando aumenta la cantidad de información que recibimos a través de los ojos y los oídos. Cuando somos conscientes de que estamos en peligro, nuestro cerebro absorbe una mayor cantidad de información sensorial, pero al mismo tiempo experimentamos dificultades para concentrarnos en ese gran caudal de datos.

La confusión resultante favorece las acciones rápidas, irreflexivas, dictadas más por el instinto de supervivencia que por el razonamiento lógico, como por ejemplo echarse a correr al oír ese crujido de una hoja seca. En el pasado de nuestra especie, la evolución sin duda favoreció al nerviosismo incontrolable que empuja a las personas a reaccionar así.

Más información en:

Scitech News

lunes, 25 de octubre de 2010

El 'flechazo' de Cupido llega al cerebro en menos de un segundo

MADRID, 25 Oct. (EUROPA PRESS) -


Un reciente meta-análisis realizado por la investigadora de la Universidad de Syracuse Stephanie Ortigue revela que enamorarse

puede provocar no sólo una sensación de euforia parecida a la del consumo de cocaína, sino que también afecta a las áreas intelectuales del cerebro. También ha encontrado que el popularmente conocido como 'flechazo' toma aproximadamente un quinto de segundo en surtir efecto cerebral.

Los resultados del equipo de Ortigue revelan que cuando una persona se enamora, hasta 12 áreas del cerebro trabajan conjuntamente para liberar los productos químicos que inducen euforia, como la dopamina, la oxitocina o la adrenalina. El sentimiento de amor también afecta a sofisticadas funciones cognitivas, como la representación mental, las metáforas y la imagen corporal.

Los resultados plantean la pregunta: "¿Está el amor en el corazón, o el cerebro?". "Esa es una pregunta difícil siempre," dice Ortigue. "Yo diría que el cerebro, y el corazón también está relacionado, porque el concepto del amor es complejo y está formado por ambos procesos, de abajo a arriba y de arriba hacia abajo, desde el cerebro hasta el corazón y viceversa. Por ejemplo, la activación en algunas partes del cerebro puede generar estímulos para el corazón, las 'mariposas en el estómago'. Algunos de los síntomas a veces los sentimos como una manifestación del corazón que a veces puede venir desde el cerebro".

Ortigue es profesora asistente de psicología y adjunta de neurología, en el Colegio de Artes y Ciencias de la Universidad de Syracuse.

Otros investigadores --explica-- han encontrado que los niveles en sangre del factor de crecimiento nervioso o NGF, también aumentan en este proceso. Esos niveles fueron significativamente mayores en las parejas que acababan de enamorarse. Esta molécula implicada desempeña un papel importante en la química social de los seres humanos, o en el fenómeno de "amor a primera vista." "Estos resultados confirman que el amor tiene una base científica", dice Ortigue.

Los resultados tienen implicaciones importantes para la neurociencia y la investigación en salud mental, porque cuando el amor no funciona, puede ser una causa importante de estrés emocional y depresión. "Es otra investigación sobre el cerebro y en la mente de un paciente", dice Ortigue. "Al entender por qué se enamoran y por qué están tan afligidos, pueden utilizar las nuevas terapias". Al identificar las partes del cerebro estimuladas por el amor, los médicos y terapeutas puedan entender mejor los dolores de los pacientes enfermos de amor.

El estudio también muestra las diferentes partes afectadas en el cerebro al enamorarse. Por ejemplo, el amor incondicional, como el existente entre una madre y un niño, es estimulado por áreas cerebrales comunes y diferentes, incluyendo el centro del cerebro. El amor apasionado es estimulado por la parte de recompensa del cerebro, y también por las áreas asociativas cerebrales cognitivas de orden superior y las funciones cognitivas, tales como la imagen corporal.

Ortigue y su equipo trabajaron con un equipo de la Universidad de West Virginia y un hospital universitario de Suiza. Los resultados del estudio se publican en el Journal of Sexual Medicine.

lunes, 15 de marzo de 2010

Las emociones negativas impactan la actividad cerebral

Reflexionar sobre las emociones ayuda a reducir el impacto negativo en el cerebro y en el psiquismo

Un estudio realizado en Estados Unidos ha revelado que las emociones impactan el cerebro, concretamente las regiones de la amígdala y la corteza insular. Pero también ha demostrado que no estamos indefensos ante ellas, porque dependiendo de la actitud que tomemos ante determinadas situaciones podemos controlar la actividad neuronal que las emociones nos provocan. Gracias a dichas actitudes podemos aumentar nuestro bienestar, y disminuir el impacto de las situaciones dolorosas. Por Yaiza Martínez.

Las emociones negativas impactan la actividad cerebral

Las emociones son fenómenos psicofisiológicos continuos que nos permiten adaptarnos a ciertos cambios de nuestro entorno. Psicológicamente, alteran la atención, condicionan nuestras conductas e incluso activan la memoria.

Desde el punto de vista fisiológico, además, las emociones producen respuestas en el cuerpo, en la forma de expresiones faciales o tonos de voz, por ejemplo. Pero, ¿qué influencia tienen las emociones en el cerebro?

Una investigación realizada en la Universidad de Standford, en Estados Unidos, ha analizado el efecto sobre el cerebro de nuestra capacidad de regular las emociones según sigamos dos estrategias distintas: la reconsideración cognitiva y la represión expresiva.

Según explican los científicos del departamento de psicología de dicha universidad, Philippe Goldin y James Gross, en un artículo aparecido en la revista Biological Psychiatry, la estrategia de reconsideración cognitiva (pensar sobre lo que está pasando) tendría un impacto temprano en el proceso de generación emocional, mientras que la represión expresiva (evitar que se note lo que estamos sintiendo) sería una estrategia de comportamiento cuyo impacto es tardío, dentro del proceso de generación emocional.

Imágenes cerebrales de las emociones

La reconsideración, según Goldin, es una estrategia cognitiva que altera la significación de una situación potencialmente desquiciante, y ha sido asociada anteriormente con niveles reducidos de emociones negativas e incremento positivo del bienestar.

Goldin pone el siguiente ejemplo para comprender esta estrategia en un comunicado de la Universidad de Stanford: si vemos a un médico suturando una herida de alguien, justo antes de dejarnos llevar por el horror de la visión de la sangre, podemos pensar que el paciente está siendo ayudado y que se recuperará.

Por el contrario, la represión es una estrategia del comportamiento que implica la inhibición de la expresión física (no llorar o reír, por ejemplo) provocadas por las emociones. En anteriores estudios, esta represión emocional ha sido asociada con el incremento de la respuesta fisiológica a las emociones, así como con la reducción del bienestar. Es decir, cuando una emoción es reprimida, el cuerpo puede manifestar un síntoma específico y por lo general la persona disminuye su nivel de bienestar o felicidad.

Pero, hasta la fecha, explican los científicos en Biological Psichiatry, no se había realizado un estudio que investigase directamente las bases neuronales de estas estrategias emocionales. Para conseguirlo, recurrieron a la exploración por resonancia magnética funcional (fMRI, una técnica que permite medir la respuesta hemodinámica o de los flujos sanguíneos, relacionada con la actividad neuronal del cerebro.

Imágenes desagradables

Un total de diecisiete mujeres en buen estado de salud se prestaron voluntariamente a colaborar en el estudio. Todas las participantes fueron mujeres porque, según los científicos, presentan un mayor grado de reactividad emocional que los hombres, lo que facilitó el trabajo de investigación.

La investigación consistió en mostrar a dichas mujeres una serie de vídeos de 15 segundos de duración, neutros (como de paisajes) o desagradables (como matanzas de animales u operaciones quirúrgicas), en una pantalla situada a sólo 15 centímetros de sus caras. A las voluntarias se les pidió que, ante las imágenes, siguieran una de las estrategias de regulación emocional antes mencionadas, es decir, que reprimieran sus expresiones faciales, aunque no sus emociones, o que reflexionaran sobre el significado de lo que estaban viendo.

Mientras veían las imágenes, una cámara colocada cerca de la pantalla de vídeo grabó las expresiones de sus rostros, registrando cada mueca o tic. Además, su actividad cerebral fue medida con la fMRI, lo que permitió a los científicos comparar las áreas del cerebro que se activaban según la estrategia emocional seguida por las participantes. Inmediatamente después de ver las imágenes, las mujeres informaron por último sobre el grado de experimentación emocional que habían sufrido.

Tal y como explica James Gross en el citado comunicado de Stanford, para poder comprender qué sucede cuando la gente controla emociones muy intensas en su vida diaria, los científicos tuvieron que provocar emociones potentes, de manera que pudieran distinguirse bien las partes del cerebro que se activaban por las emociones y también por las estrategias de regulación emocional.

Resultados

Las imágenes de la fMRI revelaron que, independientemente de la estrategia empleada por las voluntarias, dos áreas del cerebro están asociadas con la activación emocional: la amígdala y la ínsula o corteza insular.

Sin embargo, el grado de actividad neuronal en cada una de estas dos regiones, así como el tiempo de actividad, era marcadamente distinto dependiendo de si la persona seguía la estrategia de reconsideración cognitiva o la de represión.

Al final de cada video, la estrategia de reinterpretación consiguió reducir las emociones negativas, según las mediciones de las expresiones faciales de las participantes. Asimismo, redujo también la excitación neuronal, según las imágenes de fMRI tomadas. Estos datos fueron confirmados por las declaraciones de las propias voluntarias. De hecho, la técnica condicionó los sentimientos de las participantes muy rápidamente.

Por el contrario, la represión de la expresión facial resultó en un incremento de la actividad neuronal en la amígdala y la ínsula, aumentó la reactividad emocional durante la visión del vídeo, así como el tiempo en que resultó más difícil mantener el rostro “inexpresivo”. En resumen, sólo la reconsideración cognitiva resultó efectiva para controlar las emociones y redujo la respuesta fisiológica del sujeto, mientras que la represión realmente incrementó los niveles de estrés de las voluntarias.

A pesar de estos resultados, Groos y Goldin señalan que ambas estrategias funcionan bien en determinadas situaciones, mientras que en otras no. Por ejemplo, si alguien está sometido a abusos, no debe utilizar la reconsideración para justificar el comportamiento de la persona que lo daña. Por otro lado, la represión puede ser a menudo crucial para situaciones en las que las emociones realmente deben controlarse.

Las emociones juegan un importante papel en la vida humana, por lo que regularlas resulta esencial tanto para nuestra salud mental como para nuestra salud física. A la inversa, la dificultad para gestionarlas puede suponer el surgimiento de desórdenes mentales y de ansiedad.

Lo que realmente aporta de nuevo esta investigación es comprobar que las emociones no dejan indiferente a la actividad cerebral. Por otro lado, también ha establecido que la represión de las emociones activa la amígdala y la ínsula. Asimismo, que reflexionar sobre las emociones ayuda a reducir el impacto negativo en el cerebro y en el psiquismo.

Por último, los autores de esta investigación destacan que sus conclusiones no pueden generalizarse, ya que hay circunstancias especiales en las que, más que reflexionar sobre lo que nos hace sufrir, es preciso reaccionar, mientras que también hay otras en que la represión de las emociones ayuda a controlar una situación delicada.

lunes, 15 de febrero de 2010

El amor, una droga poderosa y altamente adictiva



Si bien es cierto que para explicar el amor, deben tomarse en cuenta factores culturales y sociales, la neurociencia ha logrado establecer el mecanismo de la "borrachera bioquímica" que causa el enamoramiento. Sin pretender dejar de lado a todas las otras ciencias que explican el amor como una emoción, la neurociencia ha indagado desde hace dos décadas en las correlaciones que existen entre los niveles de algunas sustancias químicas naturales, con sentimientos como el enamoramiento o el desamor.

La gente tiende a enamorarse de alguien que está a su alrededor, alguien próximo, pero especialmente nos enamoramos de personas que nos resultan desconocidas o misteriosas.

La antropóloga e investigadora norteamericana Helen Fisher, lleva más de 30 años estudiando la atracción interpersonal romántica. Hoy en día se le considera la experta más versada en el tema del amor, desde el punto de vista de la neurobiología. "Todo es química, cada vez que producimos un pensamiento, una motivación o una emoción siempre se trata de química", enfatiza Fisher, quien también es profesora de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos).

Con base en sus investigaciones, Fihsher considera que el proceso de enamoramiento se detona de manera distinta en hombres y mujeres. De hecho, las técnicas más avanzadas de neuroimagen han permitido examinar a detalle los cerebros de ambos géneros para establecer las diferencias. "Hombres y mujeres son igualmente apasionados, pero los hombres presentan mayor actividad cerebral en una zona relacionada con los estímulos sexuales visuales. Eso determina que los hombres vean pornografía y las mujeres, en cambio, empleen su tiempo arreglándose para agradar" explica la científica.

En el proceso de enamoramiento, los varones emplean la vista para encontrar pareja, porque desde la parte más primitiva de su cerebro, reciben un llamado para detectar a la mujer que le provea de los hijos más sanos. Las mujeres, en cambio, muestran actividad en tres zonas cerebrales relacionadas con la memoria y la rememoración, no sólo con la capacidad de recordar. "Esto se explica porque durante muchos siglos, las mujeres no podían basarse en la observación constante, sino en la retención de información. Por eso las mujeres recuerdan las promesas de los hombres y esperan que se cumplan. Se trata de un mecanismo de adaptación que las mujeres han poseído durante 4 millones de años para conseguir al hombre adecuado", señala Fisher.

El coctel del amor

Paralelamente, se incrementa la producción de norepinefrina (noradrenalina), que nos hace posible recordar toda clase de detalles ante lo que nos resulta novedoso.

El primer encuentro ocurre y muchas veces de manera completamente inesperada. De entre todas las personas que están a nuestro alrededor, centramos nuestra mirada en una que nos llama particularmente la atención, y en ocasiones sin dejarnos influir por los estándares de belleza o por el estatus. "La gente tiende a enamorarse de alguien que está a su alrededor, alguien próximo, pero especialmente nos enamoramos de personas que nos resultan desconocidas o misteriosas", explica Helen Fisher.

Comenzamos a sentirnos entonces interesados por esa persona especial, pero sin darnos cuenta, en nuestro cerebro se desata una intensa actividad en una región muy específica llamada área ventral tegmental, que es donde se origina la dopamina, el estimulante natural que produce sensaciones de plenitud, euforia y hasta cambios de humor. De repente, esa persona se convierte en el centro de nuestro mundo, y es precisamente porque desde hace millones de años, la dopamina es un estimulante que nos permite focalizar nuestra atención en los estímulos novedosos.

Paralelamente, se incrementa la producción de norepinefrina (noradrenalina), que nos hace posible recordar toda clase de detalles ante lo que nos resulta novedoso. El cerebro libera también otra sustancia en estado de enamoramiento: la feniletilamina. Esta última actúa sobre el sistema límbico y provoca las sensaciones y sentimientos comunes en el enamoramiento. La feniletilamina se puede encontrar en alimentos como el chocolate (¿será por eso que se regalan chocolates en señal de amor?), pero también es cierto que con leves modificaciones químicas, esta sustancia puede transformarse en anfetaminas o antidepresivos.

Por si fuera poco, durante el estado de enamoramiento los niveles de serotonina disminuyen, favoreciendo el pensamiento obsesivo. Esta sofisticada combinación de sustancias naturales está directamente relacionada con el llamado "Sistema de Recompensa del Cerebro", el cual impulsa a los humanos desde tiempos ancestrales a encontrar objetivos y tratar de conseguirlos.

En este caso, el enamorado focaliza toda su atención en la recompensa más grande de su vida: una pareja que transmita su ADN para toda la vida. Si este complejo mecanismo llega a desencadenarse, es muy poco probable que seamos capaces de contrarrestarlo.

De la misma manera que ocurre con todas las drogas, los enervantes del amor hacen que la adición se incremente hasta tornarse prácticamente incontrolable. Este dopaje nos puede conducir frecuentemente a la obsesión, compulsión, distorsión de la realidad, dependencia emocional, dependencia física y cambios de personalidad, que al final nos llevarían a pronuncia aquella peligrosa frase de "no puedo vivir sin ti".

El amor no correspondido

La radical disminución de las sustancias provocará una depresión, pero debemos asumirlo como un mecanismo catártico mediante el cual nuestro cuerpo nos da la oportunidad de comenzar desde cero

Por cierto, todas las adicciones importantes están asociadas con niveles altos de dopamina. Estudios del cerebro han corroborado que las regiones del cerebro que se activan al consumir cocaína, opiáceos y otras drogas, son las mismas que se activan en el cerebro enamorado. Sin embargo, el amor es una poderosa droga adictiva que provoca una feliz dependencia si eres correspondido, o una ansiedad triste, dolorosa y destructiva cuando te toca ser rechazado.

En este último caso, existe siempre un intento final y desesperado por conseguir ese amor imposible, ya que la dopamina es la sustancia asociada con la motivación y la modificación de nuestras conductas para alcanzar un objetivo en concreto, por difícil que este sea. Entonces surge un efecto conocido como "Romeo y Julieta", y ocurre cuando la dopamina aumenta a medida que percibimos mayor adversidad para obtener el amor de la persona que nos rechaza.

Es por esa razón que los "enfermos de amor" reciben la misma clase de tratamiento que los adictos a otras drogas, y se les recomienda simplemente "cortar de tajo". Es decir, evitar los lugares que se solían frecuentar, las canciones que se escuchaban en ese periodo y en general, evitar todo aquello que nos haga desear estar con ese amante egoísta.

Siempre se ha dicho que "del odio al amor hay un paso" y cuando menos químicamente, esto es bastante cierto. Las mismas sustancias que detonan el amor desencadenan el odio. Es sólo un juego de combinaciones químicas donde los límites son muy frágiles. Ese amor que hasta hace pocos días provocaba enorme euforia, se transforma en desprecio y resentimiento, como parte de una reacción neuroquímica de defensa.

Sin embargo, el cuerpo humano está también preparado para enfrentar el desamor, ya que no puede permitirse un desgaste energético tan alto. Así que al final, el amante rechazado se rendirá. Seguramente, la radical disminución de las sustancias provocará una depresión, pero debemos asumirlo como un mecanismo catártico benéfico, mediante el cual nuestro cuerpo nos da la oportunidad de comenzar otra vez, desde cero. (Incluye información del programa "Redes" de Eduardo Punset)

miércoles, 10 de febrero de 2010

La Importancia del Componente Dinámico de las Expresiones Faciales

10 de Febrero de 2010. Foto: MPI für biologische Kybernetik / Christian WallravenLa comunicación es un aspecto fundamental de la vida cotidiana. Este hecho queda bien reflejado por la amplia variedad de maneras en que las personas intercambiamos información, no sólo con palabras, sino también usando el rostro y otras partes del cuerpo. Un equipo de científicos del Instituto Max Planck para la Cibernética Biológica en Tubinga, Alemania, ha comprobado que las expresiones faciales en movimiento, como por ejemplo en una película, las podemos reconocer mucho mejor que en una fotografía estática. La secuencia de video tiene que ser por lo menos de una décima de segundo para que esta ventaja se materialice.


Una expresión facial puede decir mucho. En numerosas culturas, el balanceo vertical de la cabeza significa asentimiento, lo que ante las explicaciones de un interlocutor significa que le entendemos, en tanto que fruncir el ceño puede interpretarse, en el contexto adecuado, como una petición al interlocutor para que vuelva a explicar mejor lo que acaba de decir pues no lo comprendemos.
Los científicos del Instituto Max Planck para la Cibernética Biológica han constatado que podemos clasificar una expresión mucho mejor cuando se mueve de manera natural que cuando está "congelada" en una fotografía. Para adquirir la ventaja de la información dinámica, tenemos que ver la expresión en movimiento durante al menos 100 milésimas de segundo. Si la secuencia de video es más breve, nuestro cerebro es menos capaz de interpretar el movimiento facial. Algunas expresiones dependen de cambios en la orientación de la cabeza, por ejemplo un movimiento vertical o bien horizontal de ésta, en tanto que otras se basan en movimientos complejos que resulta difícil detectar en una imagen estática.

"Las expresiones faciales, de la misma manera que los ademanes y el movimiento corporal, son un fenómeno dinámico y tienen que ser investigadas con ayuda de secuencias de video, con el propósito de conseguir una mejor comprensión de la información dinámica que está siendo procesada", subraya Christian Wallraven, coautor del estudio.

Los resultados de este estudio también son relevantes para el campo de la animación por ordenador, ya que en esta especialidad el objetivo es crear avatares artificiales y animaciones faciales que sean capaces de comunicarse de modo realista.

Información adicional en:



viernes, 15 de enero de 2010

Las Emociones Pueden Reducir o Aumentar el Dolor Físico
15 de Enero de 2010. Foto: U. Montreal¿Le van a poner una inyección y teme sentir el dolor del pinchazo? Unos científicos canadienses han descubierto que concentrarse en una imagen bonita puede aliviar el pinchazo de esa vacuna. Según un nuevo estudio de la Universidad de Montreal, las emociones positivas y las negativas tienen una influencia directa sobre el dolor.
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“El estado de ánimo puede modificar la manera en la que reaccionamos al dolor, porque están muy relacionados el uno con el otro”, señala Mathieu Roy, autor principal del estudio. “Nuestros experimentos han revelado cuándo el dolor es percibido por nuestro cerebro, y cómo ese dolor puede ser amplificado cuando se combina con emociones negativas”.

Como parte del estudio, 13 sujetos fueron reclutados para dejarse aplicar descargas eléctricas pequeñas, pero aún así dolorosas, las cuales causaban reacciones con movimientos súbitos e involuntarios de la rodilla, que pudieron ser medidos. Durante el proceso, a los sujetos se les mostró una sucesión de imágenes agradables (por ejemplo, la práctica de esquí acuático en el verano), desagradables (por ejemplo, un oso salvaje y agresivo) o neutrales (por ejemplo, un libro). La reacción del cerebro fue medida simultáneamente en los participantes a través de resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI).
Las lecturas de la fMRI permitieron a los científicos separar la actividad cerebral relacionada con las emociones, de las reacciones relacionadas con el dolor. Los investigadores encontraron que ver fotografías desagradables propiciaba un dolor más fuerte en los sujetos que sufrían las descargas eléctricas que el mirar imágenes agradables.

El descubrimiento aporta evidencias científicas de que el dolor está también gobernado por el estado de ánimo.

El estudio se desarrolló sobre la base de investigaciones previas llevadas a cabo por el Dr. Roy. En ellas se mostró cómo una música que le resulte agradable a la persona puede disminuir los dolores de ésta.

Información adicional en:

lunes, 24 de agosto de 2009

Adictos a google

  • El neurotrasmisor llamado dopamina es el que hace que seamos adictos a la búsqueda
  • Nuestros cerebros están hechos para que sea más fácil estimularlos que satisfacerlos

Búsquedas. No puedes parar de hacerlas. A veces uno siente como si las necesidades básicas de comer y dormir o el deseo sexual hubieran quedado invalidados por una necesidad nueva de gadgets de información electrónica. Nuestra curiosidad es tan insaciable que recabamos información incluso aunque nos pueda traer problemas. Buscamos información que ni siquiera nos interesa.

Algunos no pueden vivir sin internet.

En el fondo somos como esas míticas ratas de laboratorio que presionaban una palanca sin parar para procurarse una descarga eléctrica en el cerebro. Mientras tecleamos en nuestros motores de búsqueda, parece que estamos estimulando el mismo sistema cerebral que los científicos descubrieron por casualidad hace más de 50 años al explorar cráneos de rata.

En 1954, el psicólogo James Olds y su equipo estaban estudiando el proceso de aprendizaje de las ratas en un laboratorio de la Universidad Internacional McGill de Quebec (Canadá). Adherían un electrodo al cerebro de las ratas y, cuando la rata se dirigía a un rincón determinado de su jaula, le proporcionaban una pequeña descarga eléctrica y observaban su reacción. Un día insertaron sin saberlo la sonda en el lugar equivocado y cuando Old sometía a la rata a sus pruebas, ésta volvía una y otra vez al rincón donde había recibido la descarga. Acabó descubriendo que si la sonda se colocaba en el área hipotalámica lateral del cerebro y se permitía a las ratas presionar una palanca y estimular sus propios electrodos, presionarían hasta sufrir un colapso.

Olds, y todos los demás, dieron por sentado que había descubierto el centro cerebral del placer (algunos científicos aún lo creen). Experimentos posteriores practicados en humanos confirmaron que las personas descuidarían casi todo —su higiene personal, sus obligaciones familiares— con tal de seguir alcanzando esa euforia.

Pero para el neurólogo Jaak Panksepp, de la Washington State University, este supuesto placer no parecía serlo tanto. Esas ratas que se estimulaban a sí mismas, y más tarde esos humanos, no mostraban la misma satisfacción eufórica que criaturas comiendo galletas rellenas Oreo o que las que disfrutaban de repetidos orgasmos. Los animales, escribe en 'Affective Neuroscience: The Foundations of Human and Animal Emotions' ('Neurociencia afectiva: los fundamentos de las emociones humanas y animales'), estaban "excesivamente excitados, incluso enloquecidos". Las ratas no paraban de olfatear y rebuscar. Algunas personas relataron que sintieron excitación sexual pero que no llegaron a experimentar el orgasmo. Los mamíferos a los que estimulaban el área hipotalámica lateral parecían estar atrapados en un círculo vicioso "donde cada estímulo provocaba una estrategia de búsqueda vigorizante", escribe Panksepp, (y no se estaba refiriendo a Bing —el buscador de Microsoft—).

La excitación se llamaba búsqueda

Es un estado emocional al que Panksepp tuvo que dar muchas vueltas para poder denominarlo: curiosidad, interés, búsqueda, anticipación, ansia, expectación. Finalmente, se decidió por 'búsqueda'. El neurólogo ha pasado décadas trazando el mapa de los sistemas emocionales del cerebro que considera que comparten todos los mamíferos, y sostiene que "la búsqueda es el abuelo de todos los sistemas". Es el motor motivacional del mamífero que cada día nos saca de la cama, o la guarida, o del agujero, y nos adentra en el mundo. Por eso, como escribe el biólogo Temple Grandin en 'Animals Make Us Human' ('Los animales nos hacen humanos'), hay experimentos que demuestran que los animales en cautividad preferirían tener que buscar su comida a que se la dieran.

Para los seres humanos, este deseo de búsqueda no va solo de satisfacer necesidades físicas. Panksepp dice que los humanos pueden alcanzar la misma excitación con recompensas abstractas que con las tangibles. Asegura que cuando nos asalta una intensa sensación de placer o excitación relacionada con el mundo de las ideas, con establecer conexiones intelectuales, con descubrir significado, son los circuitos de búsqueda los que se están disparando.

El elixir que alimenta el sistema de búsqueda es un neurotransmisor llamado dopamina. Los circuitos de dopamina "promueven estados de anhelo e intencionalidad orientada", escribe Panksepp. Es un estado que a los seres humanos les encanta. Nos hace sentirnos tan bien que buscamos actividades o sustancias que mantengan este sistema despierto —la cocaína y las anfetaminas, drogas estimulantes por excelencia, lo avivan de forma especialmente eficaz—.

Se cree que nuestro sistema dopaminérgico controla nuestra impresión del tiempo. Las personas con trastornos de hiperactividad tienen carencia de dopamina y un estudio reciente sugiere que ése puede ser el origen del problema. A los hiperactivos, incluso períodos cortos de tiempo se les hacen eternos. Un artículo del año pasado en The Atlantic titulado '¿Nos estará volviendo idiotas Google?', Nicholas Carr especula sobre la idea de que nuestra forma de navegar por internet está remodelando nuestros procesos mentales hasta hacer que sea casi imposible para nosotros prestar atención a un texto largo de forma prolongada. A la manera de las ratas de laboratorio, no dejamos de pulsar la tecla 'Intro' para conseguir nuestro próximo 'chute'..

El profesor de psicología de la universidad de Michigan Kent Berridge ha dedicado más de dos décadas a tratar de entender cómo el cerebro experimenta placer. Él, como Panksepp, también ha llegado a la conclusión de que lo que las ratas de James Olds estaban estimulando no era su centro cerebral de recompensa. En una serie de experimentos, él y otros investigadores han sido capaces de determinar que los cerebros de los mamíferos disponen de sistemas separados para lo que Berridge denomina "querer algo" y "que algo guste".

Querer y gustar, cosas diferentes

'Querer algo' es el equivalente en Berridge del sistema de búsqueda de Panksepp. El sistema que rige lo que nos gusta es lo que Berridge considera el centro del mecanismo cerebral de recompensa. Cuando experimentamos placer, es nuestro propio sistema opioide, más que nuestro sistema dopaminérgico, el que está siendo estimulado. De ahí que los opiáceos induzcan una especie de gozoso estupor tan distinto del efecto estimulante de la cocaína y las anfetaminas. Querer algo y que algo guste son complementarios. El primero favorece y acelera que pasemos a la acción; el segundo nos lleva a una pausa satisfactoria. La búsqueda ha de detenerse, aunque sólo sea durante unos momentos, para que el sistema no entre en un círculo vicioso sin fin. Cuando conseguimos el objeto de nuestro deseo (ya sea un bollo Twinkie o una pareja sexual), nos entregamos a actos consumistas que Panksepp asegura que reducen la excitación cerebral y, al menos, de forma pasajera, inhiben las ganas imperiosas de buscar.

Pero nuestros cerebros están hechos para que sea más fácil estimularlos que satisfacerlos. "El cerebro parece ser más mezquino con los mecanismos de placer que con los de deseo", ha llegado a afirmar Berridge. Esto tiene sentido desde el punto de vista evolutivo. Las criaturas con falta motivación, que encuentran fácil caer en un éxtasis inconsciente, es probable que vivan poco tiempo (y acaso sean felices). Así que la naturaleza nos imbuyó de un insaciable afán de descubrir, de explorar. El neurólogo de la universidad de Stanford Brian Knutson ha estado poniendo a individuos ante escáneres de imágenes por resonancia magnética y observando sus cerebros mientras se entretienen jugando a invertir de forma ficticia. Su experimento ha arrojado resultados constantes y coherentes de que las imágenes en nuestro cráneo muestran que la posibilidad de obtener beneficios es mucho más estimulante que conseguirlos realmente.

La posibilidad de obtener beneficios es mucho más estimulante que conseguirlos realmente

Experimentos con animales muestran cuán potente (y distinto) es querer algo comparado con que algo guste. Berridge escribe que hay estudios que ponen de manifiesto que las ratas cuyas neuronas productoras de dopamina han sido destruidas conservan la capacidad de andar, mascar y tragar pero morirán de hambre aunque tengan comida delante de las narices porque han perdido la voluntad de obtenerla. En cambio, Berridge descubrió que las ratas con una mutación que inunda sus cerebros de dopamina aprendían a conseguir su comida antes que las ratas normales. Pero, una vez la habían obtenido, no encontraban la comida más placentera que las otras ratas.

viernes, 21 de agosto de 2009

Localizando el miedo







El miedo es una emoción poderosa, y los neurocientíficos han localizado, por primera vez, las neuronas responsables del condicionamiento del miedo (el mecanismo por el que se aprende a temer a un estímulo particular) en el cerebro de los mamíferos. El condicionamiento del miedo es una forma de aprendizaje asociativo y está considerado como un sistema modelo para el estudio de las fobias humanas, el estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad.

Usando una técnica que les permitió seguir en imágenes el proceso de activación neuronal en cerebros de ratas, la psicóloga Ilene Bernstein, de la Universidad de Washington, y su equipo, han identificado el núcleo basolateral en la región del cerebro llamada amígdala, como el lugar donde es codificado el condicionamiento del miedo.

Los neurocientíficos ya sospechaban antes que tanto la amígdala como el hipocampo dorsal son los lugares donde los detalles se asocian cuando los recuerdos del miedo son formados. Pero el nuevo trabajo indica que el papel del hipocampo es procesar la información sobre los estímulos condicionados y transmitirla a la amígdala.

El condicionamiento asociativo es una forma básica de aprendizaje en todo el reino animal, y es empleado con regularidad al estudiar cómo pueden cambiar los circuitos cerebrales como consecuencia de la experiencia.

En una investigación anterior, los neurocientíficos de la citada universidad estudiaron la aversión al sabor, otro comportamiento de aprendizaje asociativo, y descubrieron que las neuronas críticas para el proceso que determina cómo las personas y los animales aprenden de la experiencia, están ubicadas en la amígdala.

El nuevo trabajo fue diseñado para buscar dónde la información sobre los estímulos condicionados y no condicionados converge en el cerebro, cuando se constituyen los recuerdos del miedo.

Tanto el aprendizaje del miedo como el aprendizaje de la aversión al sabor son ejemplos de aprendizaje asociativo en el que dos experiencias ocurren juntas. A menudo esta clase de aprendizaje se realiza con mucha rapidez porque las cuestiones sobre las que trata suelen ser críticas para la supervivencia; evitar lugares peligrosos o alimentos tóxicos es fundamental para no acabar falleciendo prematuramente.

A menudo las fobias se activan en quienes las padecen a partir de detalles que evocan el recuerdo de algo malo que les sucedió, como por ejemplo, ser picados por una araña o atracados en un callejón oscuro. De ese modo, un trastorno de ansiedad se acaba desarrollando en tales personas.

Logrando un conocimiento más profundo sobre el proceso del condicionamiento del miedo, los psicólogos podrían aprender a tratar los trastornos de ansiedad desde un enfoque basado en debilitar o anular ese condicionamiento.

Scitech News

lunes, 17 de agosto de 2009

Diez misterios del ser humano


LONDRES (New Scientist).? Pertenecemos a una especie notablemente extravagante. A pesar de todos nuestros esfuerzos, algunas de nuestras más extrañas flaquezas todavía resultan inexplicables. Pero a medida que la ciencia investiga más profundamente estas excentricidades ?como, por ejemplo, ruborizarse, soñar o ser supersticioso?, se vuelve más claro que conductas y atributos que parecen frívolos suelen responder al núcleo central de lo que nos define como seres humanos.

Ruborizarse. ¿Por qué los humanos desarrollan una respuesta como ésta, que nos pone en desventaja social, al obligarnos a revelar que hemos engañado o hemos mentido? Una posibilidad es que el rubor fuera, en un principio, una manera de demostrarles a los miembros dominantes del grupo que nos subordinábamos a su autoridad.

Tal vez, más tarde, cuando nuestras interacciones sociales se hicieron cada vez más complejas, este fenómeno empezó a asociarse con emociones más elevadas de autocensura, como la culpa, la vergüenza y la incomodidad. Esto parecería poner en desventaja a los individuos, pero el hecho de ruborizarse, en realidad, vuelve a una persona más atractiva o socialmente deseable.

Tras advertir que las mujeres se sonrojan más que los hombres, el neurocientífico V. S. Ramachandran, de la Universidad de California, en San Diego, Estados Unidos, sugiere que el sonrojo puede haberse desarrollado como una manera de que las mujeres demuestren su sinceridad a los hombres y puedan así conseguir su ayuda para la crianza de la prole.

"El sonrojo te dice que no puedo serte infiel. Si me preguntas si soy infiel, no puedo mentirte? el sonrojo me delata", razona Ramachandran.

La risa. "¿Tiene una gomita?" No, no es una broma, pero fue suficiente para hacer reír a una persona en un centro comercial. Es uno de los más de 2000 casos de risa natural registrados por el psicólogo Robert Provine, de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, durante los diez años que insumió su estudio.

El hallazgo más notable de esa investigación: la risa es producida con mayor frecuencia por comentarios banales que por chistes divertidos.

Provine cree que la risa empezó en nuestros ancestros prehumanos como una respuesta psicológica a las cosquillas. Los simios modernos aún conservan su risa ancestral (pant-pant) cuando se les hace cosquillas en medio de un juego, y esa risa evolucionó hasta convertirse en el ja ja de los humanos. Más tarde, argumenta Provine, cuando nuestros cerebros se hicieron más grandes, la risa adquirió una poderosa función social: crear lazos entre las personas.

De hecho, Robin Dunbar, de la Universidad de Oxford, Inglaterra, ha descubierto que la risa aumenta el nivel de endorfinas, el opiáceo natural de nuestro cuerpo que, según se cree, contribuye a fortalecer las relaciones sociales.

El vello púbico. Mientras que la mayoría de los primates tienen alrededor de los genitales vello más fino que el del resto de su cuerpo, los humanos adultos lucen una mata de vello púbico impresionantemente grueso. Robin Weiss, de la Universidad de Londres, Inglaterra, señaló que el vello púbico se hizo más grueso que el del resto de nuestros cuerpos en algún momento de nuestra evolución.

No existe una explicación aceptable, pero se han sugerido muchas potenciales ventajas. Tal vez la más popular sea que como el vello más grueso se concentra en regiones en las que tenemos glándulas sudoríparas apócrinas (odoríferas) así como exócrinas (de enfriamiento), podría servir para difundir olores que indican la madurez sexual. También puede funcionar como signo visual de adultez.

Una espesa mata de vello no sólo protege los genitales durante el acto sexual y en otros momentos ?reduciendo el roce al caminar, por ejemplo?, sino que también contribuye a mantener nuestras zonas más sensibles cálidas, preservándolas de las corrientes de aire frío.

La adolescencia. Ninguna otra especie tiene adolescentes. ¿Por qué entonces los humanos se pasan alrededor de una década de sufrimiento ocultos bajo sus capuchas? David Bainbridge, de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, dice que hay dos pistas importantes. La primera es el momento en que surgió la adolescencia.

La evidencia de crecimiento en los huesos y dientes de los hominidos fosilizados indica que la adolescencia emergió en un período entre los 800 y 300 mil años atrás. Esto, señala, antecede en "un período fascinantemente breve" al gran salto de tamaño del cerebro humano, cuando el cerebro de nuestros antepasados experimentó su última gran expansión hasta alcanzar su tamaño actual.

La segunda pista procede de la neurobiología y el estudio por imágenes del cerebro, que revelan que durante la adolescencia se produce una reorganización general del cerebro.

Para Bainbridge, la adolescencia no es tanto el período en que se concreta la madurez sexual sino aquel en el que se desarrolla una mente capaz de negociar el paisaje psicológico y social que diferencia tanto la vida humana de la del resto de los animales.

"Sin adolescencia nunca nos hubiéramos convertido en humanos plenos", afirma Bainbridge.

Los sueños. Para empezar, los sueños son esenciales para procesar las emociones. "Los sueños modulan las emociones, las mantienen dentro de cierto rango", dice Patrick McNamara, de la Universidad de Boston, Estados Unidos. Nuevas investigaciones han descubierto que dormir consolida los recuerdos emocionales, y que cuanto mayor sea la cantidad de movimientos oculares rápidos (REM, según sus siglas en inglés), mayor será el procesado de esa clase de recuerdos.

Una idea es que los sueños REM nos permiten revivir poderosos recuerdos emocionales, pero sin el torrente de hormonas desencadenado por el estrés que acompañó a la experiencia original.

El nivel REM del sueño también ayuda a otras clases de memoria y contribuye a la resolución de problemas. Las personas son más capaces de recordar listas de palabras relacionadas y las conexiones que existen entre ellas después de una noche de sueño que después del mismo período de vigilia durante el día.

El altruismo. Algunos actos de aparente altruismo suelen ser con frecuencia tan sólo reciprocidad: si tú me rascas la espalda, yo rascaré la tuya. Todo esto tiene sentido en el plano evolutivo, dado que invertir tiempo y energía ayudando a alguien sin ninguna reciprocidad nos pone en clara desventaja en el plano de la supervivencia.

El único problema es que en los últimos años se han acumulado pruebas de que las personas a veces actúan por genuino altruismo. En situaciones de juego experimental, muchas personas aceptan compartir dinero con un desconocido a pesar de que no serán retribuidas de ninguna manera.

Según Robert Trivers, de la Universidad Rutgers, Estados Unidos, el altruismo puro es un error. Argumenta que la selección natural favoreció a los humanos que eran altruistas porque en los grupos pequeños y estrechamente unidos en los que vivían nuestros antecesores, los altruistas podían esperar reciprocidad. Sin embargo, en nuestro mundo globalizado, donde muchas veces interactuamos con personas que no conocemos y que tal vez nunca volvamos a ver, nuestras tendencias altruistas no tienen sentido, porque difícilmente serán correspondidas por un gesto de reciprocidad.

El arte. Explicar el peculiar impulso humano de crear obras de arte en términos de supervivencia evolutiva es un verdadero desafío. Darwin sugirió que el arte se origina en la selección sexual, y Geofrey Miller, de la Universidad de Nuevo México en Albuquerque, Estados Unidos, ha acordado con esa idea. Cree que el arte es como la cola del pavo real? un costoso despliegue de privilegio evolutivo.

Los estudios de Miller revelan que tanto la inteligencia general como el rasgo de personalidad de permanecer abierto a nuevas experiencias son correlativos con la creatividad artística. También descubrió que cuando las mujeres se encuentran en el período mensual de mayor fertilidad, prefieren a los hombres creativos antes que a los hombres ricos.

"Podría haberse originado para cumplir con alguna otra función -agrega Miller-, y más tarde adquirió la función sexual."

Los psicólogos evolutivos creen que el impulso de expresar nuestras experiencias estéticas podría haber aparecido para inducirnos a aprender cosas sobre diferentes aspectos del mundo? aquellos para los que nuestro cerebro no estaba congénitamente equipado para aprehender.

En una vena similar, Brian Boyd, de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, cree que el arte es una forma de juego intelectual que nos permite explorar nuevos horizontes en un entorno seguro.

La superstición. A Barak Obama le gusta jugar al básquet en la mañana de un día de elecciones. Tiger Woods usa siempre una remera roja si compite en un día sábado. Casi todos tenemos nuestras propias supersticiones, aun cuando sabemos racionalmente que no pueden funcionar. Sin embargo, la superstición no es algo completamente descabellado.

Nuestros cerebros están diseñados para detectar la estructura y el orden en nuestro entorno, dice Bruce Hood, de la Universidad de Bristol, Inglaterra. También somos deterministas causales: suponemos que los acontecimientos son resultados de acontecimientos anteriores. Esta combinación de captar pautas y de inferir causas nos deja expuestos a las creencias supersticiosas.

"Pero existen muy buenas razones que justifican que hayamos desarrollado esa capacidad", agrega Hoods. Identificar y responder a algunas inciertas relaciones de causa y efecto puede ser una habilidad crucial para la supervivencia. Nuestros ancestros no habrían durado mucho si hubieran supuesto que una ondulación de la maleza era provocada por el viento, cuando existía siquiera una pequeña posibilidad de que se tratara de un león.

Y vale cometer errores y actuar en falso para esclarecer estas relaciones. Kevin Foster, de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, empleó modelos matemáticos para demostrar que siempre que el costo de una superstición es menor que el costo de pasar por alto una verdadera asociación de vida o muerte, la evolución favorecerá la existencia de las creencias supersticiosas.

lunes, 3 de agosto de 2009

La gestión de las emociones

La gestión de las emociones

Por la redacción de smartplanet

"Nos han enseñado a ser muy lógicos, pero no hay una sola decisión supuestamente razonable que no esté ligada a una emoción." De esta manera, el divulgador científico Eduard Punset resume en su blog las conclusiones de un número cada vez mayor de científicos que investigan sobre las emociones.


En los últimos años, los avances científicos en neurociencia han permitido una comprensión sin precedentes de los mecanismos emocionales y de su importancia vital en el desarrollo de la personalidad. Las nuevas tecnologías -por ejemplo, las técnicas de resonancia magnética funcional- han permitido medir los procesos emocionales. Así, se pudo aplicar el método científico por primera vez para la comprensión de las emociones.

Por ello, muchos científicos abocados a este tema están elaborando ideas que tienen consecuencias muy importantes para el funcionamiento de la sociedad.
Gran parte de sus conclusiones apuntan a la necesidad de una educación centrada en desarrollar competencias emocionales y sociales desde la infancia. A continuación, diversos científicos y pensadores dan su visión sobre tema. "El objetivo de una buena educación es organizar nuestras emociones.

Es imprescindible que los líderes políticos y educativos comprendan lo importante que son los recientes conocimientos sobre las emociones, para trasladarlos a la formulación de políticas educativas."


Antonio Damasio, neurólogo



Antonio Damasio es profesor de la cátedra David Dornsife de Neurociencia, Neurología y Psicología en la Universidad de Southern California, donde dirige el nuevo Instituto del Cerebro y la Creatividad.

Ha recibido numerosos premios –muchos de ellos compartidos con su esposa, Hannah Damasio, también neuróloga y neurocientífica–, de los cuales el más reciente es el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica (2005). Es autor de libros muy aclamados como La sensación de lo que ocurre, El error de Descartes o En busca de Spinoza: neurología de la emoción y los sentimientos.


Para profundizar:

· Lee la entrevista que Eduard Punset le realizó a Damasio en el programa REDES sobre "Educación emocional".

viernes, 24 de julio de 2009

El Estado de Animo Influye en el Funcionamiento de la Corteza Visual del Cerebro

24 de Julio de 2009.

Foto: U. TorontoUn estudio de la Universidad de Toronto proporciona la primera evidencia directa de que nuestro estado de ánimo literalmente cambia la forma en que el sistema visual cerebral filtra nuestra experiencia perceptual. Esto sugiere que ver el mundo "a través de un cristal de color rosa" es más una realidad biológica que una metáfora.

"Los estados de ánimo buenos y malos literalmente cambian la forma en que nuestra corteza visual opera y el cómo vemos", subraya Adam Anderson, profesor de psicología de la Universidad de Toronto.

El equipo utilizó resonancia magnética funcional para examinar cómo nuestra corteza visual procesa la información sensorial bajo estados de ánimo buenos, malos y neutros.

Los investigadores primero mostraron a los sujetos una serie de imágenes diseñadas para provocar un estado de ánimo bueno, malo o neutral.

A los sujetos se les mostró después una imagen compuesta, que exhibía una cara en el centro rodeada por imágenes de "lugar", por ejemplo casas. Para hacer que fijasen su atención en la imagen central, se pidió a los sujetos que identificaran el género de la persona cuyo rostro se mostraba.


Cuando tenían un estado de ánimo malo, los sujetos no procesaban las imágenes de lugares en el fondo circundante. Sin embargo, cuando veían las mismas imágenes teniendo un estado de ánimo bueno, captaban más información de lo necesario: veían la imagen central del rostro y las imágenes circundantes de casas.

"Las personas pueden procesar una mayor cantidad de objetos en su entorno cuando tienen estados de ánimo positivos. Parece una ventaja, pero el fenómeno también puede conducir a la distracción", explica Taylor Schmitz, del equipo de investigación.

Los estados de ánimo buenos incrementan el tamaño literal de la ventana a través de la cual vemos el mundo. Lo bueno de esto es que podemos ver las cosas desde una perspectiva más global e integradora. Lo malo es que puede distraernos mientras realizamos tareas críticas que requieren de concentración, tales como manejar maquinaria peligrosa u observar el equipaje de los pasajeros en un aeropuerto.

Los estados de ánimo malos, por otro lado, pueden mantenernos más concentrados en un objetivo, evitando que integremos información ajena al objeto de interés de nuestros procesos mentales.

Información adicional en:

lunes, 20 de julio de 2009

La música, un gran provocador de estados emocionales

José Luis Díaz Gómez, especialista en las bases biológicas y cerebrales de la mente y comportamiento imparte magna conferencia

Aunque no se sabe a ciencia cierta por qué y cómo la música provoca en el escucha intensos efectos emocionales, no se puede negar que existe una correlación innegable que incluso puede remontarse hasta los orígenes del lenguaje en el hombre.

Esta fue una de las reflexiones compartidas por el médico José Luis Díaz Gómez, experto en el tema de las bases biológicas y cerebrales de la mente y el comportamiento. Un hombre que ha invertido muchos años de investigación apoyado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Lo mismo se ha especializado en la neuroquímica y la psicofarmacología, que en el problema del cuerpo, la conciencia, la ciencia cognitiva y la epistemología.

Neurobiología de la emoción musical. Un problema de Neuroestética fue el título de la conferencia magistral que el especialista ofreció en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes, donde se está llevando a cabo el Encuentro Internacional Arte y Ciencias 2009.

Para quien es investigador de tiempo completo de la máxima casa de estudios es fundamental detectar cinco aspectos que permiten comprender el término de música y sus efectos: los físicos (vibración, resonancia), fisiológicos (audición, representación cerebral), conductuales (ejecución, digitación), mentales (percepción, cognición, emoción), y representación cerebral.

Una vez teniendo claros estos conceptos se puede entrar al gran debate de por qué hacemos y escuchamos música. Para comenzar, consideró oportuno mencionar algunas teorías referentes el tema, como la del filósofo Arthur Schopenhauer (1788-1860), quien sugiere que las emociones constituyen la semántica de la música y que la música encarna la emoción.

Otra idea relevante ha sido la de la filósofa Susanne Langer (1953) quien argumentó a favor de la semántica emocional de la música. Entre otras cosas decía que la música es la formulación y representación de emociones, estados de ánimo, tensiones y resoluciones mentales.

Una opinión más reciente, la de Diana Raffman (1993) asegura que tenemos emociones musicales debido a que la música genera representaciones de gramática, pero tales emociones no son el contenido de la música, pues la representación no es denotativa sino connotativa.

Aproximaciones significativas

Díaz Gómez, quien es autor de libros como Psicología y conducta. Rutas de una indagación y La conciencia viviente, comenta que hasta el momento no existe un sistema o una técnica que revele con suficiente fidelidad los procesos y estados emocionales provocados por la música, pero hay experimentos que han contribuido a fortalecer la idea de la emoción musical como problema científico.

“No se sabe por qué y cómo la música provoca en el escucha intensos efectos emocionales en ausencia de contenidos, pero hay una hipótesis que señala que debe existir una correspondencia entre las estructuras espaciotemporales de la música, la expresión conductual el procesamiento espacio temporal de la información en el sistema mente/cerebro”.

Desde su punto de vista, el entendimiento de la emoción musical depende del desarrollo de métodos adecuados para registrar y analizar la emoción musical. Lo anterior no significa que desmerite los esfuerzos que se han hecho desde el pasado para descifrar este fenómeno tan complejo.

Varios son los experimentos que se han realizado en torno a este tema, tanto en nuestro país como a nivel internacional. Díaz Gómez compartió algunos muy significativos.

Uno de ellos es el propuesto por Kate Hevner (1936), quien reunió a un grupo de personas para que escucharan una serie de composiciones diversas. Después de oírlas tenían que ser descritas por una serie de adjetivos que describen estados emocionales, desde los más positivos hasta los más negativos.

Algunas de las emociones más tradicionales en este tipo de experimentos están divididas en agradables y desagradables. En las primeras se encuentran el vigor, la satisfacción, la altivez, la tranquilidad, el placer, la sorpresa, el alivio, el deseo, el amor, la calma, el valor, la alegría, el entusiasmo, el vigor, la diversión y la certeza.

En las desagradables sobresalen el odio, la ira, la tristeza, la apatía, la frustración, el miedo, el dolor, la aversión, el aburrimiento, la tensión, la duda, el odio, la humillación, la frustración y el agotamiento.

Otros estudios han mostrado que los modos musicales mayores y los tiempos rápidos producen emociones de alegría, en tanto los modos menores y tiempos lentos producen tristeza. Sin embargo, son datos que pueden variar, ya que el impacto emocional de la música depende de la modulación, el ritmo, la armonía, la melodía y de las variaciones en la historia de la escucha, explica el especialista.

Algunas de las hipótesis que han surgido de este tipo de investigaciones –apunta el neurobiólogo-, son que la música constituye un tipo de lenguaje acústico que se ha diferenciado evolutiva y culturalmente para la expresión y comunicación de estados emocionales.

La ponencia terminó con una reflexión final de Díaz Gómez: “Seguramente los hombres primitivos posiblemente comenzaron a encontrar una forma de comunicación en donde el gesto conductual, la voz y el contenido semántico empezaron a empatarse para lograr comunicar cosas. Es decir, el lenguaje y la música nacieron juntos y siguen juntos”.