Introducción

Este blog es una herramienta orientada para todo tipo de profesionales de la educación, la psicología y la salud que trabajen con trastornos cognitivos de base orgánica y pretende convertirse en de base orgánica en una herramienta de consulta permanente.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El miedo es un placer

Los científicos argumentan la afición al terror: activa la parte del cerebro que se enciende con la satisfacción

La particular versión de Homer Simpson del cuadro de Munch ´El grito´.


Está siendo un puente de lo más ´terrorífico´. A pesar de que la Iglesia Católica ha condenado la actual pujanza de la fiesta de Halloween en nuestro país, por su naturaleza "pagana" y de "celebración de la muerte", lo cierto es que cada vez más se apuntan al carro de la celebración: se ha convertido en un reclamo hostelero, en el argumento que esgrimen los niños para no acostarse pronto aunque sea por una noche, en la excusa para un programa doble de películas de terror en las parrillas de las cadenas de televisión... Precisamente, dicen los obispos españoles, Hollywood ha sido el principal difusor de Halloween entre nuestras fronteras. Y es que no muchos pueden resistirse a pasar miedo delante de una pantalla. Pero, ¿por qué, siendo el miedo una sensación desagradable?
Los científicos lo tienen cada vez más claro: la zona del cerebro que se activa cuando vemos una película de terror es la misma que se enciende con una experiencia placentera. En este sentido, un grupo de investigadores de la Universidad de California y de Florida ha concluido que los sentimientos relacionados con el miedo son captados por el área cerebral encargada de procesar las emociones primarias –la responsable, por ejemplo, de alertarnos del peligro– pero también la información llega hasta la corteza prefrontal, que procesa los pensamientos más sofisticados y complejos y la que nos lleva a evaluar la alerta y, en el caso de una película de terror, a zanjar la cuestión con el clásico "Es sólo cine". En suma, el placer de contemplar una cinta tipo ´Saw´, ´Viernes 13´, ´Pesadilla en Elm Street´ y derivados es el de tener miedo sabiendo que saldremos ilesos.
Aunque también está el instinto humanísimo pero casi perdido –gracias a un proceso de civilización cada vez más aguzado– de explorar el límite de nuestras posibilidades y capacidades, el atractivo de subirnos a una noria o de hacer puenting. Asimismo, para algunos especialistas la experiencia de sentarse a sufrir mientras una jovencita escapa de un alocado portador de una sierra mecánica puede ser hasta educativa. Óscar Vilarroya, neurocientífico de la Universidad Autónoma de Barcelona, comentó en un reciente Festival de Sitges –certamen dedicado por entero al celuloide bizarro, fantástico y de horror–: "Tras quemarnos aprendemos a temer el fuego. Cuando vemos una película terrorífica activamos los circuitos cerebrales de aprendizaje pero sabiendo que no vamos a sufrir".
La cuestión no es en absoluto nueva. Tras el pavoroso crack del 29, EEUU vivió la primera era dorada del cine de terror, con los inicios de las franquicias de Drácula, Frankenstein y derivados gracias a los Estudios Universal. Entonces, algunos psicólogos se hicieron la misma pregunta: "¿Por qué nos gustan las películas de terror?". Llegaron a diversas teorías pero la más plausible relaciona la crisis de la época con el deseo de evasión a través de temores más pavorosos que la propia realidad.
Asumiendo, por tanto, que siempre sentiremos terror –y disfrutaremos con él–, afirman los expertos cinematográficos que se puede conocer a la sociedad de una época a través de sus miedos. Saquen sus propias conclusiones al ponerse delante de una cinta de horror: cuando vean una película japonesa tipo ´The Ring´ (o su remake estadounidense), fíjense en por qué sus protagonistas son siempre seres solitarios o miembros de familias desestructuradas en grandes urbes; pregúntense si, en plena época de noticias sobre menores violentos, es coincidencia que en el último año al menos tres películas –´Joshua´, ´La huérfana´ y ´The children´– tengan como villanos a varios púberes calculadores y sin escrúpulos; noten cómo en unos tiempos cada vez más laicos el protagonismo de Satán y demonios haya decaído hasta su práctica extinción fílmica, o cuántos ejemplos recientes hay, en esta sociedad de la depresión psicológica y la automedicación, de filmes sobre la paranoia y el aislamiento... El terror nos satisface pero también nos retrata.

Las películas más terroríficas

La prestigiosa web totalscifionline.com ha publicado este año su ránking de las películas más terroríficas de la historia. La triunfadora, ´El resplandor´, "un estudio sin precedentes acerca del aislamiento, la locura y la paranoia", según los expertos de la página. ´Alien´, ´La semilla del diablo´, ´La noche de los muertos vivientes´, ´Psicosis´, ´Tiburón´, ´Halloween´ y ´La matanza de Texas´ completan el podio.

Los directores españoles, en boga

Jaume Collet Serra (´La huérfana´), los Pastor (´Infectados´), J.A. Bayona (´El orfanato´), Fresnadillo (´28 semanas después´)... Son algunos directores españoles que han hecho fortuna con los gritos, pero en inglés. "Al revés que el mercado anglosajón, en España no tenemos tradición de historias de fantasmas. Tenemos que inventar nuestras propias formas de discutir el tabú", dice Bayona.

Vampiros, la moda que no cesa

No hablamos de terror necesariamente cuando hablamos de vampiros, pero los chupasangres son la moda catódico-cinematográfica del momento: la saga ´Crepúsculo´ (vertiente romántica: ´Romeo y Julieta´ con colmillos), la serie ´True Blood´... Hasta la cadena chilena TVN va a estrenar una teleserie vampírica en horario nocturno y Antena 3 prepara su propia ´tv movie´ ´vampiguay´.

El espectáculo de la sangre y el sadismo

La clasificación X de ´Saw VI´ (más información en la página siguiente) y la aceptación del ´gore´ (violencia gráfica, explícita) como un elemento ´mainstream´ más (hasta en la popular serie ´C.S.I.´ hay dosis leves) prueban que en la actualidad el terror es, sobre todo, algo físico. ¿Tendrá que ver con lo preponderante del ´look´, del culto al cuerpo y la despreocupación por lo ultraterreno?

La teoria microgenética de la conciencia



A pesar de la importancia de la teoría de la conciencia que contribuyó a diseñar el neurólogo Jason W. Brown este sigue siendo más conocido sobre sus estudios sobre la afasia que por su “teoria microgenética” de la conciencia que es una teoria unificada que reune al lenguaje, la percepción, el movimiento, los sentimientos, la conciencia del tiempo y la naturaleza del Yo.

En suma, una teoria completa si resultara ser cierta y de enorme trascendencia práctica porque describe una unidad cuántica de conciencia en relación con las ondas de energia (ondas cerebrales) que transcurren de forma ascendente por el sistema nervioso desde el tálamo, lugar donde Brown ubica el marcapasos cerebral hasta la corteza recorriendo el cerebro de abajo-arriba tal y como realizó la propia evolución.

Tres etapas que pueden ser descritas a grandes rasgos desde el antiguo cerebro reptiliano, el sistema paleomamifero o limbico y la corteza neomamifera.

Ondascerebrales

Cada unidad de conciencia dura alrededor de una décima de segundo o lo que dura una onda cerebral (una décima de segundo equivaldria a un ritmo alfa de 10 ciclos por segundo), la onda se inicia en el tálamo que hace el papel de reloj y desde alli se esparce en forma ascendente hacia las estructuras más jóvenes, alcanzando la corteza donde se juntan las percepciones y el movimiento dando lugar al momento consciente. La onda se expande tambien hacia el exterior por el sistema perineuronal (glia) alcanzando todos los tejidos inervados del cuerpo.

Lo importante es entender que desde el punto de vista neurofisiológico sólo podemos hablar de un momento consciente y no de conciencia que en cualquier caso seria la forma en que nuestro cerebro rellena los tiempos muertos entre momento y momento.

Sólo podemos hablar pues de instantes. De una sucesión de instantes.

El tronco cerebral (cerebro reptiliano) contiene un mapa espacial de todo el cuerpo y su relación con el entorno. Brown describe el tronco como un lugar sin imágenes, con voluntad propia, dirección, intuición, arquetipos, subconsciente, intencional y lugar de reacciones defensivas groseras vinculadas a la supervivencia. El siguiente nivel, el sistema límbico consiste en un espacio de imágenes, sueños y alucinaciones donde los objetos se seleccionan sobre la base del recuerdo.En la corteza cerebral y más concretamente en la visual los rasgos y posiciones de los objetos en el mundo están ya discriminados. La representación de los objetos se forma en relación con el sistema musculoesquelético.

En la parte superior del microgenio el “momento consciente” está escrito en un “pizarrón mágico” en la superficie de la corteza, la imagen gradualmente se desvanece de arriba a abajo a medida que una nueva onda llega para tomar su lugar, el continuo reemplazo del pizarrón ocurre tan suave y rápidamente que la conciencia y el tiempo parecen fluir de un instante al otro.

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En un post anterior donde hablé precisamente de la naturaleza del tiempo me ocupé de la paradoja de que mientras el tiempo parece que fluya desde el pasado hacia el futuro el espacio no le acompaña. Este fenómeno señala que existe una ilusión, un truco biológico diseñado seguramente por la evolución para dar a nuestra experiencia una continuidad fílmica que no tendríamos si solo percibieramos fotografias o flashes de la realidad. Sabemos, sin embargo, que tiempo y espacio son la misma cosa y que el tiempo no puede fluir sin arrastrar tras de sí al espacio.
Es curioso que la palabra reloj en francés sea horlogue que procede de dos raices, Logos y Horas. Significa que lo que entendemos como tiempo no es sino una combinación de la palabra (logos) e instantes de conciencia. Sin duda es nuestra corteza cerebral la que cose esa discontinuidad entre instantes y les pone nombre (tiempo).

Lo importante es saber que es el tálamo -nuestro marcapasos cerebral- el que decide en cada momento en cuantas partes didivirá el segundo virtual a fin de que quepan mas trozos. Usualmente lo hace en situaciones de riesgo para la supervivencia: si usted ha tenido alguna de esas experiencias cercanas a la muerte o simplemente ha sido atropellado, ha tenido un accidente de tráfico o ha visto peligrar su vida seguramente tendrá la experiencia de enlentecimiento del tiempo: la escena parece transcurrir como a cámara lenta, la razón de esta lentitud es precisamente un hecho contrario, nuestro tálamo ha acelerado la descarga de ondas precisamente -de instantes- para dar más tiempo a a reaccionar. Lo que percibimos como enlentecimiento a nivel consciente es en realidad una aceleración talamocortical, un ritmo beta (ver el gráfico).

Lo que cambia la vida (como en el caso de un atropello) puede producirse en una fracción de segundo, y estos momentos microgenéticos pueden enfermarnos y también curarnos. Lo interesante de la formulación de Brown es que supone que la energia sanadora o traumática se relaciona con ese momento microgenético asociado a una sola onda cerebral. Es sorprendente como a veces reconocemos en la clinica que el trauma de un evento se coloca en su lugar instantáneamente en una fracción de segundo antes de que nuestra conciencia pueda anotarlo. Años más tarde nuestros sistemas regulatorios siguen examinando esa energía contenida en estado sólido, retenida y somática en cada arrastre de ciclos cerebrales. Es sorprendente que el trauma almacenado pueda resolverse con la misma rapidez con que se instaló en su lugar y de hecho se sospecha que la mayor parte de nuestros traumas se resuelven solos no a través de la narrativa o la catarsis -que sólo iluminan sin resolver el patrón- sino a través del simple arrastre de ondas cerebrales.

Para Brown la razón de esa instalación preverbal o pre-onda del trauma se debe a que entre onda y onda existe un espacio de tiempo donde las ondas corren libremente fuera del control talámico. Para comprender mejor esta idea piense usted en su respiración, hágala consciente. Se dará cuenta de que entre la inspiración y la espiración existe un tiempo muerto. En las ondas cerebrales o del corazón sucede este mismo fenómeno. Lo que Brown aporta es que es precisamente en este momento de “reposo” cuando nuestros ritmos electromagnéticos son más vulnerablesa la hora de sintonizarse o de hacerse coherentes con otros estimulos electromagneticos del ambiente. Algunos autores como Beck han señalado que en estos momentos de libre circulacion nuestras ondas cerebrales se sincronizaban en frecuencia con las ondas geoeléctricas de la tierra, la resonancia Schumann: picos de frecuencia elecromagnética baja (ELF) que coincidirían con esos momentos de reposo o libre circulación.

De resultar acertada esta hipótesis significaria que la sintonización podria ser un nuevo paradigma médico para la restitución de heridas fisicas y emocionales. Lo cierto es que esta sintonización siempre se da en estas fases de baja frecuencia (ELF) que Brown identificó como “libre movimiento”, entre pulsación y pulsación o entre polarización y despolarización y nueva repolarización de las membranas neuronales que en cualquier caso es una especie de recorrido de prueba de los canales de reparación.

Pero para entender como funciona este mecanismo supuesto de reparación es necesario entender el concepto de matriz viviente (del que ya hablé en este post y en éste) o como se le llama en otros entornos sistema perineural: se trata de un sistema de comunicación de corriente directa que llega a todo tejido inervado donde se establece una corriente de lesiones que controla la reparación del daño. Históricamente el potencial de lesión se descubrió antes que el potencial de acción neuronal (Davson 1970). La corriente de lesiones se genera en el lugar de la herida y continua hasta que la reparación del daño se termina. La corriente se encarga de alertar al resto del cuerpo en cuanto al alcance y ubicación de la lesión y de atraer a su vez fibroblastos, glóbulos blancos y celulas móviles de la piel y que tienen como propósito cerrar la herida. A medida que el tejido va sanando la corriente de la lesión cambia y realimenta la información sobre el progreso de la reparación en los tejidos circundantes. La trasmisión de esta corriente no es iónica como sucede en las neuronas sino que la matrix se comporta como semiconductora y es sensible a los campos magnéticos (efecto Hall)

En conclusión: la teoria microgenética de Brown ofrece un buen modelo para entender las relaciones entre la conciencia, el cerebro y el cuerpo puesto que postula que las oscilaciones del campo de corriente -las ondas cerebrales- que conocemos bien por el EEG no estan confinadas en el cerebro sino que se propagan a través del sistema circulatorio (que es un buen conductor por su contenido en agua y sal) y a través de los nervios periféricos seguidos del sistema perineuronal el cual alcanza a través de la matrix a todo el cuerpo. Lo que explica las razones por las que un impacto emocional tiene repercusiones somáticas y viceversa porque una herida o trauma fisico puede tener repercursiones mentales a largo plazo. Las heridas emocionales se comportarían como una cápsula de alta energia retenida y podrian descargarse a través del sistema nervioso central aprovechando la coherencia del flujo de electricidad entre un número elvado de neuronas paralelas a la porcion piramidal de la corteza somatosensorial que está orientada verticalmente.

Si es cierto que las impresiones traumáticas se instalan en nuestro cuerpo en ese periodo refractario de los pulsos electromagnéticos, un poco antes de que sean reconocidos cognitivamente podemos empezar a intuir que quizá las terapias verbales que tratan de minimizar el impacto del trauma no están bien orientadas y que deben existir mecanismos para disolver estas bolsas de energia de otra forma mas barata y ágil.

La idea de que el trauma se instala gracias a un estado modificado de conciencia previo al trauma mismo es bastante antigua y procede tanto del mesmerismo como de la hipnosis, Moreau de Tours habló de desdoblamiento, Janet de disociación, Breuer de estado hipnoide, Freud de fantasia sexual previa pero todos habían establecido que la potencia del trauma -descontando los estados extremos- no se debia al trauma mismo sino a un estado de conciencia fuere el que fuere que predisponía a la memoria traumática y a los efectos devastadores del trauma mismo.Quiza las terapias del futuro estén mas orientadas hacia la “hora”(la sintonizacion de frecuencias ELF) y menos frente al Logos. Se trataria de aprovechar y de aprender más sobre esos periodos de latencia entre onda y onda para volver a sincronizar el ritmo perdido y aprovechar el efecto arrastre de las pulsaciones fisiologicas para “limpiar” a fondo nuestro organismo.

Bibliografia:

James L. Oschman (2008): La medicina enérgetica: la base cientifica.

Brown, J. W. (1977) : Mind, brain and conciousness:the neuropsychology of cognition.

Beck, R (1986) Mood modificaition with ELF magnetic fields: a preliminary exploration.

domingo, 1 de noviembre de 2009

HUELLA INDELEBLE DE IDIOMAS APRENDIDOS EN LA INFANCIA Y LUEGO OLVIDADOS

Muchos de nosotros aprendemos un idioma extranjero cuando somos jóvenes, pero en algunos casos, la exposición a ese idioma es breve y nunca conseguimos oírlo o practicarlo posteriormente. Nuestra impresión subjetiva es a menudo que un idioma abandonado y olvidado se desvanece por completo de nuestra memoria. ¿Pero realmente se aplica eso de "úselo o piérdalo" a los idiomas extranjeros? Aunque parezca que no recordamos nada en absoluto de un idioma abandonado y olvidado, una nueva investigación sugiere que este idioma "olvidado" puede estar más profundamente grabado en nuestra mente de lo que creemos.

Los psicólogos Jeffrey Bowers, Sven L. Mattys, y Suzanne Gage de la Universidad de Bristol, reclutaron a voluntarios cuya lengua nativa era el inglés, pero que habían aprendido hindi o zulú cuando eran niños y vivían en el extranjero. Los investigadores se concentraron en el hindi y el zulú porque estos idiomas contienen ciertos fonemas que son difíciles de reconocer para las personas cuyo idioma nativo es el inglés. Un fonema es el sonido más pequeño de un idioma; un grupo de fonemas forma una palabra.

Los científicos pidieron a los voluntarios que cumplimentaran un test de vocabulario general para comprobar si esas personas recordaban alguna palabra del idioma abandonado. Entonces entrenaron a los participantes para distinguir entre pares de fonemas que comenzaban palabras del hindi o el zulú.

Lo que sucedió fue que, incluso cuando los voluntarios mostraban no recordar el segundo idioma en la prueba de vocabulario, eran capaces de aprender de nuevo y con rapidez los fonemas pronunciados en el idioma abandonado, así como identificarlos correctamente.

El hallazgo sugiere que exponer a los niños a idiomas extranjeros, incluso cuando no sigan practicándolos, puede tener un efecto positivo duradero sobre la percepción del habla de tales idiomas. Incluso si es olvidado el idioma (o al menos pueda parecerlo), después de muchos años de desuso, los vestigios de la temprana exposición a ese idioma pueden manifestarse como una mejor capacidad para aprenderlo de nuevo.

Scitech News


El color del Universo

Beige / The 2dF Galaxy Redshift Survey

Beige, café manchado, castaño claro, marfil, amarillo tirando a marrón, color carne… Como ampliamente explican en El Sofista, éste sería el color medio del universo si se mezclaran todos los colores de los cielos. Es el resultado de promediar el color de unas 200.000 galaxias examinadas en el proyecto The 2dF Galaxy Redshift Survey.

Además del Ser Humano, Algunos Otros Animales También Poseen Metacognición
30 de Octubre de 2009. Foto: U. BuffaloEl psicólogo J. David Smith de la Universidad de Buffalo, quien ha llevado a cabo estudios extensos sobre la cognición animal, explica que existen cada vez más evidencias de que algunos animales presentan paralelismos funcionales con la metacognición consciente humana, es decir, que poseen la misma habilidad humana de reflexionar sobre sus estados mentales, monitorizarlos o regularlos. Entre estas especies están los delfines y los monos macacos.

Smith ha llegado a esta conclusión después de analizar los resultados de diversos estudios previos, y cree que ya hay evidencias suficientes como para afirmar sin lugar a dudas que algunos animales poseen la citada habilidad, que incluye lo que suele denominarse como "autoconsciencia".

Smith se remite a los resultados de un experimento con un delfín llamado Natua. Cuando no estaba seguro, el delfín claramente dudaba ante las dos posibles respuestas, pero cuando estaba seguro, nadaba hacia su elección de inmediato y a gran velocidad.

Por el contrario, en varios estudios realizados con palomas, éstas no han mostrado tener capacidad metacognitiva alguna. Además, diversos estudios recientes realizados con monos capuchinos han demostrado que estos apenas tienen dicha capacidad.

Estos últimos resultados plantean interrogantes importantes sobre el surgimiento de una mente reflexiva o extendida en el orden de los primates.

Esta nueva área de investigación abre una ventana hacia la capacidad de reflexionar en los animales, lo que podría ayudar a esclarecer el surgimiento filogenético de la misma y permitir a los científicos rastrear los antecedentes de la consciencia humana.

Smith, profesor del Centro de Ciencias Cognitivas y del departamento de psicología en la Universidad de Buffalo, es conocido por sus investigaciones y publicaciones en el campo de la cognición animal.

Tanto él como sus colegas fueron los pioneros en el estudio de la metacognición en los animales no humanos, y han hecho algunos de los descubrimientos más importantes en esta área, incluyendo muchos realizados durante experimentos en los que participaron monos entrenados para utilizar joysticks y efectuar así tareas con un ordenador.

Información adicional en:

Además del Ser Humano, Algunos Otros Animales También Poseen Metacognición
30 de Octubre de 2009. Foto: U. BuffaloEl psicólogo J. David Smith de la Universidad de Buffalo, quien ha llevado a cabo estudios extensos sobre la cognición animal, explica que existen cada vez más evidencias de que algunos animales presentan paralelismos funcionales con la metacognición consciente humana, es decir, que poseen la misma habilidad humana de reflexionar sobre sus estados mentales, monitorizarlos o regularlos. Entre estas especies están los delfines y los monos macacos.

Smith ha llegado a esta conclusión después de analizar los resultados de diversos estudios previos, y cree que ya hay evidencias suficientes como para afirmar sin lugar a dudas que algunos animales poseen la citada habilidad, que incluye lo que suele denominarse como "autoconsciencia".

Smith se remite a los resultados de un experimento con un delfín llamado Natua. Cuando no estaba seguro, el delfín claramente dudaba ante las dos posibles respuestas, pero cuando estaba seguro, nadaba hacia su elección de inmediato y a gran velocidad.

Por el contrario, en varios estudios realizados con palomas, éstas no han mostrado tener capacidad metacognitiva alguna. Además, diversos estudios recientes realizados con monos capuchinos han demostrado que estos apenas tienen dicha capacidad.

Estos últimos resultados plantean interrogantes importantes sobre el surgimiento de una mente reflexiva o extendida en el orden de los primates.

Esta nueva área de investigación abre una ventana hacia la capacidad de reflexionar en los animales, lo que podría ayudar a esclarecer el surgimiento filogenético de la misma y permitir a los científicos rastrear los antecedentes de la consciencia humana.

Smith, profesor del Centro de Ciencias Cognitivas y del departamento de psicología en la Universidad de Buffalo, es conocido por sus investigaciones y publicaciones en el campo de la cognición animal.

Tanto él como sus colegas fueron los pioneros en el estudio de la metacognición en los animales no humanos, y han hecho algunos de los descubrimientos más importantes en esta área, incluyendo muchos realizados durante experimentos en los que participaron monos entrenados para utilizar joysticks y efectuar así tareas con un ordenador.

Información adicional en:

lunes, 26 de octubre de 2009

Identificadas las áreas del cerebro relacionadas con la experiencia religiosa

Su hallazgo revela que la evolución influyó en la emergencia de la espiritualidad humana

Un equipo de científicos estadounidense ha logrado identificar una serie de áreas del cerebro vinculadas a diferentes actitudes religiosas. La investigación, que fue realizada con un total de 40 personas, reveló que realmente existe un sustrato neurológico subyacente a las diversas formas de afrontar la religiosidad, pero también que dicho sustrato no es exclusivo de la espiritualidad humana, sino que está compartido con otras habilidades cognitivas propias de nuestra especie. Por eso, los científicos señalan que las creencias religiosas surgieron como una extensión natural de avances evolutivos desarrollados en otros ámbitos: en el de la cognición social y en el del comportamiento. Por Yaiza Martínez.


Una relación íntima y positiva con Dios estaría relacionada con un mayor volumen del gyrus temporal medio. Fuente: PLOSONE.
Científicos del National Institute on Aging (NIA), de Estados Unidos, han identificado algunos de los mecanismos cognitivos y de los circuitos neuronales del cerebro que parecen relacionarse entre sí durante las experiencias religiosas.

La búsqueda de la explicación neuronal subyacente a los comportamientos y creencias propias de la religiosidad, un atributo que sólo se da en nuestra especie, ha despertado el interés de numerosos especialistas en los últimos años.

La neurociencia ha intentado, en las últimas décadas, comprender y explicar las experiencias religiosas y espirituales, aportando nuevas perspectivas. A medida que se ha ido avanzando en el desarrollo de técnicas de escaneo cerebral muy sofisticadas, el secreto parece estar cada vez más cerca de ser desvelado.

Áreas y arquitectura

La última investigación de la que hemos tenido noticia ha sido la realizada por el científico del NIA, Dimitrios Kapogiannis, y sus colaboradores.

Estos investigadores usaron una técnica de registro de imágenes de la actividad neuronal conocida como exploración de resonancia magnética funcional (fMRI) para localizar y analizar las áreas del cerebro humano que se activan al pensar en Dios y en la religión.

Los resultados obtenidos a partir de estas mediciones revelaron que componentes específicos de las creencias religiosas serían procesados por redes cerebrales ya conocidas por la neurología.

En concreto, las pruebas empíricas demostraron que la emergencia del fenómeno religioso en el ser humano se produce a partir de ciertos cambios en la capacidad neuronal de habilidades cognitivas como el lenguaje o el razonamiento lógico, entre otros procesos evolutivamente significativos.

En lo que respecta a la “arquitectura” del cerebro, según informa la revista Ars Technica los científicos descubrieron que diferencias en los volúmenes de las regiones corticales estaban relacionadas con algunos de los aspectos clave de la religiosidad.

Relación con la actividad neuronal

Concretamente, Kapogianis y sus colaboradores elaboraron en primer lugar un marco psicológico sobre las diversas percepciones que los participantes tenían de Dios, con el fin de explorar la neuroanatomía subyacente a estas creencias.

Estas percepciones fueron definidas a partir de tres preguntas, según explica Kapogianis en una entrevista: ¿está Dios implicado en mi vida o no?, ¿me parece un Dios amoroso o, por el contrario, amenazante y furioso? y, ¿en qué baso mis experiencias religiosas, en la imaginación, en circunstancias específicas o en conceptos abstractos (doctrinas)?

Utilizando la fMRI, los científicos asociaron las respuestas sobre las actitudes y creencias religiosas de los participantes con áreas de actividad neuronal del cerebro, descubriendo que dichas áreas habían sido relacionadas con anterioridad con capacidades cognitivas como la recuperación de memoria, la recreación de imágenes, las emociones o la semántica abstracta.

Un ejemplo: un sujeto que afirme estar sintiendo una conexión con Dios presentará niveles más altos de actividad dentro de una región cerebral denominada gyrus frontal medio derecho. Sobre esta área ya se sabía que está relacionada con las emociones positivas.

Cuatro actitudes

En una segunda parte del estudio, Kapogianis y su equipo hicieron una encuesta al mismo grupo de participantes sobre sus comportamientos religiosos, su educación, y otros aspectos particulares de su modo de ver el mundo o cosmovisión.

Mientras que en la primera investigación se intentaba establecer la actividad neuronal asociada a las experiencias religiosas, en esta segunda parte el objetivo era determinar si pequeñas variaciones en el volumen de la materia gris del cerebro se relacionaban con diversas facetas de la religiosidad de las personas estudiadas.

A partir de la encuesta realizada, se identificaron cuatro percepciones o actitudes distintas con respecto a la religiosidad: experimentar una relación íntima con Dios y el compromiso con un comportamiento religioso; tener una educación religiosa; dudar de la existencia de Dios; y sentir miedo de la ira de Dios.

Confrontando estas vivencias de la religiosidad con los resultados de las pruebas sobre la estructura del cerebro realizadas con la fMRI, se reveló que existía una relación entre ellas y el volumen del cerebro.

Estructura, volumen y religión

Los investigadores descubrieron, así, que tanto las creencias religiosas como las prácticas religiosas parecían estar relacionadas con redes neuronales implicadas en el procesamiento cognitivo social.

La fortaleza de estas redes variaba en cada individuo, reflejando el nivel subjetivo de religiosidad de cada uno de ellos. Dicha fortaleza parecía fluctuar con el tiempo, como respuesta a estímulos cambiantes.

Por otro lado, se descubrió que un sentido intenso de intimidad con Dios estaba relacionado con un incremento del volumen cortical del gyrus temporal medio derecho, que se sabe juega un papel clave en el mantenimiento de las relaciones íntimas.

Asimismo, los científicos encontraron una pronunciada relación entre el volumen cortical del precuneo izquierdo (área relacionada con la empatía, las respuestas emocionales y también con la regulación de las jerarquías sociales ) y el miedo a la ira de Dios (cuanto más pequeño era el volumen del precuneo izquierdo, más miedo tenían los individuos a Dios).

La religiosidad en la evolución

La suma de todos los resultados obtenidos sugiere que las creencias religiosas surgirían como una extensión natural de avances evolutivos desarrollados en la cognición social y el comportamiento.

Así, con el paso del tiempo, los mismos cambios en el volumen del cerebro que permitieron al ser humano demostrar empatía hacia otros individuos podrían haber posibilitado también la aparición del sentimiento de relación íntima con entidades sobrenaturales, y la emergencia de las religiones.

Las investigaciones fueron llevadas a cabo con cuarenta personas de sociedades y religiones occidentales, por lo que Kapogiannis señala que en adelante deberían ser estudiados individuos de otras culturas, como la asiática o las sociedades tribales, para determinar si se usan siempre las mismas áreas del cerebro para las experiencias religiosas, independientemente de cuáles sean éstas.

Los científicos explicaron sus hallazgos en un artículo aparecido en PlosOne de acceso libre.